Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Misiones, Médicos, Salud Pública

Médicos internacionalistas: héroes y rehenes

La existencia de una causa justa no le resta un ápice a un objetivo primordial de la campaña: el interés del gobierno de los hermanos Castro por mantenerse en el poder

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Según datos oficiales en la actualidad cooperantes cubanos de la salud laboran en 66 países, como parte de un amplio programa desarrollado por la Isla para enviar personal médico y paramédico a países pobres y a zonas de desastre o de epidemia. Al mismo tiempo, el cobro de los servicios profesionales en el exterior —fundamentalmente en el sector de la salud— se ha convertido en la principal fuente de ingreso del gobierno cubano. Entre estos dos extremos, la ayuda internacional y el negocio de la explotación de los médicos cubanos, fundamenta el régimen buena parte de su supervivencia, a la vez que promueve una discusión hasta ahora interminable.

Un grupo de 165 médicos y enfermeros cubanos viajó a Sierra Leona el pasado miércoles, como parte de un total de 461 trabajadores de la salud que Cuba ofreció hace varias semanas para enviar a Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry, en la campaña internacional de lucha contra el ébola. Se trata del mayor grupo médico enviado por una nación extranjera a la zona.

Sin embargo, la existencia de una causa justa no le resta un ápice a un objetivo primordial de la campaña: el interés del gobierno de los hermanos Castro por mantenerse en el poder. Si antes el “internacionalismo proletario” se manifestó a través de la lucha armada y la guerrilla, ahora el frente internacional se ha convertido en una fuente de prestigio, influencia y divisas.

Al tiempo que los servicios médicos en el exterior constituyen una de las principales fuentes de ingreso monetario, o la principal, en buena medida se mantiene la leyenda de los facultativos cubanos dispuestos a ir a cualquier lado y atender a cualquiera. Aún abundan los que defienden los “logros” de la salud pública en la Isla.

El sacrificio de miles de cubanos —en muchas ocasiones brindando asistencia médica en condiciones difíciles— contribuye al mantenimiento de un gobierno dictatorial. No de una forma elemental. No se trata de atacar o criticar la labor de los médicos, lo cual sería injusto. Cualquier alivio del dolor y toda cura de un padecimiento son meritorios en sí mismo. Pero hay dos males mayores que este esfuerzo dilata: la permanencia de un gobierno que suprime las libertades individuales.

La práctica médica cubana en el exterior, beneficiosa para miles de ciudadanos de otros países, también contribuye al reforzamiento de un gobierno perjudicial para millones de habitantes en la Isla. Es parte de la lógica de un sistema, que para perpetuarse necesita tanto un objetivo internacional como un enemigo externo: un modelo que se repite en diferentes escenarios —y con diversos medios, tanto pacíficos como violentos— y que siempre se empeña en subordinar el destino nacional a un factor extranjero.

En el caso de Venezuela, los médicos cubanos se han colocado en el centro de la política nacional y son un factor determinante en el futuro de ese país. A la vez, constituyen uno de los pilares fundamentales de sostenimiento económico del gobierno de la Isla.

El dinero de Caracas alimenta la decadencia de La Habana y prolonga su agonía. Al igual que otros cubanos, los médicos de la Isla se han convertido en protagonistas voluntarios e involuntarios de una época diversa y a la vez monótona, donde han compartido un mismo objetivo y padecido una afrenta similar: contribuir a la gloria de un hombre primero, luego a la permanencia en el poder de una familia, y siempre a resignarse tener que asumir un destino impuesto.

Las historias de los médicos cubanos trabajando en el exterior tienen por lo general dos caras. Por un lado el gobierno cubano no se cansa de repetir la heroicidad de quienes trabajan en condiciones difíciles en cualquier lugar del mundo. Por la otra, este destino heroico puede cambiar de un día para otro. Si el facultativo cubano decide abandonar el trabajo o incluso pedir asilo, se convierte en un paria, en que el régimen que con anterioridad lo alababa ahora le niega incluso ver a sus hijos

La emigración de los médicos cubanos ha sido por décadas un tema recurrente en el conflicto entre Washington y La Habana. El gobierno cubano niega o demora por años la salida de los facultativos, así como retiene a sus familiares si éstos desertan en terceros países.

Se calcula que alrededor del 4,3 % del personal médico trabajando en el exterior ha desertado. Fidel Castro ha dicho que Estados Unidos robó a Cuba el 5,16 por ciento de los profesionales graduados durante la revolución.

“Entre 1959 y el 2004 se graduaron en Cuba 805,903 profesionales, incluyendo médicos. La injusta política de Estados Unidos contra nuestro país nos ha privado del 5,16 por ciento de los profesionales graduados por la revolución”, escribió Fidel Castro en una Reflexión del 17 de julio de 2007, titulada El robo de cerebros. Esto significa que unos 156.182 profesionales habían abandonado Cuba para esa fecha.

Cuando uno de estos médicos decide romper el vínculo con el gobierno cubano —y si está en el exterior solicitar asilo—, sus familiares más cercanos se convierten de inmediato en rehenes del régimen.

No estamos en la Edad Media. El gobierno cubano tiene un concepto feudal en muchas de sus decisiones, tanto en su concepción del tiempo como en los recursos a que echa mano en muchas de sus disputas. Utilizar a niños como rehenes es inadmisible.

Hay una actitud malvada y zafia, por parte del régimen, en el tratamiento de todos estos casos. Repudiar el abuso a niños indefensos va más allá de cualquier actitud política o vocación ideológica.

“El envío de la primera Brigada Médica a Sierra Leona… es un ejemplo del cual un país puede enorgullecerse”, expresó Fidel Castro en un artículo publicado el sábado en el diario oficial Granma.

El artículo, titulado Los héroes de nuestra época, no hace referencia a como ese héroe se convierte de pronto un apátrida, en cuanto intenta buscar un destino mejor. Los héroes médicos lo son mientras se mantengan sumisos. Al dejar de serlo pierden el favor del régimen. Tiene sentido entonces preguntarse sobre esa extraña distinción, que reduce el valor al ejemplo de ser explotados, y el humanitarismo que puede llevar a cabo un régimen despótico.


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