Actualizado: 24/09/2021 16:37
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Protestas, Internet, Castro

Posibles causas que llevaron a lo ocurrido el 11 de julio

Cuatro acontecimientos claves en Cuba durante el periodo 2008-2016

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El 11 de julio pasado el pueblo cubano se lanzó a las calles para protestar, e inmediatamente el gobierno culpó de ello a la covid-19 y al bloqueo económico que Estados Unidos impone a Cuba. A lo cual decimos que puede que las carencias y frustraciones creadas por covid-19 hayan, de alguna manera, catalizado las protestas, justo como sucedió en otras naciones; y quizás el bloqueo influyó en algo, aunque en realidad Cuba puede comerciar con todo el mundo menos con Estados Unidos. Es más, Cuba viene comprando alimentos y medicinas estadounidenses, en Estados Unidos, desde el año 2001, y Cuba puede comprar productos estadounidenses en terceros países, en mercados tan cercanos a Cuba como el mexicano, panameño, dominicano y bahamés entre otros. Por tanto, consideramos que las causas del 11J hay que buscarlas más allá de covid-19 y del bloqueo.

Por ejemplo, las protestas podrían estar relacionadas con cuatro sucesos ocurridos durante el periodo 2008-2016, comenzando con la enfermedad de Fidel Castro y culminando con su muerte en 2016. Los sucesos son: 1) la autorización del cuentapropismo y la eliminación de la tarjeta blanca o permiso de salida del país; 2) el fin de la normativa pies secos/pies mojados y el aumento de visas otorgadas por Estados Unidos a cientos de miles cubanos; 3) el acceso a internet y telefonía móvil; 4) la muerte de Fidel Castro y el vacío de poder que ésta dejó. Creemos que esos sucesos, sin par en la historia de la revolución cubana, transformaron la vida política, económica y social en Cuba durante el periodo 2008-2016, preparando el camino para las protestas recientes. Comentemos brevemente cada uno de esos sucesos.

En primer suceso comenzó con la súbita enfermedad de Fidel Castro en el año 2008, forzándolo a ceder el poder a Raúl de manera inmediata y urgente. De repente, la figura y el discurso político de Fidel dejaron de ser omnipresentes y, por primera vez desde el año 1959, los cubanos vivieron sin un Fidel todopoderoso y aparentemente imbatible e inmortal. Posiblemente a los cubanos les hubiese tomado muchos años aprender a vivir sin Fidel, pero otros sucesos apuraron el aprendizaje. Por ejemplo, Raúl, en cuanto tomó el poder, abandonó la batalla de ideas y el conservadurismo fidelista, y anunció un paquete de reformas económicas y políticas que, si bien tímidas y exiguas, afectaron la sociedad cubana como nunca antes desde el triunfo de la revolución. Muchas de esas reformas fueron engavetadas sin más consecuencias, pero dos verdaderamente importantes transcendieron.

La primera reforma fue el cuentapropismo o trabajo por cuenta propia. Eso fue significativo porque por primera vez desde 1968 —cuando el gobierno cubano eliminó los últimos vestigios de negocios privados— hubo una presencia legal de la empresa privada en la actividad económica cubana. De la noche a la mañana, cientos de miles de cubanos abandonaron el mercado negro y muchos otros renunciaron a sus puestos de trabajo (muchos fueron cesanteados) para laborar por cuenta propia. Y con ello nació un segmento nuevo en la población, el cuentapropista, cualitativamente distinto a otro segmento, el que trabajaba para el gobierno. Como era de esperarse, al primero le fue mucho mejor que al segundo. Los cuentapropistas tuvieron tanto éxito inmediato que el gobierno decidió hacerles la guerra con multas e impuestos. Los cuentapropistas persistieron, y pronto se acostumbraron a las libertades que trae el ser jefe de uno mismo, trabajar por cuenta propia y para beneficio propio por muy arriesgado, duro y difícil que sea.

La otra reforma raulista fue la eliminación, en el año 2013, de la tarjeta blanca o permiso para viajar al extranjero. Como consecuencia de eso, millones de cubanos ya han visitado otras naciones. Muchos no regresaron a Cuba, pero muchos sí. Muchos, incluso, regresaron luego de vivir en el extranjero por un largo periodo de tiempo. Algunos cursaron maestrías y doctorados en universidades europeas y latinoamericanas. Otros se dedicaron a la actividad comercial conocida como mula. Bastaba con ir al aeropuerto internacional José Martí para ver a mulas y mulos cargados de equipajes, procedentes de Panamá, Ecuador, México, Haití y España entre otros mercados, gracias en gran medida a la eliminación de la tarjeta blanca. Entonces, los que regresaron a Cuba, consigo trajeron todo lo visto y aprendido. Ellos vieron y aprendieron opciones ideológicas y partidistas diversas; vieron la propiedad privada y el capitalismo con todos sus atributos y defectos; vieron varios modelos de socialismo con sus fallas, virtudes y particularidades; vieron procesos democráticos y activismo político de primera mano. Y seguramente compartieron todo eso con familiares y amigos. Quizás hasta cambiaron de posición ideológica porque es difícil, casi imposible, ser la misma persona luego de viajar por primera vez fuera de Cuba. Es más, después de haber visto el mundo, es difícil vivir en Cuba sin por lo menos aceptar —aunque sea en silencio— que el sistema económico y político cubano es ineficiente, inoperable e irreparable. Sencillamente no funciona.

El segundo acontecimiento ocurrido durante el periodo 2008-2016 fue, por un lado, el fin de la norma pies secos/ pies mojados y, por el otro lado, el otorgamiento de visas a los cubanos para viajar a Estados Unidos. Si bien el fin de esa medida disminuyó drásticamente el movimiento de balseros hacia Estados Unidos, también creó una olla de presión política y social dentro de Cuba porque, de repente, la solución a los problemas de los cubanos no estaba en montarse en una balsa e irse del país. La solución estaba en marcharse de Cuba por otra vía o quedarse en Cuba a ‘resolver’ o delinquir, con todo lo que eso significaba. De todos modos, en realidad la emigración de cubanos hacia Estados Unidos continuó a través del otorgamiento de cientos de miles de visas estadounidenses de hasta por cinco años. Muchos cubanos se beneficiaron con ello y viajaron a Estados Unidos, pero la gran mayoría no consiguió la visa. De los que lograron viajar, muchos se quedaron en Estados Unidos permanentemente antes de que sus visas expiraran. Y muchos hicieron el viaje de ida y vuelta, incluso, varias veces al año, lo cual se hizo asequible gracias al abaratamiento considerable de los pasajes aéreos. Como es lógico, todo eso creó una nueva división económica y social en Cuba porque, si antes estaban los que tenían familiares en Estados Unidos y los que no, ahora estaban los que podían ir a Estados Unidos y los que no. Los que viajaban a Estados Unidos, observaban e intercambiaban experiencias, criterios y planes profesionales y de negocios para el futuro inmediato; luego regresaban a Cuba cargados de todo eso, y de equipajes, mucha pacotilla. Entonces, como en el caso de los cuentapropistas, aquí también podemos hablar de un nuevo segmento social en la población: los que viajaban a Estados Unidos periódicamente y regresaban a Cuba cargados de equipajes para uso personal y negociar.

Cabe señalar el papel jugado por mulas y mulos y la industria de envío de paquetes y remesas a Cuba que, si bien existían desde los años 90, ahora eran muchísimos más. Eran, a pesar del embargo, responsables de una voluminosa corriente hacia Cuba de mercancías de todo tipo: desde comida, medicinas y ropas, hasta teléfonos móvil, televisores, aires acondicionados, piezas de repuesto de todo tipo y cash, millones de dólares en efectivo. No eran necesarias las estadísticas para probarlo. Bastaba con pasear por Miami y sus alrededores para ver las agencias de envío de paquetes, o con visitar los aeropuertos de Tampa, Orlando y Miami para ver a cubanos con maletas repletas, casi siempre sobrepasadas de peso. Imaginamos que todo eso resultó frustrante y hasta humillante para ese segmento de la población que no podía viajar a Estados Unidos ni a ninguna parte y tampoco comprar las mercancías que mulas y mulos comerciaban en Cuba. Bastaba con ir al aeropuerto José Martí para ver la lujuria y la envidia en los ojos de aduaneros y trabajadores de ese aeropuerto. Quizás por eso el gobierno cubano, siempre celoso de la desigualdad social, decidió ignorar los beneficios económicos y de bienestar que el comercio de mulas y mulos traía para el pueblo y la economía cubana en general, y le declaró la guerra. Justo como venía haciendo con los cuentapropistas, les impuso impuestos exorbitantes y trabas burocráticas de todo tipo, lo cual, lógicamente, incomodó a esa parte del pueblo cubano que sí se beneficiaba. A propósito, durante las revueltas del 11J, si bien la primera reacción del gobierno cubano fue culpar a la covid-19 y al bloqueo, la segunda reacción fue la reducción y/o eliminación de impuestos a las importaciones de alimentos y medicinas por viajeros cubanos. Rectificaron, lo cual vemos muy bien.

El tercer acontecimiento importante ocurrido durante el periodo que comentamos es el acceso a internet y a la telefonía móvil, lo cual a su vez permitió el acceso a Facebook, Twitter, Instagram y otras plataformas digitales. Las plataformas sirvieron para que los cubanos, en particular aquellos que no podían viajar al extranjero, tuviesen más de una ventana al mundo y así pudieran ver y comparar lo que no tenían con lo que querían tener. Las redes sociales también sirvieron para que los cubanos ejercieran la libertad de expresión y el activismo político. Comenzaron con chistes y burlas inocentes hacia el gobierno y sus dirigentes, y pronto llegaron a la crítica severa y pedidos de cambios drásticos. Asimismo, las plataformas digitales sirvieron para que los cubanos denunciaran con pruebas los abusos y arbitrariedades que las autoridades cubanas cometen día a día. En general, el acceso a las plataformas digitales resultó decisivo para el intercambio de información y activismo político del movimiento San Isidro y el 27N, algo verdaderamente novedoso en Cuba. Fue precisamente por eso que el gobierno cortó el acceso a internet en medio de las revueltas del 11J. De hecho, nos atrevemos a decir que el movimiento San Isidro y 27N fueron las primeras evidencias claras de que un levantamiento social era posible a corto plazo en Cuba.

Por último, la muerte de Fidel Castro en el año 2016 cerró el periodo 2008-2016 que comentamos aquí. Es ese el acontecimiento más significativo ocurrido durante ese periodo y quizás sea el más trasformativo desde el triunfo de la revolución. Su muerte dejó un vacío de poder que el liderazgo político cubano no logra llenar y que solo ahora, en tiempos de crisis crónica, comienza a notar. Es cierto que Fidel Castro se fue alejando poco a poco de la vida pública, lo cual de cierta manera preparó al pueblo cubano para lo inevitable: la desaparición definitiva de su autoridad y el miedo a él. Y Raúl, carente de carisma, nunca fue de apariciones públicas constantes ni de arengas incendiarias y apocalípticas, abandonó la batalla de ideas que de alguna manera sostenía la noción de revolución permanente y eterna. Por su parte, Díaz-Canel es orador pésimo, no tiene carisma y su autoridad no es venerada porque la heredó de Raúl Castro vía dedazo. Díaz-Canel parece estar seco de ideas e iniciativas, incluso a ratos da la impresión de que detesta su trabajo. Es evidente que él no gobierna, sino que ejecuta órdenes que vienen ‘de arriba’, es decir, de Raúl Castro, José R. Machado Ventura, Ramiro Valdez, y Guillermo Cinta Fría.

Con Díaz-Canel han cometido un error casi irreparable. Sucede que, en política, todo es imagen y propaganda. Entonces, mientras más glorifican, endiosan e idolatran a la figura de Fidel, más opacan la de Raúl y Díaz-Canel. La figura de Raúl se salva por ser el hermano de Fidel y haber sido fundador del grupo que inició la revolución con el asalto al Moncada y todo lo que vino después, más haber sido ministro de las FAR casi desde el triunfo de la revolución. O sea, Raúl tiene un aval extenso y sólido. Pero Díaz-Canel, ¿qué puede mostrar? ¿Qué fue comisario político en una provincia? No es suficiente para ganarse el respeto del pueblo. Por eso, al arropar a Fidel, el que menos lo necesita porque ya murió, desnudan a Díaz–Canel. Prefieren arropar a Fidel, mantenerlo vestido con el mejor de los trajes porque de verdad parecen creer en aquello de ‘hasta después de muertos somos útiles’. No son revolucionarios sino conservadores.

En realidad, en este momento Cuba carece de dirigentes con talla de líder popular, capaces de arrastrar multitudes e inspirarles confianza y lealtad. Por ejemplo, a Díaz-Canel hubo que llevárselo a todo correr de un barrio en Regla, el cual había visitado para evaluar los desastres ocasionados por un tornado en febrero de 2019. Los vecinos le gritaron ofensas que no podemos repetir aquí. Y a Ramiro Valdez lo mandaron a Palma Soriano para calmar allí las protestas del 11J. Mirando el video, tuve que exclamar: Is that the best they can do, really? Y claro, hasta asesino le gritaron. Hubo que sacarlo de allí de prisa, humillado, justo como habían sacado a Díaz-Canel de Regla. Además, según los videos mostrados en YouTube e Instagram, la concurrencia a la manifestación pro gubernamental del pasado sábado 17 de julio fue realmente pobre, ciertamente no a la altura de los sucesos políticos y sociales que se vivían.

En conclusión, creemos que los cuatro acontecimientos ocurridos en el periodo 2008-2016 que comentamos aquí, en conjunto con otros factores, contribuyeron paulatinamente a las protestas del 11J. Cuba es una olla de presión social, así que es de esperar que las protestas continúen, a no ser que el gobierno cubano capitule y ponga fin a su confrontación con la juventud, cuentapropistas y mulas y mulos, pues ellos son los únicos que pueden dar respiro a la economía y, por ende, a la sociedad cubana. Porque, además, Fidel no va a resucitar.


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