Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Ancianos, Coronavirus, Economía

Mi barrio y sus ancianos

Los últimos serán los primeros… y más afectados por la covid-19

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Como en el resto de Cuba comienzan a constituir la mayoría de la población pues entre la baja natalidad (según Ruperto Marchatrás[1] no es que las mujeres no quieran parir, es que los niños no quieren nacer) y los altos índices migratorios los jóvenes disminuyen porcentual y absolutamente su número. La necesidad de incrementar los magros ingresos de pensiones (12 CUC≈USD mensuales mínima) y el cada vez más escaso racionamiento hace que los veteranos y veteranas busquen alternativas, a veces curiosas:

  • Mensajería, pues en la red comercial, incluidas las farmacias, ha desaparecido ese servicio común en la Cuba de antes y hoy en el resto del mundo.
  • Cuidadores de bicicletas, motos u otros en estacionamientos improvisados.
  • Cambiadores de sencillo (un peso x 80 centavos) ante la escasez de sencillo (menudo) en los comercios estatales y el transporte público.
  • Revendedores de la prensa (un peso) que adquieren en los estanquillos (20¢.) previas colas mañaneras.
  • Cuidadoras de párvulos, pues en Cuba existe una plaza en círculo infantil cada seis menores de cinco años.
  • Vendedores de jabitas, en Cuba bolsas plásticas con que en el resto del mundo se despachan las mercancías incluidas en el precio. Según decir popular “la jaba es el mejor amigo” pues sin ella puedes perderte productos que aparecen sorpresivamente.
  • Coleros/as, en los expendios de pasajes, comercios u otros muchos lugares donde se forman colas, vendiendo los turnos.
  • Cambistas de las dos monedas (CUP-CUC) a las tasas oficiales, pero evitando las largas colas en las casas de cambio del gobierno (CADECAS).

Frecuentemente se producen situaciones burlescas, como las siguientes.

En la calle que conduce a la oficina municipal del partido de mi pueblo existe un bache longevo y cerca un basural que en sus momentos más prósperos alcanza el techo de la edificación contigua. A mediados de cuadra un anciano coloca sobre un periódico varios aguacates procedentes de un árbol en su patio. Un inspector de comunales lo interpela:

—Tengo que multarte por venta ilícita, porque si el secretario del partido te ve regaña al presidente del poder popular, el presidente regaña al del consejo de administración, éste regaña al jefe de comunales y ese, mi jefe, me castiga a mí.

El viejo se defiende:

—El secretario del partido pasa todos los días en su carro camino de su oficina, no ve el bache hondísimo, no ve el basural altísimo ¿Por qué verme a mí?

La panadería y el kiosco de la prensa están contiguos, los ancianos y ancianas que hacen mensajería o reventa de ambos se mueven en flujo y reflujo al menor indicio de comienzo de venta, llega primero la prensa y ante el titular del Granma[2]una anciana exclama:

—Nuestro pueblo… nuestro pueblo ¿El pueblo tiene dueño que siempre le dicen “nuestro” al pueblo?

—Anciano 1: ¿Y quiénes son el pueblo?

—Anciano 2: Los que esperan por el “toma uno”[3] para desayunar, los que no lo necesitan son los otros, los dueños DEL PUEBLO…

Un funcionario del CIMEX (importadora-exportadora del sistema empresarial militar, GAESA por sus siglas), donde además trabajan su esposa, dos yernos y dos hijas, resulta designado diputado a la asamblea nacional del poder popular. Luego del paso de un ciclón por la provincia le toca recorrer su distrito para verificar daños, “pasarle la mano” a los damnificados, etc. En medio de alguna reunión un anciano, inquilino de uno de los cajones goteantes copia soviética (como la constitución, la ley electoral y el sistema económico centralmente burrocratizado), interpela al diputado:

—Nagüe[4] yo te conozco, tu coges seis jabitas[5] mensuales, seis meriendonas diarias y tienes dos carros… ¡Nagüe, así sí se puede ser ñángara[6]!

Las personas representadas resultan las más vulnerables a la pandemia que afecta a la humanidad; generalmente afectados por dolencias crónicas resultan víctimas propicias para las complicaciones que genera. En los informes de fallecimientos en Cuba casi sin excepción se mencionan las palabras diabetes, cardiopatías, hipertensión, mal de Párkinson, etc. asociadas al fúnebre anuncio. Sin embargo, a pesar de las decretadas medidas de aislamiento, suspensión de actividades, etc. los ancianos y ancianas descritos no cesan en la mayoría de sus actividades, acrecentadas por el desabastecimiento y el desorden de la red comercial minorista.

Aquellos que carecen de remesas del exterior, y aun los que contando con alguna ésta resulta insuficiente, resultan los más afectados por la ineficiencia endémica del sistema y sus consecuencias, entre ella la vulnerabilidad y falta de protección ante la pandemia. Por tanto, las situaciones descritas al inicio no son cosa de broma, ni constituyen chistes, sino ejemplos de las condiciones trágicas que rodean a los ancianos y ancianas de la Cuba de hoy.


[1] Personaje de programa televisivo.

[2] Órgano oficial del partido&gobierno, junto con el de su organización juvenil únicos diarios permitidos.

[3] Panecillo de 60-80 gramos, con pésima calidad objeto de innumerables chistes, racionado uno p/c.

[4] Apelativo en el oriente cubano.

[5] Bolsas con productos de primera necesidad para trabajadores de entidades priorizadas o del sistema militar.

[6] Comunista en argot.


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