Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Militares, peloteros y secuestradores

El mayor secuestrador del continente acusa a otros de secuestrar

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La fuga de los hermanos Gurriel al finalizar la reciente Serie del Caribe de béisbol en República Dominicana resultó demasiado fuerte para el régimen.

No son los primeros que escapan, ni serán los últimos, pero eran emblemas del deporte “revolucionario”, del que no temblaba ante la “pelota esclava” ni los esfuerzos de “mercenarios” para atraer talentos de la Isla. La dictadura denunció a los Gurriel por supuesta “entrega a los mercaderes del béisbol rentado y profesional”.

Cada vez que un pelotero cubano comienza a destacarse en la Isla, existe una fuga en potencia, porque en el peor de los casos, si ese pelotero solamente lograra jugar en un equipo “Doble A” de alguna sucursal de un team de Grandes Ligas, o en una liga de menos importancia, ganaría en un año mucho más dinero que todo el que pudiera obtener durante toda su vida en Cuba como deportista, entrenador, burócrata del INDER o “dirigente” deportivo, y además tendría la simpatía de los cubanos, aunque el régimen se esmere en llamarlo “desertor”, que jugará en la pelota rentada, o lo que quiera. Tales rótulos tienen connotaciones peyorativas, pero en la televisión en español del sur de Florida los repiten irresponsablemente locutores y comentaristas deportivos: no como excepción, sino como regla.

La furia de la dictadura es tan irracional no solamente porque pierde un elemento de propaganda, sino también porque se le escapa otra posibilidad de obtener moneda fuerte, gracias a las pretensiones de que el régimen sea agente-proxeneta o “representante” de los peloteros que jueguen en EEUU, lo que representaría pingües ingresos monetarios para el Gobierno y sus beneficiarios, sin prácticamente tener que hacer nada.

Los hermanos Gurriel, fundamentalmente Yulieski, eran parte del buque insignia de la propaganda castrista en el béisbol. Lourdes Jr., a sus 22 años, todavía tiene que demostrar que merece una elevada posición estelar en el firmamento deportivo profesional, pero Yulieski hace años era considerado listo para jugar en Grandes Ligas, y aparentemente ese momento ha llegado.

Por eso la histeria del régimen, presionando a República Dominicana para que denuncie la fuga de ambos hermanos como secuestro o tráfico humano, y ya esa nación ha detenido al menos a dos militares para investigar supuesta actividad de secuestro o tráfico humano, pretendiendo ignorar dos realidades: que cada vez son más los peloteros cubanos interesados en jugar en Grandes Ligas o en el béisbol profesional en cualquier país; y que si alguien mantiene “secuestrados” a los atletas cubanos cuando están en el extranjero son los “compañeros de la seguridad” que viajan con las equipos deportivos, no para proteger a los deportistas, sino para tratar de evitar que abandonen las delegaciones, sea un pelotero en República Dominicana, un karateca en Uzbekistán o un tenista en la Cochinchina.

¿Secuestrar a Yulieski Gurriel para qué? ¿Para obligarlo a jugar en Grandes Ligas contra su voluntad? ¿Para impedirle regresar a vivir al paraíso castrista y cobrar sesenta dólares mensuales como “estímulo” por sus resultados deportivos? ¿Para que los millones de dólares que paguen por su talento y su juego terminen en manos de oscuros secuestradores que no le dejarían vivir ni disfrutar lo que obtenga con su esfuerzo?

¿Por qué Yulieski Gurriel no podría seguir los pasos de otros cubanos estelares que en su momento “desertaron”, como Rolando Arrojo, Liván y “el Duque” Hernández, Yassiel Puig, Aroldis Sánchez, Yoenis Céspedes, “Pito” Abreu, y tantos que harían interminable el listado? Sin contar los que escaparán después, cada vez más, mientras una pandilla de delincuentes en La Habana se considere con sagrados derechos de apropiarse del talento, esfuerzo y vida de sus súbditos, a nombre de una supuesta “revolución” que 57 años después de robarse el poder no puede garantizar ni un vaso de leche diario a cada cubano.

Para el libelo Granma y el departamento ideológico del partido comunista cubano este caso podrá enfocarse como secuestro o tráfico humano. Tontos útiles, esbirros digitales y miserables ideológicos se prestarán a hacerle el juego a esa infamia. Tal vez algún que otro militar dominicano sea investigado o acusado de cualquier cosa en función de los intereses de La Habana. La larga mano del castrismo se mueve cómodamente en todo el continente, mucho más entre sus vecinos más cercanos.

La mentira podrá mantenerse un tiempo o sobre algunos sectores de la población, pero nunca todo el tiempo ni sobre todo el mundo.

Cuando Yulieski Gurriel ocupe el cajón de bateo en algún equipo de Grandes Ligas que le habrá pagado millones de dólares por contratarlo, el andamiaje de la propaganda castrista y su despreciable ideología rodarán por el fango una vez más.

Lo que no impedirá que desde La Habana sigan mintiendo y difamando. Ni que los Gurriel y los que les seguirán continúen ganando millones de dólares con su talento y su esfuerzo.

Para desgracia de Antonio Castro Soto del Valle y todos los bandidos que pretenden continuar enriqueciéndose con el talento y el sudor de tantos cubanos.


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