Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Política

Periodismo de rebote

Lo que ocurre en Cuba se conoce entre líneas por las diatribas oficiales contra la prensa extranjera.

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En los últimos meses se ha incrementado una variante curiosa dentro del monopolio de la prensa en la Isla: "el periodismo de rebote".

Se trata de artículos que, por supuesto, tienen su nicho natural en la prensa oficial. Con alardes aperturistas y cosmopolitas, se muestran a la vez "críticos" con los problemas de la sociedad y apologistas de la máxima dirección del país. Un destino que requiere, simultáneamente, una buena dosis de cinismo y una vocación enfermiza por el disimulo.

Para estos fines, los "cruzados de la revolución" se sirven casi siempre de los reportes noticiosos —sin publicarlos textualmente— que las agencias internacionales de prensa acreditadas en la Isla publican en el mundo.

Un buen ejemplo para ilustrar este fenómeno es el largo artículo publicado en Juventud Rebelde y reproducido en Granma, con el título "El fantasma de la tontería informa sobre Cuba". Su autor, un desconocido Pablo Valiente, se explaya contra los mencionados reportes de la prensa extranjera que, según él, difunden "tergiversaciones malintencionadas" sobre la Isla.

Llevado por una apasionada defensa del régimen, el articulista filtra algunos comentarios que permiten al ciudadano de a pie hacerse una idea más o menos aproximada de lo que se dice y acontece en su país. De ahí que es un "periodismo de rebote": conocemos lo que está ocurriendo en el país por los ocasionales comentarios de la prensa nacional sobre la prensa extranjera, habida cuenta de que estos últimos reportes no se hacen públicos.

De igual manera, conocemos la imagen que tienen los periodistas oficiales sobre los ciudadanos de la Isla: "Se ha tergiversado tanto la realidad de Cuba que cualquier variación de nuestro patrón de conducta pública mueve a analistas, periodistas y agoreros…". Se admite así que la sociedad responde a "un patrón de conducta", y a la vez, que dicho patrón está variando, aunque sin más explicaciones.

'Burlón, aunque nunca suicida'

El autor no encuentra otra alternativa que admitir la existencia de un debate interno (a fin de cuentas no se puede tapar el sol con un dedo), pero no menciona en qué consiste el debate, sobre qué temas gira y cuáles son sus resultados. No se menciona la polémica de los intelectuales, ni los críticos análisis que se han desatado, con su punto más candente en las reuniones de los empleados cubanos de las empresas de capital extranjero y en el encuentro entre Ricardo Alarcón y los estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI).

Ni siquiera se hace una leve referencia al "debate" posterior al discurso de Raúl Castro el pasado 26 de julio, que tuvo lugar en cuadras, barrios y centros de trabajo, y del cual no se ha escrito hasta hoy una palabra en los medios oficiales.

Pablo Valiente se pregunta: "¿Es que en Cuba no ha existido nunca el debate?", y para responderse afirmativamente alude a una supuesta "proyección psicosocial del cubano", que, según él, es "harto discutidor, inconforme perenne, crítico burlón y humorista mordaz, aunque nunca suicida" (el subrayado es mío).

En este enunciado está la esencia: en Cuba se discute —y mucho—, pero sólo de pelota. La mayor muestra de inconformidad de los ciudadanos se traduce en el éxodo constante. Lo que Valiente llama "burla", muchas veces no pasa de ser guasonería barata, en tanto los humoristas más mordaces no pueden publicar en los medios y son censurados constantemente en la televisión. Pero eso seguramente lo sabe el articulista, que no por gusto añade lo de "nunca suicida".

Queda implícito que se permite jugar con la cadena, pero nunca con el mono (últimamente rebautizado como macaco mayor).

Con seguridad, por eso este periodista se apresura a ensalzar a la revolución y a sus dirigentes, no vayan a creer estos que sus duras críticas "al Estado paternalista", que al parecer hizo de nosotros unos inútiles e irresponsables crónicos, así como a otros errores del proceso, impliquen una intención de responsabilizar al gobierno.

Por eso difumina las culpas y las reparte generosamente entre todos los ciudadanos: "Todos somos testigos de cómo, en el funcionamiento de las estructuras políticas y económicas, más allá de su marco regulatorio y normativo, son los seres humanos quienes con sus conductas, actitudes e intereses determinamos el rumbo de los acontecimientos y de las organizaciones". ¿No es brillante?

Todos culpables

Como es práctica en los medios oficiales, se menciona que hay toda una "alharaca mediática" en torno a Cuba; pero, ¿cómo no serán significativos los hechos, si ese mismo "Estado paternalista", que detenta el monopolio de la prensa y, por tanto, convierte a Pablo Valiente y a prácticamente todos los periodistas oficiales en mercenarios al servicio del poder, se siente en la obligación de mencionarlos aunque sólo sea para confundir a la opinión pública nacional?

Ahora, al cabo de 50 años de aguante, Valiente propone que "hagamos carne en vez de proclamarlo en vallas, el concepto de Revolución que definió Fidel en el año 2000". Gracias, periodista, pero los que ya peinan canas están tan hartos de las proclamas como de las siempre ambiguas definiciones de Castro.

Por último, y también de rebote, Pablo Valiente confirma algo que hemos sostenido desde la opinión alternativa: desde hace medio siglo, todo lo que se mueve en la cúpula de gobierno es conspiración. Todo se cuece a espaldas de los ciudadanos, todo se oculta, desde la política exterior hasta la propia vida nacional. Esto explica que aquí se hace público el hecho de que en alguna escuela de Estados Unidos un estudiante asesine a sus compañeritos, mientras se oculta que en una escuela cubana un maestro emergente asesine a un estudiante.

Ahora este periodista revela que lo que está ocurriendo dentro de la revolución —"la bola de nieve"—, "la haremos visible en el momento oportuno, de la forma adecuada y en el lugar preciso" (la frase creo haberla escuchado antes), ya que no debemos olvidar que "quienes la echaron a rodar son conspiradores natos". Desde la propia oficialidad ha surgido un nuevo sinónimo, sin dudas más adecuado, para el vocablo revolución: "conspiración".

Esto ya era conocido, pero Valiente debe tener cuidado con lo que dice, pues conspirar constituye una figura delictiva en las leyes de la Isla. ¿Acaso el desconocido periodista está acusando al gobierno del mismo delito por el cual han muerto o guardado prisión miles de cubanos en los últimos 50 años?


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