Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Exilio, Inmigración, La denuncia de hoy

“Por la izquierda”

Los cubanos, la inmigración temporal, los viajes a Miami y la variante de la explotación del hombre por el hombre explotado

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Trabajar “por la izquierda” significa, ahora lo sé, realizar una labor sin que el salario cobrado quede registrado, y sin que, por tanto, quien lo percibe deba pagar impuestos al gobierno; asimismo, el “empleador” se libera de pagos de seguridad social y otras obligaciones fiscales, etc.

Es algo ilegal, clandestino, pero se realiza. Es un pacto bajo palabra, digamos.

Desde que el gobierno estadounidense ampliara la extensión de visas a los cubanos, y aun en no pocos casos otorgara visados de entradas y salidas múltiples, nadie podría calcular, por lo que veo, cuántos isleños vienen a Miami a hacer su zafra; es decir, a trabajar “por la izquierda” en las más variadas labores. Se llevan a Cuba el dinero obtenido, y luego regresan a la Capital del Sol para dar otro “pase”.

Según mis observaciones y las anécdotas escuchadas de buenas lenguas, la mayoría de los susodichos realizan labores de ayudantes en restaurantes, de jardinería, repartidores, cuidadores de viejecitos, etc.

Aun sé de un caso en que el visitante ha suplido a un trabajador legalizado a cambio de la mitad del salario que este recibe de su empresa. Es decir, aquel trabajador, mensajero, pero que tiene asimismo otro trabajo, descansa unos días aplicando esta “variante” con el cubano proveniente de la Isla, que, como se sabe, está en crisis.

O sea, esto viene siendo como la explotación del hombre por el hombre explotado.

El caso más “raro” de estos “trabajadores eventuales” lo conocí hace poco: su protagonista es una mujer. La señora (¿o debo decirle “compañera”?) viene a Miami cada cuatro meses aproximadamente a cuidar a una pareja de ancianos, cuyos hijos y nietos así tienen un descanso de tres meses y a veces más de una labor tan agotadora. La señora cubana, por eso lo que escribí antes entre paréntesis, es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC). Los familiares de los viejecitos, además de techo y comida, le pagan $200 semanales durante un trimestre.

Debemos suponer que la compañera en cuestión, allá en su núcleo del PCC, participa con denuedo tanto para continuar luchando por las ventajas del socialismo, enalteciendo la figura de su invicto Comandante en Jefe y criticando las banalidades y la deshumanización del capitalismo.

Según me ha respondido quien lo sabe, la militante en cuestión avisa a los familiares de la pareja de ancianos, así como a quienes visitan su casa, que ella no habla de política. Es decir…, en Miami no habla de política.

A ella le ha ido bien: ya remozó su vivienda en la Isla y ha comprado no pocos de los equipos electrodomésticos que pone a la venta el régimen en sus tiendas por divisas.

Estos “zafreros” que vienen a Miami, naturalmente llevan un nivel de vida muy superior al del cubano “sin visa” y suelen vestir buena ropa, aun de marca, traída desde EEUU.

Al menos yo sé de otro caso que en menos de par de años compró una casita en Cuba, ahora sí, por la derecha, que ya se puede, con el trabajo que realizó en Miami por la izquierda.

Y así van resolviendo estos afortunados.

En todo esto, yo veo varios daños.

1º. El dinero que estas personas ganan aquí, en muchas ocasiones lo podrían percibir habitantes de Miami. Pero sucede que los visitantes con visa ya tienen eso “amarrado” con sus “empleadores”, quienes por otra parte están conscientes de que a los cubanos en crisis los pueden remunerar con un poquito o hasta un poco menos que a los residentes. Vale agregar en este punto que, según vemos, la cadena de cubanos con visado que vienen a la zafra va creciendo. Unos a otros van haciendo sus “conectos” y de este modo suma y sigue.

2º. Hay una fuga de impuestos en lo que se refiere el erario estadounidense.

3º. El dinero que los zafreros ganan aquí va a dar directamente a las arcas de la dictadura. Primero, con el impuesto que el régimen tiene establecido para la moneda extranjera. Segundo, con el impuesto que aplica a los productos que se venden en la tiendas, todas del castrismo. Tercero, con la utilidad total que obtiene de dichos productos, puesto que el gobierno es el vendedor. Esto podría no parecernos absoluto, pues ya existen en Cuba pequeños restaurantes y otros comercitos y servicios privados. Pero no es así: si los zafreros gastaran parte de lo que traen de Miami en uno de estos negocios, finalmente la plata va para el gobierno, que es el dueño de todas las tiendas. O sea, por muchas vueltas que dé en Cuba un billete fuerte, al final va a las arcas de la dictadura. Es decir, y quiero enfatizar: no es más que es dinero transportado desde Estados Unidos para Cuba.

4º. ¿Cómo deben sentirse esas personas que han sufrido un exilio inclemente (“duro oficio el exilio”, diría el poeta), que no han podido ir a Cuba por una u otra razón o que les ha sido negada la entrada a su tierra… con este relajo de los “zafreros”, que hoy entran, salen, cargan y recargan a su antojo?

Ya ven. Así van las cosas.


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