Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Monumento, Fidel Castro, Historia

Los destinos trágicos de Cuba o el seboruco de Fidel

Los cubanos parecen condenados a elevar una y otra vez el mismo pedrusco, a la manera de Sísifo

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De continuar inalterable en Cuba el actual sistema político-económico-social, lo cual es su tendencia natural de institución hace ya mucho muerta, fría y bien tiesa, y lo que es peor aún, la única posibilidad que logran ver delante de sí los individuos escasos de imaginación que hoy integran el Buró Político, el país y en consecuencia lo cubano languidecerán lentamente hasta por fin desaparecer.

De un lado la economía continuará a ese nivel precario que conlleva el vivir en lo fundamental de explotar la exacerbación de nuestras diferencias históricas con EEUU, al vender al país como el aliado ideal de quien tenga algún interés en molestar a ese poderoso vecino nuestro. Precariedad que será más constatable en los nuevos tiempos post-Obama, en vista de que los Estados con la aspiración a ascender en el escalafón de los poderes globales parecen no querer remodelar el actual orden económico internacional, sino solo obtener una mejor posición en ese orden muy racionalizado. Por lo que al no existir un nuevo poder que esté dispuesto a obviar cualquier consideración de racionalidad económica con tal de mantener un molesto enclave de confrontación a menos de 90 millas del actual líder de ese orden mundial, papel que en la Guerra Fría jugó a la perfección la URSS, las posibilidades de semejante modelo económico no solo nunca llegaran a compararse con las que en su momento nos brindó la relación con Moscú, sino que ni tan siquiera asegurarán algo más que los actuales niveles de lenta contracción económica (2 % anual de crecimiento promedio desde 2011). Lo cual traerá como consecuencia que continuemos retrocediendo en el ranking hemisférico hasta que en algún momento de los años 2040 sustituyamos a Haití como el país más pobre en él, y más o menos para 2050 superemos también al más paupérrimo a nivel mundial para ese tiempo.

Con lo que, para el segundo centenario del natalicio de José Martí, en 2053, los habitantes de la Isla de Cuba se descubrirán viviendo a un nivel semejante al de los primeros pobladores suyos, los guanajatabeyes.

Las personas, por su parte, dejaran el país a ritmos cada vez mayores. Lo que unido a la natalidad en rápido declive acarreará como consecuencia que hacia 2060 la Isla quede por completo deshabitada. Momento en que, si las condiciones climáticas mundiales no llegaran a deteriorarse tanto como algunos modelos de cambio climático pronostican, los americanos comenzaran a emigrar a su vez hacia acá. Por lo que no es tan desatinado predecir que allá por 2070 Cuba terminará convertida en un estado más de la Unión, y que, para sus nuevos habitantes, hablantes de spanglish y mitad mejicanos, mitad anglosajones, el seboruco en que han metido las cenizas de Fidel Castro será equivocadamente tomado por algún monumento megalítico de los tiempos pre-hispánicos (¿pre-olmeca?).

Estos, claro está, son solo los resultados de dejar actuar libremente las tendencias propias del sistema y de quienes hoy tienen algún control sobre sus posibilidades de evolución futura, manteniendo las condiciones externas más o menos invariables en su estado actual. Hay, no obstante, posibilidades aún más terroríficas. Si por ejemplo EEUU viniera en los próximos años a dar en potencia de 2º orden, o colapsara por completo en ese tan ansiado final de la historia con el que todas las noches soñaba Fidel Castro, el castrismo tardío se quedaría sin su único recurso económico. No olvidemos que el castrismo es en absoluto refractario a vivir de la racionalidad económica, y que como todo sistema social de dominación carismática solo puede cubrir sus necesidades y las de sus súbditos mediante mecenas (la URSS, Venezuela), mediante la mendicación (Pastores por la Paz), o simplemente del despojo y el botín (“Ah, si en los sesentas hubiera resultado nuestro plan de crear uno, dos, tres Viet Nams para hacer colapsar a los americanos, aquel que elaboramos el Che y Yo”, se lamentaba para sí Fidel Castro en sus últimos años, “cuan luminoso habría sido el porvenir de los cubanos”).

En un caso semejante es casi seguro que la Isla no tarde en caer bajo soberanía china, o en todo caso de la vecina República de Haití. Invasiones de las cuales no nos salvaría ese patético montón de barrigones armados con los excedentes de la Guerra de Crimea de 1850, al cual llamamos ejército y le dedicamos entre el 30 % y el 35 % de lo que se paga en salarios y retiros en este país.

Hay, claro está, posibilidades más risueñas. Como esa de que, si el cambio climático le hiciera a los de más altas latitudes insoportable la vida en el cinturón tropical para los referidos 2060, en que ineluctablemente desaparecerá el último cubano sobre la Isla, esta no podrá ser ocupada a su vez por los americanos. Con lo cual su abrazador y desértico territorio continuará absolutamente independiente de la potencia del Norte por los siglos de los siglos, aun cuando tampoco ya quedé ningún cubano en él.

No puedo más que imaginar la infinita satisfacción del alma en pena del Comandante ante ese probable escenario.

Antes hemos observado desenvolverse este probable escenario cuya consecuencia última es la desaparición completa del pueblo cubano de la Isla. Mas advirtamos que entonces no tomamos en cuenta una muy probable distorsión futura: Que durante el próximo mandato de Donald Trump, el Congreso de EEUU se decida por fin a condicionar la entrada de los cubanos a que demuestren estar sometidos a persecución política por parte del régimen de La Habana. Tal cambio, trascendental, hará subir rápidamente los niveles de descontento en Cuba hasta conducir a una muy probable guerra civil. Un sangriento y devastador conflicto en que por un lado EEUU apoyará al bando antigubernamental y por el otro, los países latinoamericanos, salvo contadas excepciones e independientemente de su color político o preferencia ideológica, al gubernamental; solo por llevarle la contraria a Washington, sea dicho. Un conflicto interno en que la degollina irá en aumento, hasta que los sucesivos intentos de éxodo migratorio masivo de quienes huyen de él obligarán a EEUU a intervenir, para luego establecer (casi seguramente porque los políticos americanos no parecen aprender de los errores de sus predecesores), una nueva república mediatizada por una nueva Enmienda Platt. Con lo que la historia de Cuba independiente volverá a comenzar desde el inicio…

Algo así como si los cubanos hubiéramos sido condenados a elevar una y otra vez el mismo pedrusco, a la manera de Sísifo: ¿Será en esto en lo que pensaba Fidel Castro cuando dispuso los detalles de su lugar de reposo eterno?


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