Actualizado: 15/07/2019 10:30
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EEUU, Sanciones, Exilio

Las sanciones de Trumpoloco y Cia

A los presionados, tarde o temprano, se les hará evidente el abismo que media entre ellos y los que quieren colocarlos entre el hambre y la represión

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¿A quién sanciona el gobierno de Estados Unidos, con el apoyo de un amplísimo sector de la oposición interna y del exilio? No a los príncipes de sangre real de la familia Castro, o a los duquesitos, marquesitos y condecitos que ha dejado tras de sí el castrismo; tampoco a los Díaz-Canel, al señor Mujal de la CTK, a Susely, a los Torres Cuevas, los Eusebio Leal o Miguel Barnet, y ni tan siquiera a los tenienticos de la infame Seguridad del Estado, que reciben, o “resuelven”, lo necesario para vivir bien en medio de la miseria general del país. Sancionan por el contrario a los muchos muertos de hambre que raramente comemos carne o tomamos leche, a los que cogemos guagua y no tenemos qué regalarle al médico para que nos atienda medianamente, a los que desayunábamos solo café, a los que no salimos de una cola en la farmacia para correr a otra en el mercado, o en el correo, o en la antesala de un consultorio…

La idea, en fin, es presionarnos a los de abajo para que explotemos y tumbemos a los de arriba.

No obstante, la idea tiene sus inconsecuencias: Aparte de algunos patológicos tipos rosca izquierda como lo reconozco soy, a los seres humanos no les gusta en general que se los manipule, y mucho menos que se los presione. Por ello cuando usted ejerce una determinada presión sobre un determinado colectivo humano, este tiende a actuar, pero no en la dirección en que el que ejerce la presión desearía.

A los presionados, tarde o temprano, se les hará evidente el abismo que media entre ellos y quienes quieren ponerlos entre el hambre y la represión castrista, como para si no llevarles abiertamente la contraria a quienes desean usarlos, por lo menos no seguir precisamente la ruta por la cual quieren conducirlos. Algo así descubrieron los Aliados con sus bombardeos salvajes sobre las ciudades de Alemania (crímenes de guerra evidentes), o los nazis con su salvaje represión en el Frente Oriental: más que debilitar la resistencia de los alemanes, o soviéticos de fila, la presión reafirmo su decisión de vencer o morir… y los agrupó firmemente alrededor del totalitarismo respectivo. Nada agrupa más a la manada que las presiones, sobre todo las de la más elemental sobrevivencia.

Porque, en definitiva, la idea de los que se fueron de manipular a los que se quedaron incluye implícitamente el que los intereses de los presionados no coinciden con los de los que promueven las presiones: que los segundo, en definitiva, no tenemos mucho que ver con los primeros…

Los muchos que desde la oposición y el exilio apoyan o promueven las sanciones, deberían detenerse a pensar en esto: a muchos cubanos de la Isla la presión los llevará a mirar con la misma mala opinión que al régimen cubano, que lo ha dejado en la inopia, a quienes intentan manipular su hambre: como los de arriba. Uno de esos tuiteros cubanos que han dicho más en los últimos meses que muchos “héroes de la oposición al sangriento régimen”, lo dejaba claro hace unos días, al referirse a ciertos jóvenes del jet set disidente emigrado, “que después que se pusieron a buen recaudo allá afuera, ahora quieren obligarlo a uno, que no se ha podido ir, a inmolarse por su causa”.

Lo cual es grave, porque significa que debido a ciertas acciones de cierta oposición la democracia no se siente para muchos cubanos como “su causa”, sino la de una banda de pícaros que no se bajan del avión, o de su marcha por las carreteras del yuma, o que no dejan de tuitear en apoyo a las sanciones de Trumpoloco… bien lejos del alcance de la Seguridad del Estado. Con lo que se refuerzan aun más las ancestrales tendencias caudillistas y en general anti democráticas de amplios sectores de la cubanidad.

Y no es de culparlos. Nada bueno podemos esperar los de abajo de una democracia que empieza con tan malos augurios, en que nuestros intereses parecen importarle un comino a los de arriba: Esa gente bien, de pieles claras y perfumadas, a los que solemos ver pasar en sus refrigerados “turs”, sin los signos que deja en nuestras pieles la constante tensión de la lucha por la existencia, y que porque se fueron pretenden condicionarnos sus ayudas a los que no nos hemos ido.

Fíjense que en ningún momento he sostenido que la mayoría de la población vaya a tragarse exactamente el discurso gubernamental de la resistencia numantina, letra por letra. Pero sí el que de una u otra manera una mayoría si adoptará una u otra postura de resistencia ante ciertas élites políticas de una potencia extranjera que, para intentar quitar del poder en un país vecino a otra élite con la que por un montón de razones (históricas, sobre todo, no nos engañemos, que en Washington se han tragado a más de una dictadura) no puede convivir, usa del recurso inmoral de la manipulación de las mayorías subordinadas atrapadas en medio. Porque para la mayoría será evidente que sus intereses no coinciden con los de esa élite, y tampoco con los de los cubanos que hayan a bien el método.

En un sociedad demasiado envejecida para aspavientos revolucionarios (¿se imaginan que la próxima revolución tendría que ser llevada adelante por nosotros, los cuarentones o cincuentones?), y en que todos desconfían demasiado los unos de los otros para atreverse a una acción coordinada, soñar con que los de abajo, impelidos por el hambre, se lanzarán en masa sobre las alambradas castristas, que por demás están en todas partes, es solo un modo de satisfacer a los pillos que no se bajan del avión y mercadean con el sueño de una rápida caída, mañana mismo, del régimen castrista.

Los cubanos enfrentaran la crisis de tres formas básicas: intentar buscar acomodo en el bien surtido aparato estatal; intentar emigrar (algunos hasta para vivir del cuento de la supuesta infalibilidad de las sanciones como especie de Piedra Filosofal); o simplemente resignarse a su situación; mientras encuentran un escape en el cada vez más amplio sector de la marginalidad. Nada más.

En esto deberían pensar los que quizás sin darse cuenta (reflexionar no es el fuerte de lo cubanos, admitámoslo), solo se van a ganar que desde ahora los cubanos de abajo los incluyamos en la misma lista, con el Partido Comunista, de las opciones por las cuales no votaremos en una Cuba Democrática, por no representar los intereses del cubano de a pie. En esto precisamente pensaba Oswaldo Payá cuando proponía que los cubanos emigrados no participaran en un principio en las elecciones de una Cuba en Transición: Como Rousseau, Payá admitía que no puede haber democracia en donde algunos tienen lo suficiente para comprar la opinión de quienes al no tener absolutamente nada (como dejarán los reclamacionistas extremos a los cubanos de la Isla) deberán vender su voto para simplemente comer. Por cierto, más o menos lo que ahora ocurre con las sanciones…

Evitemos ese escenario en que la Nación Cubana se divida definitivamente, y no a resultas de los de aquí adentro. La emigración, sobre todo la joven, no debe dejarse engañar por los bien comidos brujos que le prometen una rápida caída del régimen de apoyar el que se mate de hambre no a Tony Castro o a El Cangrejo, sino a los cubanos entrampados en un sistema cerrado, surcado de alambradas. El asunto está en abrir de nuevo a Cuba a la luz… los muros, y las sanciones solo cooperan con las tinieblas, y como tal solo traen divisiones entre nosotros.


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