Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Misión imposible: eliminar el secretismo en la prensa cubana

Los periodistas en Cuba no son profesionales de la información, sino soldados de la orientación revolucionaria y la educación política

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Una vez más, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel tiene que hacer el ridículo llamando a la prensa oficial a una misión imposible: terminar con el “secretismo” que la caracteriza.

El segundo al mando en el Estado y gobierno cubano, a cargo de las cosas menos importantes en el país, dice que en los medios del régimen “debe prevalecer el equilibrio entre lo positivo y lo que no se hace bien, de forma que la prensa pueda contribuir con sus análisis e investigaciones a impulsar la solución del mayor número de problemas”.

Correcto solo en la superficie lo que señala el vicepresidente, que no menciona las causas de ese secretismo que impide solucionar problemas. Dijo que ocurre porque “en determinados sectores (…) sus directivos se oponen a dar informaciones de diversos temas”. Como si no hablara de Cuba, sino del planeta Júpiter o de la isla de Tonga.

Porque es válido preguntar: si esos directivos, que no son entes abstractos, sino “cuadros” del Estado, gobierno y partido, se oponen a dar información, ¿qué hacen el Estado y el gobierno, de los cuales Díaz-Canel es primer vicepresidente? ¿qué hace el partido comunista, del cual es miembro de su buró político?

¿Cuántos dirigentes del Estado, gobierno o partido han sido “tronados”, demovidos o sancionados por no brindar información oportuna, veraz y completa a la prensa?

Como eso nunca ha ocurrido en más de medio siglo, el discurso del vicepresidente queda en pura demagogia: “el debate, el intercambio y la polémica deben estar presentes en la labor cotidiana de cada periodista”. Sin embargo ¿cómo podrían los periodistas debatir, intercambiar o polemizar si no existe información clara y abierta?

Si situaciones como esas hubieran ocurrido en la antigua Grecia, jamás hubiéramos sabido de Platón, Aristóteles y Sócrates. Problemas reales requieren soluciones reales, no discursos abstractos ni palabras vacías. Soluciones que no hay, aunque algunos ilusos creyeron que con el congreso de la Unión de Periodistas las cosas cambiarían. Pero la vida sigue igual. O peor.

Es significativo algo que la misma prensa que debería luchar contra los malos hábitos que se le señalan no demuestra asimilar: dijo el vicepresidente que “los medios provinciales, fundamentalmente, tienen un trabajo más consolidado en el tratamiento con enfoques críticos del acontecer de sus respectivos territorios”.

Interesante. Aunque nadie se pregunta por qué. Simplemente, se acepta que es así porque así lo declaró el orador, y todos felices como lombrices. Y nadie se plantea, por ejemplo, cuál es la responsabilidad del Departamento Ideológico del Partido en esta realidad.

Se dice que debe haber debate, intercambio y polémica en la actividad cotidiana de los periodistas. Sin embargo, ante la aplastante realidad de que los medios provinciales y locales, con muchos menos recursos que los nacionales, están más a tono con las realidades de sus territorios que lo que lo están los nacionales con las del país, ningún periodista se pregunta por qué, y mucho menos se atreve a comentar sobre ese tema.

Para ser honesto, pienso que nada se resuelve crucificando periodistas oficialistas. Tal vez ni hasta al propio orador, que perdió una maravillosa oportunidad de haberse quedado callado, pero no tuvo más remedio que hablar en Holguín: ese es el precio de una vicepresidencia adjudicada, porque no fueron los votantes cubanos quienes le eligieron.

Los periodistas en Cuba no son profesionales de la información, sino soldados de la orientación revolucionaria y la educación política. La prensa de los Castro no existe para informar, opinar o debatir libremente, sino para “educar” a la población de acuerdo a los intereses del partido, sean los famosos lineamientos, los cinco espías, o el “criminal bloqueo”, como actualmente, o como fue en otros tiempos la ofensiva revolucionaria, la zafra de los diez millones, la cantaleta de que la deuda externa era impagable, Ubre Blanca, las microbrigadas, los contingentes, la escuela en el campo, lo de “ahora si vamos a construir el socialismo”, el plátano Microjet, la revolución energética, o cualquier otra cosa que inventaran.

Ahora en estos días el partido impone destacar la supuesta aplicación perfecta de los lineamientos surgidos del sexto congreso, las ventajas de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, la lucha contra la carencia de valores morales y cívicos en la sociedad, o la eliminación del secretismo en la prensa. Hasta que surja un nuevo tema. Ya casi no se habla del fraude escolar, que semanas atrás parecía lo único que interesaba destacar. Pero ya pasó el embullo con esa consigna.

Para la prensa del régimen siempre harán falta nuevos temas y alborotos. Porque no puede hablar del buque norcoreano capturado en Panamá con armamento procedente de Cuba, del cólera y el dengue, de los bajos salarios, de la corrupción, de los abusivos precios estatales, de las indisciplinas, del aniversario del ridículo militar en Grenada, del mal estado de millones de viviendas, de las arbitrariedades del gobierno, de la represión, del estancamiento de la agricultura, de la falta de productividad, de las arcas vacías del gobierno, de la deuda externa, o de que los cuentapropistas son siempre mucho más efectivos y eficientes que las empresas estatales, en cualquier actividad que compitan.

Entonces, si no se puede hablar de temas verdaderamente importantes y trascendentes para el país y para los cubanos, lo más conveniente resulta hablar de otros secundarios y que no le interesan a nadie, como ahora este de pedir públicamente, por enésima vez, terminar con el secretismo en la prensa.

Aunque, en privado y en voz baja, se “oriente” que no se vayan a tomar demasiado en serio la consigna, porque si de verdad se hiciera la prensa “revolucionaria” no podría existir.

Así que tampoco hay que exagerar.


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