Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Jóvenes, Emigración, Exilio

Los olvidados

“¿Por qué se van los jóvenes cubanos?”: una pregunta que aparece en el blog de Silvio Rodríguez

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El blog de Silvio Rodríguez, Segunda Cita, publicó el viernes pasado una nota que trata sobre el futuro de la juventud cubana. La nota se llama Los olvidados, los que se quedan[i], la firma Harold Cárdenas Lema y aunque habla sobre la epidemia de jóvenes que quieren abandonar el país, fundamentalmente toca la delicada situación de los que no quieren hacerlo o sencillamente no lo harán. Habla en su nombre, se entiende, porque él es uno de ellos.

La nota revela la perplejidad ante las nuevas realidades que se dilucidan en Cuba. Emplea la palabra “paradigma” que quiere decir “ejemplo” y se pregunta tácitamente cuál es el paradigma actual a seguir ya que ante ellos ––los jóvenes cubanos–– han desaparecido las certezas. Cárdenas duda ante el proyecto de nación actual.

“¿Por qué se van los jóvenes cubanos?”, se pregunta el autor y se responde: por “muchas razones, entre ellas la ausencia de un paradigma del éxito que sí tuvieron nuestros padres y nosotros carecemos…”.

Y más adelante: “Nuestra incapacidad de generar un consenso y enviar señales claras sobre el rumbo del país… provoca el desaliento y la mirada hacia alternativas foráneas. Parte de la emigración cubana es también responsabilidad nuestra entonces como proyecto de país incapaz de generar un mayor consenso”.

Menciona que “el proyecto de nación estaba más claro” antes “porque existía el liderazgo carismático de Fidel Castro… o sencillamente porque creíamos que era posible un regreso a la estabilidad de los años 80”.

Este es el razonamiento de un joven cubano, manifiestamente comprometido con la realidad política y social de su país que se pregunta públicamente, en el torbellino de las carencias e incertidumbres de la Cuba actual, “¿Cuál es el plan gubernamental para nuestro futuro?”.

Claro que las preguntas y las reflexiones esa pieza cándida y hermosa no atañen exclusivamente a los jóvenes. Porque la realidad es: ¿Cuál es la esperanza de progreso y bienestar en Cuba para el que se queda?, pero sucederá que son los más jóvenes los que están empezando su vida y por eso tienen más ímpetu o razón al preguntar.

La hemorragia de juventud hacia afuera es conocida, pero la que se coagula dentro ¿hacia qué exilio interior se aventura? ¿Cuál resultará ser su realidad económica, sus ilusiones, sueños y proyectos? ¿Podrán aspirar a construir una familia mediante felicísimos coitos sin audiencia, lejos de las habitaciones aledañas; y al menos ilusionarse ––o enterarse–– mediante algún rarísimo discurso económico optimista por la tele de que no sería un sueño inalcanzable ni un delito progresar materialmente bajo el cielo más azul del mundo y aspirar a tener un carrito propio para arriesgarse manejando por la Ocho Vías hasta llegar a Baracoa en vez de a Miami?

En otras palabras: ¿Cuáles son las oportunidades que el actual proceso de Actualización del Modelo Socialista Cubano busca para diseñar el futuro de los jóvenes?

Según se desprende de Los Olvidados… eso no se sabe. ¿Será el mejor de los destinos juveniles el ser simples empleados de grandes compañías nacionales o extranjeras, o acaso también existirá alguna oportunidad para desarrollar su imberbe iniciativa? Digamos aunque sea inflar una botella diferente y poder venderla en la Internet. Si un pintor joven pinta su cuadro y lo vende, un boxeador joven vende sus puñetazos ¿podrá un joven empresario que no sabe pintar, ni meter bofetadas hacer otra cosa distinta a un restaurant para ganarse su dinero en el país donde nació? La fiebre de eficiencia económica que tomará por asalto el país ¿será solo para los grandes negocios extranjeros y deberá abatir de facto los “paradigmas del éxito” para los jóvenes, tanto materiales como ideológicos?

La columna de Harold Cárdenas hace preguntas candentes sobre el presente y el futuro de la sociedad cubana. Pero se las hace desde dentro de ella. Otras opiniones, corrientes de pensamiento y evaluaciones ciudadanas existen también dentro de esa compleja realidad. Su carta de ciudadanía es la transparencia y el compromiso nacional. No le dicen al gobierno vete, sino resuelve. Sé que algunos se querrán rasgar las vestiduras ante estas palabras porque viven convencidos de que “es obvio que en Cuba no existe la más mínima libertad de expresión ni cubanos que increpen al gobierno sin castigo”; pero qué le vamos a hacer. Si alguno de verdad se las rasga, avisarme; le sustituiremos la pieza asesinada por una bien bonita de Valsán.



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