Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Rivero, Política, Censura

Raúl Rivero (1945-2021)

Los últimos cuatro años de vida de Raúl Rivero transcurrieron en Miami

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El pasado sábado falleció en Miami —tan cerca y tan lejos de la patria— el poeta y periodista cubano Raúl Rivero; le faltaban unos días para cumplir 76 años.

En los inicios de la década de 1990 él solía saludarnos con esta frase: “Ni aplaudo ni me voy”, para dejar de manifiesto su inconformidad con el régimen que asola a Cuba y a la vez que él se mantendría en la Isla, no se exiliaría.

Poeta de excelencias, fue —o es— uno de los más destacados de los coloquialistas y en sentido general de los que se iniciaron en la segunda mitad del pasado siglo XX cubano.

Fue uno de los 75 opositores condenados en la llamada Primavera Negra cubana, en 2003. Recibió una condena de 20 años.

Así, el “Gordo” Rivero conoció la soledad, el frío, la humillación de la celda debido a un delito que en cualquier país libre resulta el pan diario del ciudadano: expresarse en contra del orden establecido, divulgar las pifias o las tropelías o las insensateces de un gobierno.

Gracias a la presión de organismos internacionales, salió de prisión en 2004, si bien a expensas de un truco “legal” del gobierno cubano: licencia extrapenal; algo así como estás libre, pero no lo estás.

No estuvo el poeta en prisión por mucho tiempo, pero le bastó para constatar lo agrio del encierro —en una celda justamente, no en galera—, el dolor del cuerpo y del alma, lo aplastante de la consecuente depresión.

“Ni aplaudo ni me voy”, decía el poeta. Pero tuvo que irse. En 2005 llegó a España.

Los últimos cuatro años de su vida transcurrieron en Miami.

Tal como ha ocurrido con otras muertes de cubanos artistas o escritores o científicos o periodistas o políticos disidentes —residentes tanto dentro como fuera de Cuba—, la prensa autorizada en la Isla —toda en la nómina salarial del régimen— no ha dado fe de la muerte de Raúl Rivero.

Como si nunca hubiese existido. Como si no hubiese nacido allá, en Morón, Ciego de Ávila.

Y más triste aún: en todo este domingo no he visto que se dé a conocer el fallecimiento del poeta, su trayectoria humana, política, su penar, mediante el Facebook o el Twitter de alguno de los colegas que allá, en la Isla, están autorizados para conectarse a Internet.

Me refiero a los que no son ni siquiera oficialistas, sino a los “oficialisticos” que para medrar en las arcas del régimen o para continuar con derecho a viajar al extranjero o para no perder “la jabita mensual” con alimentos —un poquito— y productos para el aseo de la casa —otro poquito— o para contar con la posibilidad de que les sigan publicando sus libros en Cuba, callan, se hincan, mienten.

A los oficialisticos que van por el mundo proclamando el “humanismo” de un gobierno que discrimina, agrede, encarcela a los hijos de tierra propia que no le obedezcan; borra de la historia a los poetas que no le hayan salido obedientes; rechaza la vuelta a la patria, siquiera por unos días, al exiliado que llora por ver a la madre antes de que esta muera; decide quiénes sí y quiénes no de los emigrados pueden visitar el barrio, la calle, la casa donde nacieron; quiénes son cubanos y quiénes “gusanos”…

Estos, Raúl, sí aplauden. Y no se van. Habrá que sacarlos.


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