Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Libertad académica vs. exilio “vertical”

El ambiente hostil a la libertad de expresión, creado como lógica excepcional en Miami, no es exportable al resto de Estados Unidos

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La reciente Carta Abierta de protesta por la presentación de Miguel Barnet en el Bildner Center de City University of New York (CUNY), hoy martes 8 de febrero, da fe de que el exilio radical puede apelar a métodos más moderados. Es un documento que, a pesar de sus trasnochadas demandas, demuestra que el ala recalcitrante de la derecha cubana puede darse aires democráticos. Contrasta con las provocaciones y la grosería de la que algunos de sus suscriptores hicieron gala durante el concierto de Silvio Rodríguez en el Carnegie Hall, cuando gritaron obscenidades contra el cantautor e insultaron por igual a adultos y niños asistentes al concierto, llamándolos “cómplices de la dictadura.”

Es mejor sin dudas que manden cartas a que rompan discos o griten insultos. Sin embargo la misiva, que tuvo pronta acogida por Diario de Cuba (el cual ignoró la de los académicos en protesta por el homenaje a Orlando Bosch, auspiciado por la Universidad de Miami, y que contó con firmas como la de Noam Chosmky y otros prestigiosos intelectuales), exhibe, por otra parte, los atolladeros de la plataforma del ya minoritario exilio “vertical”.

La carta de marras exhibe un preocupante desconocimiento de los principios de libertad académica, tal como fueron establecidos desde hace más de medio siglo por la Association of American Colleges (“1940 Statement of Principles on Academic Freedom and Tenure”), cuyas bases son “la libre búsqueda y exposición de la verdad, y no los intereses particulares de un individuo o institución”. (http://www.aaup.org/AAUP/pubsres/policydocs/contents/1940statement.htm)

Desestiman también la ley de “Academic Freedom and Educational Responsibility” de la AACU (2006) sobre la diversidad intelectual, el pensamiento crítico y la formación de juicios a partir de la evaluación de puntos de vista opuestos. El documento explica que es objetivo de la academia desmontar visiones en blanco y negro y promover una tercera alternativa, lo cual sólo se logra exponiendo a los educandos a la revisión cuidadosa de asunciones, argumentos y evidencias, provenientes de diferentes visiones del mundo. (http://www.aacu.org/about/statements/academic_freedom.cfm)

Son estos los principios que calzan el incuestionable prestigio de CUNY, institución que hoy da acogida a Miguel Barnet. También los de la Universidad de Harvard, donde fue presentado el mes pasado en la conferencia “Black in Latin America”, por el prestigioso académico Henry Louis Gates Jr.

Digna de encomio es la labor de Mauricio Font, director del Bildner, quien es también el coordinador de conferencias y seminarios sobre Cuba auspiciados por dicho instituto, los cuales se han caracterizado por abordar áreas escabrosas de la realidad cubana como la economía, la política, la cultura, sociedad civil, transición, raza, género, y la blogosfera dentro y fuera de la Isla, entre otros, desde un espíritu pluralista. Una nueva edición de una de estas conferencias tendrá lugar del 31 de marzo al 2 de abril de este año (http://www.cubasymposium.org/).

El Bildner y el Graduate Center de CUNY cuentan con una variada lista de habituales. Paquito de Rivera, acérrimo crítico del Gobierno cubano, ha sido más de una vez su invitado de honor. En mayo pasado ofreció allí el concierto titulado “Concerts and Conversations: Paquito de Rivera.” Fue también el Graduate Center, contra quien hoy se dirigen estos detractores, la institución que concedió el título honorario de “Doctor en Artes Musicales” al legendario saxofonista, el pasado 2 de junio. ¿De qué se quejan entonces los “verticales”, si el “Programa Cuba”, dirigido por Font, nunca ha homenajeado a figuras de izquierda o de centro, como el propio Barnet, Nancy Morejón, o a talentos como Silvio Rodríguez, quien llenó por cuatro noches el Carnegie Hall de Nueva York? ¿De dónde habrá salido la lógica absurda de pedir que en el ambiente académico o de la literatura y el arte se establezcan cuotas ideológicas?

A pesar de esta tradición de pluralidad inclusiva de CUNY, las Brigadas de Respuesta Rápida del exilio “vertical” en New York han movilizado ya a sus acólitos, quienes abogan por la libertad de expresión en Cuba, pero pretenden poner cotos a la que ejercen el Graduate Center y el Bildner. José Manuel Prieto, reconocido profesor de la Universidad Seaton Hall (New Jersey) y autor de textos como Livadia (1998), El Tartamudo y la rusa (2002), y Enciclopedia de una vida en Rusia (2003), es blanco también de los ataques, por ser el moderador de la presentación de Barnet. Prieto es el prologuista de La vida real: A True Story of a Cuban in New York, texto que motiva la presencia de Barnet en los predios de CUNY.

Si los detractores de Barnet tomaron como punto de partida la carta de protesta de los académicos a Donna Shalala, por el homenaje rendido en la Universidad de Miami a Orlando Bosch (http://todoscontraelterrorismo.blogspot.com/), lo entendieron todo al revés. No fue la presencia de Bosch en dicha institución lo que generó la protesta. Es “rendir honores a un terrorista, presentándolo como modelo para una comunidad, (lo que) atenta contra los principios básicos de la academia.” Bosch hubiera podido incluso ser invitado por cualquier departamento de esa institución, de acuerdo con los principios de libertad académica. Invitado, no homenajeado.

Barnet no ha sido convicto por terrorismo por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Tampoco llega, como implica la carta, en representación del Gobierno cubano. Viene como autor de un libro, que quizás formará parte de los currículos de los departamentos de español, tal como ha sido el caso de su Biografía de un cimarrón, convertido ya en un clásico dentro de la academia norteamericana.

Entre los suscriptores del documento se encuentra Enrique del Risco, profesor adjunto de New York University. Por surrealista que parezca, ya se tiene como lugar común que Vigilia Mambisa rompa discos a martillazos o con una aplanadora alquilada, en las calles de Miami. Pero desconcierta que el profesor de una universidad norteamericana, camuflado tras un presunto lenguaje académico, exhiba un desconocimiento total de los parámetros que rigen la institución a la que pertenece.

El exilio cubano de derecha tiene derecho a expresar su oposición al intercambio académico. Sin embargo, es hora de que entiendan que el ambiente hostil a la libertad de expresión de puntos de vista diferentes a los suyos, creado como lógica excepcional en Miami, no es exportable al resto de Estados Unidos. Incluso allí, gracias a la resistencia de muchos jóvenes nacidos aquí o llegados desde Cuba, y a los miles de exiliados decentes y verdaderamente democráticos, la intolerancia política está perdiendo terreno.

No es ni en Nueva York ni contra los que consideran intelectuales non gratos, llámense Miguel Barnet o José Manuel Prieto, que los radicales deberían ejercer su “verticalidad”. Si su posición es la del machete frente al diálogo, es en Cuba donde deberían desplegarla, en lugar de querer cerrar filas contra la academia, parapetados tras la engañosa diplomacia de sus cartas. Los anticomunistas no democráticos y sus nuevos aliados, la derecha ex comunista (que quiere reproducir en este país los mismos estándares totalitarios de exclusión con los que operaron en la Isla cuando eran partidarios del Gobierno) deberían ubicarse en que en Estados Unidos, especialmente en sus universidades, no es admisible la discriminación de ningún punto de vista.



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