Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Raúl Castro, 26 de Julio

Lamentable discurso del General/Presidente

La señal más importante para los funcionarios y para ámbito internacional, es que la dirección política del país, imita el movimiento del cangrejo

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Con su proverbial falta de liderazgo y su pragmatismo revestido de la fuerza bruta, nuestro General/Presidente, nos regala un discurso el pasado 26 de Julio, que bien podría haberse pronunciado treinta años antes, en ocasión de alguno de los más de 15 huracanes que han azotado la Isla en su último medio siglo.

Un homenaje al “mito fundacional”, tomado con pinzas y que no le dice nada al 80 % de la población cubana, una referencia al último huracán, con promesas que no se cumplen y un recordatorio a todos los presentes de que la unidad, descansa en la fuerza militar del ejército. Ni el más mínimo atisbo de democracia, porque lo más importante es conservar el poder intacto, no perdón, me confundí, la “unidad nacional”.

Adam Przeworski nos recuerda una reacción de los burócratas autoritarios ante la incertidumbre de la democratización que se aplica al caso cubano “La única lección que extraen de sus fracasos del pasado, es que se precisa cierto grado de represión adicional hasta que las cosas se encaminen. Para ellos, racionalidad y democracia son mutuamente excluyentes”[1]. También señala que la democratización significa para estos burócratas una derrota ideológica, psicológica y política: aborrecen la incertidumbre que no les permite comandar el mundo desde su propia racionalidad y a voluntad. De ahí, desde esta mentalidad, el Presidente proyecta en su discurso, el futuro de la ciudad de Santiago: “una ciudad cada vez más bella, higiénica, ordenada y disciplinada”. Una mirada tan militar como su propio cargo.

Nuestro General/Presidente, nos ha regalado un discurso para turistas. Para todos los turistas en tanto visitan un país detenido en el tiempo, un país museo con ofertas inusuales que mezclan el yate Granma remozado, con mojitos, placeres y sexo —que no se permiten en sus países de origen— y que es en lo que se ha convertido la “excepcionalidad” cubana. Nosotros los cubanos nos comprendemos de otra manera, pero eso no cuenta para la mirada del turista común ni se incluye entre las preocupaciones del Presidente.

También es un discurso para los turistas amigos del gobierno cubano que como ha sido tradicional, respaldan al gobierno y hacen loas inmerecidas a sus líderes históricos, pero se olvidan del pueblo cubano que es sólo un buen telón de fondo o peor, lo hacen responsable de las experiencias caudillistas después de 1959. Una izquierda que no pierde la oportunidad para seguir llenándose de lodo ante los ojos de los ciudadanos cubanos.

Ya en estos próximos días tendremos los nuevos chistes populares sobre el Chong Chon Gang que el Presidente “olvidó” mencionar, o el contrasentido de la portada del Granma con una foto del consejo de ancianos bajo el título “Esta sigue siendo una Revolución de jóvenes como lo fuimos el 26 de julio de 1953”, y que debo confesar, me arrancó una carcajada mañanera.

Bajo este discurso inmovilista, los execrables “actos de repudio” no cesan. La violencia física y verbal continúa en el mejor espíritu de las dictaduras latinoamericanas. La misma violencia y el mismo silencio sobre su accionar. Paralelo al acto homenaje, varias casas de disidentes fueron asaltadas y sus dueños detenidos en la zona oriental del país. Dos realidades simultáneas y paralelas en el mismo territorio y sobre el cual se pretende guardar el mayor silencio, que es el cómplice de la impunidad.

Desde su proliferación en los años 80, este detestable recurso represivo del Estado se ha incorporado a la cultura política cubana. Digo que se ha incorporado porque faltan demasiadas voces nacionales decentes para que el detestable método sea desterrado definitivamente de las prácticas políticas cubanas. La violencia del Estado contra sus ciudadanos, que las envejecidas neuronas del presidente octogenario cubano no logran conectar con las indisciplinas sociales, con la pérdida de valores, con los salarios miserables y la ausencia de derechos cívicos y políticos, no aparece en las reflexiones de sus responsables. Es imposible que un cerebro octogenario logre discernir su propia obra en el descalabro nacional. Uno comprende que a esa edad, debería tener el pudor de retirarse, y pasar a entretener a los bisnietos cosa en la cual, seguro, sí obtendría algunos resultados.

El relevo, al que alude el Presidente en su discurso está igualmente desacreditado: ha sido seleccionado por el Consejo de Ancianos, y no sometido a votación popular, domesticado, repetitivo y falto de iniciativa personal para que nada se mueva hasta 2018. La erosión de la figura de Díaz-Canel, ya está en marcha. Por la tendencia observada hasta ahora, parece que “la actualización” se encamina como cambio fundamental, a reconocer cada vez más el descalabro nacional y a colocar “parches remendones” pero no soluciones a los problemas más graves acumulados en los últimos 23 años.

Yo agregaría al análisis de Adam Przeworski, que los burócratas autoritarios, necesitan un poco más de represión hasta que las cosas se encaminen de acuerdo a sus gustos y mientras, en un tiempo que imaginan inmortal, conservan sobre todo el cinismo de pretender que sus intervenciones públicas tienen algo de credibilidad.

El Maestro Galileo, me diría: pero se mueve y yo le respondería: en efecto, la dirección política cubana, insiste en imitar el movimiento del cangrejo.



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