Actualizado: 04/10/2022 22:11
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Crónicas

Memorias del porvenir

Terminará Cuba teniendo lo que le falta. No por bonita, sino por imperio de la necesidad.

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He leído que el pasado y el porvenir terminarán siendo reversibles. Las hormigas, que habitaron la Tierra primero que el hombre, lo habitarán todavía cuando por fallas en el Sol el hombre haya desaparecido.

Sin ir tan lejos, en Cuba ha sucedido algo parecido.

Cuando el gobierno surgido del triunfo rebelde comienza la construcción del Hombre Nuevo, tomó —como parte de las demoliciones que para tan ambiciosa empresa tuviera que hacer— los íconos todos de la cultura anterior, los metió en una caja de plomo a la que puso cadena, candados, la selló por fuera con una soldadura de diez centímetros de grosor y la mandó para Miami.

Ahí iban las hadas de todos los cuentos.

Iban el pato Donald con su sobrinitos, el ratón Mickey y su novia, los catecismos con la hostia y una buena parte de la cruz, los días de Noche Buena y Reyes, la palabra "amistad", la libertad de prensa, la libertad de viajar y otras libertades que no vienen al caso.

Iban además las cancelaciones del juego, la droga, la prostitución, del pernicioso turismo, la inversión extranjera y la del execrable homosexualismo (ese mal que hundiera a Roma y contra el que de inmediato se iniciaron persecuciones y se crearon alambradas en campos especializados, para aislarlo. Y, por si acaso, se condenó el jean, se condenó el rock, el jazz, y en algunos lugares fueron prohibidos melena y barba).

Cerraba aquel histórico envío un aviso que decía en letras muy grandes y muy rojas (se dice que escritas con odio): "Jamás podrá volver a poner sus pies en Cuba el que se fue".

Restituciones y faltas

Hoy todo eso parece un mal sueño, una novela que Kafka escribió.

Ha habido cambios, claro está. Nunca el que parte es el que vuelve.

En el caso de los homosexuales, ninguno ha sido condecorado por serlo, pero se confraterniza con ellos y hasta se empieza a sostener (no se sabe si con anuencia oficial) que lo que hacen, malo para la salud no es. En el caso de las prostitutas, las de hoy están muy lejos de ser las guajiritas iletradas de antes.

Por lo demás, tenemos inversión extranjera, turismo, no falta la droga, y para el jazz, el rock y cuanta música había sido reputada de "imperialista" tenemos discotecas que ya empiezan a presumir. Tenemos cuentos de hadas y un canal en la televisión que baja de Disney Channel toda su programación infantil.

Si a quienes se fueron para Miami los dejara Estados Unidos venir cuando quisieran, estarían aquí todos los fines de semana. Y está, en general, la Cuba de hoy, lejos pero muy lejos de ser la de aquellos días increíbles de la acumulación del gran envío —ahora en espera de un Cecil B. de Mille que le de su lugar en la mitología junto a los días de Zeus.

El dólar ha vuelto a valer, a ser importante, muy importante. Nadie hoy, excepto que fuera un irresponsable, lo llamaría vil metal. Aunque observadas todavía, las iglesias están de nuevo llenas y los jóvenes hijos del Hombre Nuevo andan muy orondos con su crucifijo fuera de la camisa.

Grandes, hermosas cosas que antes no teníamos, las tenemos ahora, y grandes cosas perdidas entonces siguen aún sin ser restituidas, y otras que hoy tiene casi todo el mundo (y podríamos tener, y deberíamos tener) nos faltan sin embargo.

Mas sin pretender convertirme en uno de esos filósofos que andan por la calle en estos días, intentando adivinar lo que sucede o está por suceder en Cuba, al mirar hacia atrás (y no hacia las hormigas precisamente) la historia me dice que terminaremos teniendo lo que nos falta. No por bonitos: como en toda cadena evolutiva, por imperios de la necesidad.


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