Actualizado: 19/06/2024 16:42
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Economía

Mil dólares por cubano

El 33% del PIB se fue a bolina con los huracanes. La deuda triplica lo que once millones de ciudadanos ingresan anualmente.

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Raúl Castro acaba de informar que las pérdidas provocadas por el paso de los ciclones ascienden a 10.000 millones de dólares. Esta magnitud obliga a la reflexión, ya que viene a representar alrededor del 33% del PIB de la economía nacional, estimado en unos 30.000 millones de dólares al cambio actual. Las pérdidas tras los huracanes duplican el valor de las exportaciones anuales de la Isla (cifradas en unos 4.000 millones). Esto es, alrededor de 1.000 dólares de deuda por cada ciudadano, cuando la renta media del país se sitúa en torno a 300 dólares-año, tres veces más.

El balance pone en serios aprietos a la economía del país, con importantes daños en infraestructuras, viviendas, cosechas, medios de comunicación, y, en general, con un notable impacto sobre las condiciones de vida de una población acostumbrada a las penurias, la escasez y la miseria.

La sensación que se obtiene de las imágenes de la destrucción, es de doble índole. De un lado, que los burócratas del Partido y los encargados de desarrollar las acciones necesarias para sanear la infraestructura destruida no tienen ni idea de por dónde empezar, en ausencia de referencias concretas de mercado a las que referir los cálculos de lo que se necesita.

Una vez más, la planificación centralizada de la economía vuelve a fracasar y actúa como freno a sus posibilidades de crecimiento. No hay suficientes materiales de construcción, ni existen recambios, ni medios que reemplacen los perdidos por los ciclones. Las cosechas se han perdido definitivamente. Las escaseces en los principales mercados de productos agropecuarios se corresponden con las campañas de represión contra el alza de precios que siguieron a los primeros ciclones.

De otro lado, es casi seguro que el alcance final de los daños pueda ser superior a lo que reconocen las autoridades, lo que hasta la fecha les ha servido para obtener apoyos económicos en forma de donaciones generosas de España, Bélgica, Brasil o Rusia. Las autoridades españolas, incluso bajo la presión de los empresarios que operan en la Isla, están renegociando las posiciones deudoras de la economía cubana, modificadas tras la reconversión de las cifras de deuda del denominado Club de París. Pero el acceso a la financiación, en un mundo cada vez más revuelto y convulso, no va a resultar tan fácil como ha sido hasta ahora.

Un mundo difícil

Las remesas de las familias de Florida no van a crecer, por mucho que el presidente electo Barack Obama libere los viajes y los envíos de dinero. Hugo Chávez está viendo como el petróleo baja de precio de forma continua, y sus ofertas "solidarias" —a 100 dólares el barril— no han pasado de ser jugadas de póker mal diseñadas que sólo contribuyen a perjudicar su imagen internacional.

El turismo desciende conforme el estancamiento económico golpea a las clases medias de los países emisores. América Latina aún no ha experimentado de forma directa los efectos de la crisis mundial, pero a lo largo de 2009 se irá percibiendo el retroceso de la demanda global y de los precios de las materias primas, alterando el saldo positivo de capitales y la necesidad urgente de financiación.

En tales condiciones, el régimen de La Habana debe despertar cuanto antes a la realidad que se abre ante sus ojos, y aprovechar la oportunidad para impulsar, de una vez por todas, los cambios que verdaderamente necesitan la economía y la sociedad para prosperar y avanzar hacia el futuro.

Libertad económica, empresa privada y propiedad son los ejes básicos de actuación que Raúl Castro debe asumir cuanto antes, y abandonar las dudas e incertidumbres que paralizan su gestión y los cambios anunciados. De paso, la oportunidad viene nuevamente del exterior, igual que en el período especial, cuando se abrieron algunas puertas al libre ejercicio económico para atender el vacío dejado por el derrumbe del socialismo real europeo.

En un mundo carente de referencias comunistas y totalitarias, cuando América Latina disfruta de un espacio democrático casi general, el régimen cubano no tiene sentido y debe asumir su progresiva adaptación a la economía de mercado y la propiedad privada, al mismo tiempo que a las libertades democráticas, el pluralismo y el respeto a los derechos humanos.

Es el momento de realizar los cambios, acelerando las reformas y olvidando las viejas doctrinas que cada día resultan más hilarantes. El cambio debe venir guiado con criterios de eficacia y eficiencia, manteniendo en la medida de lo posible la equidad para restaurar la confianza en el futuro de la economía y la sociedad. El experimento ya no da más de sí. Se agotaron todas las posibilidades de dilación de las reformas que son necesarias.

Una nueva clase social debe asumir el impulso de los cambios, y los incompetentes burócratas del régimen reciclarse o dejar paso a los que traen consigo la modernización que necesita el país para superar el verdadero embargo que padece, que no es otro que el régimen impuesto por la fuerza hace casi medio siglo.

La semana que viene, en Valencia, vamos a debatir sobre estas cuestiones en un congreso organizado por la Asociación Cuba en la Distancia y la Fundación Hispano Cubana, que este año cuenta con una participación activa de economistas cubanos y españoles que conocen las recetas del éxito para el futuro de la Isla.

De estos debates van a surgir propuestas concretas en materia laboral, fiscal, sectorial, de productividad, de derechos de propiedad y de organización económica que el régimen debiera conocer y valorar. Ahora es el mejor momento. No se puede perder una nueva oportunidad.


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