Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Economía

Los diez días que estremecen a Cuba

Odisea de fin de año. La carne de los pobres —el cerdo— 'sobrecumple metas', pero sigue inalcanzable.

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Los cubanos van con papel y lápiz a la carnicería. Una pequeña pierna de cerdo puede acercarse a los 400 pesos. Una fortuna. Se encarama en cien por encima del salario promedio.

"¡Pero hay que aprovechar!", exclama un técnico de Rayos X que ha hecho sus ahorros vendiendo turnos para operaciones ortopédicas.

Las autoridades dispusieron una rebaja navideña hasta el 3 de enero y la oferta se esfuma de las tarimas. El agromercado de libre concurrencia quedó al margen de la disposición. Allí los precios son cósmicos.

"Es muy poca la cantidad y nunca se sabe si volverán a traer", explica el carnicero de una dependencia estatal mientras afila uno de sus cuchillos.

Hay clientes que montan guardia desde el amanecer y el camión a veces llega al anochecer, si es que lo hace. Las luces del vehículo, dispuesto de frente al entarimado, iluminan la escena. Algunos animales todavía sangran y tiñen de rojo el piso del local.

Aunque la mayor depreciación es del 15% —el bistec— y el 11% —el lomo y la costilla—, los clientes entienden que se trata de una oportunidad, aunque sea mezquina.

Disponen apenas de diez días para adquirir, entre otras ofertas, medio kilo de bistec a 30 pesos, que equivale el 10% de una mensualidad estándar. Resulta lo más tentador.

"Si compras una pierna más o menos grande, te ahorras unos pesitos", dice conforme un chofer de carga por carretera. Su economía extra se basan en el transporte de mercancías para el mercado negro, camufladas en los productos debidamente autorizados.

"A veces escapo, otras tengo que tocar al policía de ruta", comenta en un clima de confianza.

Son vecinos todos los de la cola y algunos se invitan mutuamente a la cena de fin de año. Alguien que pasa dice que ya celebró la Nochebuena y que no puede repetir la comelata, haciendo la señal del dinero con el pulgar y el índice.

Escándalo estadístico

Si los ciudadanos atendieran mejor las estadísticas oficiales, tendrían varias preguntas que hacer. Entre ellas, ¿por qué los precios del cerdo son monopólicos pese a una producción récord que iguala los niveles de precrisis?

A principios de diciembre, Norberto Espinosa, presidente del Grupo de Producción Porcina del Ministerio de Agricultura, dijo en rueda de prensa que el plan previsto en 2007 —de 130.000 toneladas de carne de cerdo en pie— se cumplió a finales de noviembre.

"Se espera concluir el año con cerca de 148.000 toneladas entregadas, lo que constituye un récord nacional para la actividad", precisó Espinosa al recordar que tal producción no se obtenía desde 1987.

Según el funcionario, tal faena ahorró al país cerca de 60 millones de dólares por concepto de importaciones, pues "se satisfizo la demanda destinada al turismo y la generación de divisas, y a elevar la oferta al pueblo, aunque todavía a niveles insuficientes", reconoció.

Entre las principales afectaciones citó la inestabilidad en la entrega de alimentos y piensos, la carencia de medios de transporte, la poca capacidad en la industria dedicada al sacrificio y refrigeración, y la incorporación de personal sin experiencia al programa porcino.

Los campesinos privados, con poco más del 30% de las tierras cultivables, aportan más de la mitad del tonelaje de carne porcina. Otras fuentes cifran tal entrega en el 70%.

Presionado por las urgencias alimentarias del gobierno, Orlando Lugo, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, llamó a los campesinos a desarrollar todo su potencial en la cría de cerdos, que "aún no está lo suficientemente explotado".

El octogenario dirigente subrayó que una tonelada de carne de cerdo lograda en el sector cooperativo cuesta mucho menos que las adquiridas en el exterior.

El 84% de los alimentos que consumen los cubanos son importados, lo que supone para el Estado un fardo anual de más de 1.000 millones de dólares, la segunda factura del país después de la petrolera, otra de las sangrías que las autoridades intentan revertir con la llamada revolución energética.

Para las familias la cuenta es similar: invierten el 75% de sus ingresos en la alimentación, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana, de la Universidad de La Habana.

El pasado año, la revista Bohemia informaba que Cuba había duplicado su producción de carne porcina en los últimos años, hasta llegar en 2006 a 98.000 toneladas, pero quedó por debajo de la cifra prevista en 2.000 toneladas, por la llegada tardía de la materia prima para piensos.

'Ya no hay respeto en este país'

Desde 2005 el Estado se ha dedicado a "estimular" la producción porcina, recuperando granjas abandonadas y poniendo a punto numerosos cebaderos, al tiempo que ha incrementado en más de 4.000 los contratos con campesinos individuales, según fuentes oficiales.

Otra de las razones del auge porcino es la introducción de ejemplares genéticamente puros de la raza Duroc y Yorkland, convertidos en soporte reproductivo local, que consiguen 1,3 toneladas de carne por cada hembra reproductora, cifra que se alcanzó en Cuba en 1987.

En ese año, el medio kilo de cerdo rondaba los cinco pesos, cuatro veces menos que el precio actual. Con una población entonces de 10 millones de habitantes, el producto llegaba a la mesa de muchos más de lo que ahora lo hace, con una población actual de 11,2 millones.

Otros tipos de carne, como las de pollo o res, sólo se expenden libremente en los mercados de divisas. El kilo de la primera se vende en tal circuito a 2,50 CUC —pesos convertibles—, que representan el 20% del salario promedio.

La carne avícola que llega a la población por la cartilla de racionamiento, a tarifas populares, no pasa de ser casi simbólica: medio kilo por persona al mes.

Pese a la rebaja actual de la carne de cerdo, fugaz y fortuita para muchos consumidores, hay quienes encuentran prohibitivos los montos y sólo pueden adquirir recortería, una miscelánea que incluye tocino, bacon y lomo, que se comercializa a 25 pesos el medio kilo.

"Con eso hago un arrocito amarillo", dice Julia, maestra jubilada. En la tarima, un montoncito de bistecs queda a merced de las moscas. Su importe se mantiene intacto: 35 pesos el medio kilo.

"¿No hay rebaja aquí?", pregunta al paso un ciclista que apenas se detiene para leer la pizarra.

"Eso es en el Estado", responde el carnicero sin inmutarse. Es obeso y viste de verde, como los cirujanos.

"Ya no hay respeto en este país", se le oye decir al bicicletero. Apura el paso. Le quedan unas horas de rebaja.


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