Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Las medidas agresivas de Trump: ¿perjudican o benefician a Cuba?

Aunque a partir de las quirúrgicas reformas lideradas por el expresidente Raúl Castro a partir de 2009, la economía y la sociedad cubana se han liberalizado, mucho queda por hacer dentro de Cuba

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La respuesta evidente sería “perjudican”, pero la respuesta final en gran medida depende del Estado cubano.

El presidente estadounidense Donald Trump endurece periódicamente el embargo comercial y financiero, lo que obviamente perjudica la economía de la isla. Pero no es la única causa ni tal vez sea tan principal como aseguró en un reciente tuit el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, cuando aseguró que “El bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo de todo nuestro potencial económico. Afecta negativamente el día a día de todos los cubanos”.

Es verdad que afecta negativamente día a día a todos los cubanos, pero sería sano acabar de proclamar de una vez por todas —si es preciso a bombo y platillo— que dichas penurias son también consecuencia de errores y dislates económicos del Estado cubano cometidos a lo largo de los mismos 60 años que casi dura ya el bloqueo. Como cuando se quiso en los años setenta llegar al comunismo aboliendo por decreto la etapa socialista. La moneda ya no sería necesaria gracias al voluntarismo político. ¿Quién se acuerda? Y algunos se siguen cometiendo. Aunque a partir de las quirúrgicas reformas lideradas por el expresidente Raúl Castro a partir de 2009, la economía y la sociedad cubana se han liberalizado y tomado un curso más acorde con el mundo actual, mucho queda por hacer dentro de Cuba. Sin mirar tan constantemente y despavoridos hacia el Norte. Porque si se toma como fundamento ideológico que el embargo comercial norteamericano es la única causa y mortal para el progreso de la economía cubana, habría que admitir entonces que Cuba no puede vivir sin Estados Unidos o los intereses de sus gobernantes, que es más o menos lo mismo. Una especie de plattismo[1] a lo revolucionario.

Pero tampoco con el “Norte revuelto y brutal”[2].

Cuando Raúl Castro y Barack Obama reinauguraron las relaciones diplomáticas en 2015 y el deshielo empezó a chorrear, desde sectores oficiosos cubanos se animaba la versión de que “el imperialismo se nos quería colar por la cocina”. Y que con el fin del embargo (iba a ganar Hillary Clinton) lo que querría el imperialismo era darle un “abrazo mortal” a Cuba.

Y es en esa misma actitud bipolar respecto a la vecindad con Estados Unidos y en esa condición parapléjica ante el poder paralizante del embargo sobre Cuba, que residen tanto la excusa para las barbaridades económicas nacionales, como una perniciosa mentalidad: que la solución de los asuntos económicos de Cuba se resuelve principalmente a partir de factores extranjeros. Es por eso entendible que la idiosincrasia de la clase política cubana se sienta tan intimidada y determinada por lo que se decide en Washington. Porque en el fondo, y eso se sabe, el problema es que Cuba carece de una sólida economía nacional.

Y tal vez eso nos lleve a la pregunta inicial. A la realidad cubana le hace falta realismo económico. Se entiende que, dentro de su interés ideológico y político, el Estado socialista busque mantener “relaciones de producción” que no conduzcan al capitalismo salvaje. Pero también, detrás de la defensa de las “conquistas del socialismo”, pervive una burocracia político económica que no quisiera perder sus prebendas en la cadena de mando y proceso productivo.

Cuba vivió económicamente dependiente de la URSS durante 30 años y por eso, cuando cayó el comunismo, sufrió el “periodo especial” de los 90. Después reflotó su economía dependiendo de Venezuela. Y cuando Obama, ya se abría una puerta para nuevos “mangos bajitos” con el turismo, las películas de Hollywood, los modelitos de Chanel desfilando por el Prado, todos los artistas americanos y sus sicofantes fumándose un puro en el Parque Central de la ciudad. En junio de 2016, Cuba declaraba ante el mundo que los daños causados por el embargo ascendían a más de 753 mil millones de dólares. Estados Unidos le debía dinero.

Ahora Trump aprieta y el Estado cubano debe evitar a toda costa un nuevo “periodo especial”. Fue precisamente cuando el periodo especial de los 90 que Fidel Castro abrió la economía a las fuerzas productivas nacionales, aunque discretamente y después, por la bendita-perjudicial ayuda venezolana, las cerró. Hay indicios de que el Estado cubano camina esta vez decididamente por el fortalecimiento y eficiencia de las fuerzas productivas nacionales: más las estatales que las privadas. Es imperativo producir en un país endeudado y descapitalizado que importa $2.000 millones en alimentos al año que pueden producirse en Cuba. La realidad cubana necesita realismo económico. Si el Estado cubano mira honestamente hacia adentro forzado por las medidas agresivas de Trump y borra las herencias soviéticas de su economía, las medidas agresivas de Trump serán definitivamente beneficiosas para Cuba. Pero no sólo en el ámbito económico también en el histórico. Porque el Estado cubano tendría entonces la palabra y el poder, no Donald Trump. Ni el imperio.


[1] Plattismo, proveniente de la Enmienda Platt, que en 1902 convirtió a Cuba en un país dependiente de Estados Unidos. Término despectivo utilizado para denunciar a los cubanos que añoran la dependencia de Estados Unidos.

[2] José Martí. 1895. Carta a Manuel Mercado.


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