Actualizado: 16/04/2021 17:58
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Patria, Muerte, Vida

Patria, vida, muerte y el ejemplo de Fidel

Es triste reconocer que las declaraciones y las proclamas contra las nuevas generaciones que demandan el cambio y se niegan a emigrar, tienen un rancio olor

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La canción “Patria y Vida” ha tenido tal impacto que el régimen no ha podido ignorarla. Es una contrapropuesta a la narrativa de “la continuidad” del régimen: más hambre, miseria y muerte. Es un himno a la esperanza y a la libertad, una respuesta que ha conmovido los cimientos del partido y un reto a la trágica consigna de “Patria o Muerte” del desaparecido dictador.

La frase de Fidel repetida hasta el cansancio, fue un esfuerzo castrista para desvirtuar el pensamiento de José Martí: “Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”. Y también: “Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia que se rebela: de la soberbia, que sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una sola clase de sus hijos”.

Un examen de la historia por décadas tergiversada por el régimen, demuestra la falacia doble del concepto: la patria de que hablaba el Líder Máximo poco tenía que ver con las luchas por la independencia ni las raíces de la nacionalidad. En cuanto a morir, para Fidel era el lógico destino de los jóvenes soldados que enviaba a matar y vencer, o en su defecto a morir, en Africa al servicio de los diseños imperiales de la Unión Soviética. El grito del dictador de “morir, antes que retroceder” demostró ser una mentira más del embustero-en-jefe.

Fidel retrocedió en el Moncada, dejando abandonados a la muerte a sus compañeros, mientras que la Iglesia le salvaba la vida. Durante el Bogotazo, la sublevación en la capital colombiana a donde había acudido para asistir a un congreso estudiantil financiado por Juan Domingo Perón, Fidel alentó a los colombianos a asaltar estaciones de policía, sin darle mucha importancia al costo en vidas humanas. Años después, Guillermo Belt, el embajador cubano en Bogotá durante los disturbios, me relató como el joven Castro busco refugio en la embajada. El embajador, que después de la revolución castrista partió al exilio con su esposa, le salvó la vida al futuro comandante-en-jefe, incluyéndolo en un avión de carga de ganado con destino a La Habana. Quizás de aquella aventura proviene la obsesión de Fidel con Ubre Blanca, la pobre vaca, que murió cuando intentaba romper otro récord de producción lechera, siguiendo las órdenes del comandante.

¿Qué puede decirse de lo que queda de aquel proyecto revolucionario democrático por el que murieron Frank País y tantos otros, cuando Alpidio Alonso, el ministro de Cultura se ve obligado a amenazar públicamente a jóvenes artistas, cuya popular canción según el funcionario, es una amenaza yanqui contra la soberanía nacional? Es triste reconocer que las declaraciones y las proclamas contra las nuevas generaciones que demandan el cambio y se niegan a emigrar, tienen un rancio olor.

Las palabras de Alpidio Alonso están inspiradas en el terror desatado por Fidel Castro contra los jóvenes que subrepticiamente se reunían hace 50 años para escuchar las melodías prohibidas de los Beatles. Aquellos jóvenes, junto a gays y testigos de Jehová, fueron recogidos en La Rampa por camiones del ejército y enviados sin más contemplaciones a los campos de trabajo forzado de las UMAP. La arbitrariedad fue denunciada por Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Mario Vargas Llosa y otros intelectuales. Las arbitrariedades de hoy ya el mundo entero las está denunciando.


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