Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Memorias de la Revolución, Beatles, Música

Los Beatles cantan en el Círculo Social Obrero de mi pueblo

CUBAENCUENTRO continúa esta sección, cuyo tema central es lo que se podría catalogar de “memorias de la revolución”

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Todos mis problemas parecían tan lejanos,
Ahora parece como si estuvieran aquí para siempre…
Hay una sombra que se cierne sobre mí…
de pronto llegó el ayer.
(Yesterday, por The Beatles).

He llegado a La Habana a principios del año 1966, atrás dejaba tanto pesar como recuerdos que se sucedían. Los problemas no parecían lejanos estaban aquí para siempre, solo tenía que adecuarme a ellos y permanecer. Los primeros días en Tarará, donde fui a vivir y estudiar andaba y desandaba la calle Cobre que bordeaba el litoral, miraba de soslayo la línea de la playa sin interesarme para nada, la soledad no me abandonaba.

Fue en los primeros días que alcance a oír una conversación de otros alumnos sobre Los Beatles, también se hablaba de música. Los Zafiros seguía siendo el tema del momento y el dúo de Clara y Mario deleitaban a un público que aumentaba día a día. En los recesos de entre clases un programa de boleros de José Tejedor servía de fondo a las rápidas conversaciones de las parejas de enamorados que tenían prohibido hasta tomarse de las manos; las miradas superaban el contacto e incluso las palabras.

Es día de pase y visito a un familiar, es allí que me invitan a una fiesta al cruzar la calle, esa larga avenida de Santa Catalina que me tocaría andar una y otra vez. La noche es de consternación y el estrecho apartamento convida a la música ensordecedora y al baile exaltado. Es entonces que escucho una y otra vez el tema de Los Beatles, Twist and Shout que ya es baile popular y se le conoce como Twist, completa el repertorio de bailes el Surf, que no sé si era una forma de bailar lo que se conoce como surf rock muy de moda en la primera mitad de los 60. Sí recuerdo que se bailaba surf en melodías de pop rock y se hacía un movimiento especial de los brazos. Esa noche traté de usar lo que en una clase muy rápida me había enseñado Cherta, pero no me fue bien. ¿El baile?... solo para mirarlo. No faltaron conversaciones de aquellos jóvenes como yo pero que eran parte de los pepillos habaneros muy al tanto de todo la que había de nuevo en la música y el baile; también en la moda, los pantalones muy ceñidos corte tubo, camisas tipo “guapitas”, zapatos adaptados tipo botines a lo Beatles y corte de pelo como los Beatles o Accatone. Las jóvenes mostraban blusas ajustadas, minifaldas, zapatos ballerina, sin tacones por supuesto, y pelo sobre lo corto con cintas en ocasiones, no había una tendencia específica; el movimiento desenfadado y sensual de las jóvenes en el baile hacía de su cabellera un elemento provocador.

No había tendencias de la moda fuertemente arraigadas, ni se importaban modas en una sociedad ya marcada por la escasez, el celo revolucionario y las motivaciones de una juventud condicionada por una dinámica social agobiante que se mueve a saltos y asombros. Era la revolución, éramos parte de ella, si queríamos o no participar era nuestro problema. No había otras opciones, o estabas o estabas.

Ya sabía más de Los Beatles, claro que sí. Aquí y allá una conversación traía el tema de una canción y la pasión por el baile que se imponía en las fiestas. Entonces llegaron las vacaciones de verano del año 1966.

Estaba en mi pueblo natal, un poblado en el centro de la Isla con sus habitantes sencillos, sus fiestas, sus encuentros con los amigos de la infancia y su Círculo Social Obrero; como tantos lugares antes era el Liceo del pueblo, confiscado por la revolución, arrancado de las manos de “los ricos” para ser entregado, para su disfrute, a los obreros y campesinos.

Esa tarde llegaron a la casa, contentos y saludando a todos con especial efusividad, los amigos de la infancia que habían regresado de la Unión Soviética. Allí fueron a estudiar no sé qué carrera que terminaron muy rápido y fueron despachados de regreso a la Isla en el primer curso…, algo pasó, nunca lo supe. Sí que estaban contentos mis dos amigos que vienen a contarme no de su experiencia ya frustrada sino a hablarme del viaje, del barco inmenso que los llevo ida y vuelta a la gran patria de Lenin. Vienen también con dos discos… ¡de Los Beatles!, dicen que lo consiguieron en Moscú lo cual es ya una sorpresa. ¿Los Beatles en Moscú? Así es, dos discos sencillos o EP cada uno con cuatro canciones, dos por cada lado. Ellos me lo traían porque, aunque lo habían conseguido no habían podido oírlos porque no tenían un tocadiscos y en mi casa si había uno…, solo que estaba roto y en el taller de reparación.

Aquellos discos, que no eran rústicas reproducciones de “placas” como ya se hacían en La Habana, eran discos producidos y comercializados. No recuerdo, aunque hago un esfuerzo por recordar, las canciones que venían con cada disco, pero eran canciones de los primeros años de este grupo musical, que sin saberlo ya por ese tiempo habían dejado de hacer giras artísticas para concentrarse en la producción de discos en estudios de grabación.

¿Eran estas?, quién sabe: A Hard Day’s Night, All I’ve Got to Do, Anna (Go to him), Help!, It Won’t Be Long, Love Me Do, Please Mister Postman, Please Please Me, She Loves You, Tell Me Why, Twist and Shout…

Nos pusimos de acuerdo para ir a escuchar estos discos en el Círculo Social Obrero, pensamos, y pensamos mal, que no habría problema alguno. Cayendo la tarde hablamos con el encargado del Círculo y fuimos para la habitación detrás del escenario que servía de Biblioteca o salón de lectura donde había un viejo tocadiscos que aún funcionaba. El encargado, viejo y servil comunista del poblado nos miraba con cierta extrañeza y reserva. Cuando se retiró pusimos el primero de los discos con el volumen alto.

No terminamos de oír el primer disco, el encargado entró frenético preguntando qué clase de música era aquella, explicarle a aquel sujeto era algo imposible, nunca entendería. No le preocupaba que estuviera alto el volumen, así nos dijo, sino qué estaban cantando, creo yo en inglés según su opinión. Allí él no permitida que se pusiera música de los elvispreslianos, todo eso era “diversionismo ideológico” dijo el bruto en tanto que nos pedía que nos fuéramos de allí.

Los discos estuvieron en la casa de mi madre, allá en mi pueblo natal, Buenavista, por algunos años hasta que un día Santiler, que era el dueño, pasó a recogerlos. Pasarían algunos meses más para que de nuevo me viera inmerso en otra experiencia de mi accidentada bleatemanía de lo cual les contaré.

Aquel día que salí de vacaciones de verano me había despedido de Arlene en La Habana, unos días después me llegó una tarjeta postal donde me recordaba nuestros encuentros. De regreso a La Habana nunca más la llegué a ver. No eran ciertas estas palabras, no hay ángeles.

Me arriesgaré, ya que el romance es muy importante para mí, Ella no me dejará, es un ángel que me ha sido enviado. (Devil in Her heart, por The Beatles).


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