Actualizado: 27/01/2020 13:43
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Cambios, Globalización

Los cambios viajan a lomo de la modernidad

En todo momento la clase gobernante encabezada por la familia real de los Castro ha seguido esquilmando a la población sin reducirse un solo privilegio

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El propósito del general Raúl Castro es mutar el régimen hacia un modelo más “moderno” de dictadura. Para ello necesita continuar aislando, controlando y explotando al pueblo. Si se observan con atención las medidas económicas que últimamente ha puesto en práctica, quedará claro que no son cambios estructurales, sino que constituyen un acto de vulgar escamoteo. Evaden los necesarios para una verdadera y perentoria transformación económica, política y social del país.

Más allá de lo que puedan prever los optimistas, crédulos de las buenas intenciones del mensaje oficial, estas últimas medidas refuerzan las primitivas bases donde se fundara la permanencia del presente orden: el control y la explotación de la ciudadanía. Por tanto, no se le dé más vueltas al asunto, ni se evite enfrentar los hechos con esperanzas que no tienen fundamento. Cuba es un campo de concentración y trabajo forzado. Sus ciudadanos son prisioneros sin derechos a los que como método de intimidación se les castiga de manera anárquica y constante mientras se les extrae toda la plusvalía posible. Los “lineamientos económicos” que se adoptan como supuesta ruta salvadora de la nación, lo único que buscan es consolidar ese modelo de expolio ante las nuevas realidades imparables que llegan del exterior.

Con una economía en quiebra por decenas de años de incapacidad y desaciertos, la élite gobernante no puede ni siquiera pensar en evadir o demorar los influjos del proceso de globalización que va transformando aceleradamente a todo el planeta. En esencia, en la Isla se padece de los mismos males del intervencionismo estatal que ahora sacude a Europa y a los Estados Unidos, lo que a una escala muy superior.

La particularidad que los distingue radica en un desparpajo criminal. En esta nueva versión predomina el síndrome de “Pilatos”. A la vez que sacralizan como norma oficial inapelable la nefasta planificación centralizada y la guerra a la riqueza de los miembros de la sociedad, fuera de su casta elegida, gradualmente dejan de responsabilizarse con cubrir las míseras subvenciones de la empobrecida población.

Durante decenios, le suprimieron al pueblo toda posibilidad legal de supervivencia y lo hicieron depender de sus migajas o sumirse en el ejemplo de corrupción y delito que pretenden monopolizar desde el poder. Ante el desastre de los resultados de una economía inoperante solo aspiran mantener intacto el control totalitario de la misma, cargándole al pueblo el costo. Este nuevo ensayo de un mayor absurdo sobre una agotada nación también recae sobre el cúmulo de sufrimientos de la ciudadanía.

Y tales circunstancias ocurren pese al embargo norteamericano o cualquier otra medida de aislamiento económico. En todo momento la clase gobernante encabezada por la familia real de los Castro ha seguido esquilmando a la población sin reducirse un solo privilegio. Más bien los incrementa a niveles de verdadera indecencia. Y para satisfacer sus necesidades de lujo, le aprieta el cinturón a la población y de paso no cesa de azuzarlo contra el supuesto enemigo que la castiga, en el intento de ocultar al verdadero culpable.

La realidad es que a la élite castrista, que controla todas las palancas del poder, no le cuesta nada seguir rebajando las cuotas del magro consumo de bienes y servicios destinados a la población y gastarlos en su propio beneficio. Por ello, promover medidas de aislamiento para Cuba no acelera sino demora el advenimiento de la verdadera transición que la realidad mundial impone a este grupo en el poder. Además, insistir en esa vieja fórmula ineficiente de la Guerra Fría, aparte de constituir un procedimiento anacrónico ante las probadas y exitosas nuevas dinámicas de comunicación financiera, cultural, económica, política y social, constituye un contrasentido. Porque al intentar aislar al régimen en medio de una ola Globalizadora mundial que tiende irresistiblemente a lo contrario, le están aportando toda la ayuda que necesita y de paso le confirman como certera la práctica concienzuda de preservar el control totalitario. Entretanto, el régimen cubano no deja de nutrir sus cuarteles de cuanta novedad tecnológica aporta el mercado internacional y la modernidad de los tiempos que corren. Además de su apuesta por influenciar en una política internacional que combata la libertad que promueve la Globalización, su más nefasto enemigo.

La comunidad cubana debe analizar estas circunstancias y negarle su apoyo a erróneas y politiqueras medidas, promovidas bajo el pretexto de renovar el cerco al régimen como el manido método de combustión interna para una revuelta nacional. Más daño le haría al régimen que miles de yates de los millones que navegan la costa atlántica norteamericana y del Golfo acudieran a la Isla, cargados de norteños en busca de diversión. Es posible imaginar por un momento el espectáculo, un múltiple intento de desembarco desenfadado por todo el territorio, por las costas norte y sur, de norteamericanos en plena juerga. Las desesperadas autoridades serían anegadas. No podría ser menos entre tratar de impedir que una legión de achispados yanquis pudiera poner pie en tierra e intentar obstaculizar que la mayoría de los cubanos, con las pilas puestas por la esperanza de ganar dólares o una posibilidad de escapar en lancha del “paraíso Socialista”, soltaran el insatisfactorio puesto laboral del Estado para salir “echando” hacia la costa, a buscarse la vida sin posibilidad alguna del acostumbrado intermediario estatal.

Más allá de esta hilarante escena imaginaria, lo cierto es que el contacto personal y la comunicación con el mundo liberan. Si hoy los cubanos tienen más conocimientos del acontecer mundial que el por decenios empotrado en sus mentes a través de la sarta de papandujas que a diario les machacan la Mesa Redonda, Radio Reloj, el Noticiero Nacional de Televisión y el aburridísimo diario oficial Granma, se debe a que sus comunicaciones personales han mejorado. Y ese resultado es mérito de la Globalización y del ingenio y modernidad intrínseca de los habitantes de la Isla. El régimen ha querido sacar provecho de ello y, creyéndose capaz de controlar ese caballo mustango, cometió el error de abrir la Caja de Pandora. Ahora deben estar arrepentidos por el más de un millón de teléfonos celulares que vendió a usureros precios a la población. A través de esos artilugios, los indetenibles mensajes de twitter que llegan cada día a mayor número de nacionales, aportan una gota sobre otra de esa tóxica verdad que la dictadura se desgasta en evitar. Nada de ello ocurría hace un lustro, y entre otras muchas, como los videos reveladores que pasan de mano en mano, va cambiando la manera de ver las cosas, más allá de cualquier trillada fórmula de cambio preconcebida.

Los cubanos, radicados dentro y fuera de la Isla, no deben aceptar el argumento esgrimido por el régimen de que la globalización es el enemigo. Es imprescindible en la época que vive la Humanidad identificarse con las computadoras, los teléfonos celulares, tener acceso pleno al Internet, poner avisos de compra-venta o beneficiarse del servicio de las páginas web como Cubango o Revolico, comunicarse por email, acceder a la información global o cualquier otra cosa que se salte el sofocante aislamiento al que obliga el platanal con alambre de púas de los Castro y compañía.

La globalización brinda la oportunidad del retorno al mundo occidental al que pertenecen los cubanos de cuerpo y alma. La libertad llegará más rápido mientras más comunicación y contacto se establezca con el mundo. Estableciendo puentes con la modernidad, que contribuyan a globalizar a la sociedad civil, se garantizarán las herramientas necesarias para evolucionar rápidamente y quitarse de encima ese cadáver insepulto llamado Revolución.


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