Actualizado: 17/10/2017 10:31
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No hay cambio de mentalidad

El más reciente disparate de la dirección política cubana: la propiedad estatal como sinónimo de propiedad social

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“En Cuba existe y existirá la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción” dijo el domingo 7 Marino Murillo en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Hemos tenido que esperar siete años para enterarnos que “los cambios estructurales” propuestos por el presidente Raúl Castro, no significan más que “la actualización” de un sistema que ha probado no funcionar por más de 50 años. Pero como en Cuba no hay democracia pues uno puede escuchar los disparates diarios repetidos por los ecos de una prensa obediente y sumisa, o será ¿desinformada? No hay evaluación crítica de la nueva política.

El primer disparate, que ahora se renueva, es que la propiedad estatal es lo mismo que la propiedad social. Más de medio siglo de discusiones y de práctica económica han demostrado que la propiedad estatal no es del pueblo sino de los que dirigen el estado, pero la ignorancia o la arrogancia de los que dirigen el país, sin contraparte política interna, les permite erigir sus “verdades” en voluntad nacional y al margen de toda la experiencia acumulada en el “socialismo real”. Este es uno de los ejemplos de cómo la falta de democracia económica y política, pospone los intereses del desarrollo y de los súbditos, perdón, del pueblo, en espera de que los que dirigen el país “aprendan” a dirigirlo.

Aún, la clase política cubana no ha aprendido que la planificación centralizada es un fracaso y que la planeación indicativa democrática es la que hizo a los países como Francia, Japón, Bélgica, Holanda, Noruega y Suecia, alcanzar grandes niveles de desarrollo a partir de la posguerra. Esta experiencia no se quiere comprender, si no más bien insistir en que el socialismo es el partido único, la falta de democracia ciudadana y la empresa estatal parasitaria, una trinidad nefasta. “La economía de la penuria” como diría János Kornai. La cúpula dirigente del país sigue aferrada a la visión de los manuales soviéticos con el agravante de la ausencia de democracia para corregir un nuevo rumbo errático.

Con su habitual falta de transparencia, los dirigentes hablan de los medios “fundamentales” en manos del Estado sin explicar qué se entiende por ello. No nos queda más remedio, por la falta de explicación, que deducir una comprensión de “fundamental” como sinónimo de “mayoritaria”, y por eso, se da por sentado que las formas privadas y cooperativas actualmente confinadas a pocos rubros y asfixiadas por impuestos, precios arbitrarios estatales y controles directos por parte del estado es todo lo que se pretende hacer para “socializar” la producción. Estas formas no estatales absorben sólo menos del 20 % de la población empleada del país. Nadie ha sometido este “modelo” al escrutinio popular, porque ya se sabe que la visión de los dirigentes cubanos es que el pueblo no comprende, es bruto y hay que explicarle, por lo tanto se toman las decisiones que afectan su vida sin consultarles. Hay que reconocer que hay una mínima mejora: si antes nunca se daban explicaciones, ahora el presidente propone explicarle a los ciudadanos cada cinco años lo que se ha hecho. Una explicación post festum que imposibilita la participación popular. Pero ya conocemos que la “participación popular” es pura retórica para la complacencia discursiva de los que dirigen el país.

La doble moneda y el discurso de “la buena pipa”

Vuelve el tema de la doble moneda y continúa la política de no resolverlo. No se acaba de comprender “el cuello de botella” que representa para la productividad y se le analiza a la inversa. No se producen procesos inflacionarios si se aumentan los salarios y se aumenta la demanda. El verdadero “cuello de botella” está en que el estado quiere seguir manteniendo el monopolio estatal del comercio interno y externo y que los costos de la crisis siga siendo pagada por la población y por los familiares que envían las remesas. Las políticas de austeridad no dan resultado, la crisis reciente en Europa lo demuestra todos los días, pero los dirigentes cubanos viran la cabeza hacia otro lado y siguen persiguiendo una política de austeridad 23 años después de la crisis más profunda de su historia. El tema continúa con una visión monopólica estatal de la economía, con una prohibición sobre los monopolios capitalistas pero dejando intactos los “socialistas”. Una distorsión de precios que invisibiliza el derroche y la ineficacia en primer lugar de la empresa “socialista”. Mientras no se estimule la demanda y se aumenten los salarios no se logrará el aumento de la productividad del trabajo ni podrá contarse con índices económicos fiables. La doble moneda es el obstáculo mayor de la productividad.

La producción y los servicios en volúmenes

Tampoco han aprendido los dirigentes cubanos que evaluar la producción y los servicios en volúmenes cuantitativos esconden toda la ineficacia de la política económica. Se puede decir el monto de pesos otorgados en créditos que eso no dice nada sobre si la demanda está siendo satisfecha aunque sea mínimamente. Se puede decir los volúmenes de producción de los materiales de construcción, que nada dice con relación a las producciones que no se cumplen en esa rama, ni en qué sentido esa producción se relaciona con la demanda. Una información cualitativa, podría ser evaluada en relación a la demanda y por lo tanto servir de índice para corregir las políticas en curso. De la manera en que hoy se informa es el mismo modelo soviético de los años 70s que los planes de producción se cumplen en volúmenes pero no llegan a la mesa del trabajador. El ex presidente Fidel Castro basó todos sus discursos largos y muy aburridos, en las toneladas de todo lo que se producía y se produciría en el futuro, para luego de 50 años concluir que “el modelo no nos sirve ni a nosotros mismos”. En esta manera de evaluar la producción y los servicios, tampoco hay cambios de mentalidad.

La virtud hegeliana

La nueva campaña en contra de las “indisciplinas sociales” mantiene la vieja mentalidad de que la virtud y la honestidad se dan como valores sociales al margen de las condiciones de la vida cotidiana, con una visión hegeliana digna de los cuentos de hadas. Han dejado que la población viva durante 23 años en condiciones de “jungla”, sin derechos económicos y políticos, maltratados, humillados, violando las leyes o de espaldas a ella, sin posibilidades de ganar su sustento de manera honrada y ahora sostienen la visión de una “consciencia” que lo resolvería todo. Basta crear consciencia con el discurso político para llevar de nuevo a la ciudadanía hacia los valores deseados.

Sin un cambio radical en las condiciones de vida cotidianas, y esto implica una democratización económica y política radical, los llamados a la honestidad seguirán siendo “cantos de sirena”.

Pobres nuestros dirigentes, no se permiten cambiar la mentalidad.


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