Actualizado: 28/11/2022 17:08
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Escuelas

Reales frutos de un partido único

Todavía conservo aquellas imágenes: el celo de mi padre por la disciplina en general, el real aprovechamiento académico de los alumnos, la conservación constructiva y la armonía de todas las áreas de la instalación

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Las fotos que acompañan estas líneas son el testimonio más exacto que puedo ofrecer a quienes las lean en otras latitudes. Las mismas no asombran al cubano de a pie, aunque se desempeñe en áreas destinadas al turismo, donde el ambiente es sano y la belleza natural todavía conserva los más agradables matices. Allí van a trabajar unas horas y al final del día se ven en la necesidad de regresar junto a la familia, mientras en el barrio, en el reparto, en la comunidad, ya se hace cotidiano convivir entre el deterioro social y ambiental.

Dentro de ese tan repetido deterioro sobresalen, por el estado deplorable en que se muestran, dos instituciones educacionales del municipio en que vivo desde el año 1988. Me refiero al politécnico Fabricio Ojeda, ubicado en el ingenio azucarero España Republicana, la otrora fábrica de azúcar más grande de la provincia de Matanzas —que a pesar de sus 750.000 arrobas de caña molidas diariamente, ha sido demolida por orden del señor Fidel Castro—; y la secundaria básica urbana Crucero Aurora, enclavada en el poblado de Perico, al lado del estadio de béisbol Daniel León Díaz. Pero será en la secundaria Crucero Aurora donde centraré hoy mi mayor interés.

En dicha escuela cursé los grados del séptimo al noveno a partir de septiembre del año 1998 y los culminé en julio de 2001. Este centro de enseñanza me era ya familiar desde octubre de 1990, ya que mi padre, Félix Navarro (un ex prisionero político del conocido grupo de los 75 liberado el 23 de marzo último), fungía como dirigente del mismo y en muchísimas oportunidades me llevaba con él.

Todavía conservo aquellas imágenes: el celo de mi padre por la disciplina en general, el real aprovechamiento académico de los alumnos, la conservación constructiva y la armonía de todas las áreas de la instalación. Félix, diariamente, era el primero en llegar a la escuela y el último en salir, aunque ese día estuviera de reunión en otro centro estudiantil en el municipio.

Aquello, debo confesarlo, me molestaba en gran medida porque eran horas de menos que permanecía en casa junto a nosotras. Después de muchos años de que él dejara de ser un activo educador, el 14 de diciembre de 1992, al ser expulsado de las filas del magisterio cubano por “traición a la revolución”, y a la vez llevado a las prisiones castristas por tres años acusado por el supuesto delito de “propaganda enemiga”, comprendí que la postura que mi padre mantenía se sustentaba en el profundo amor y responsabilidad que sentía por lo que hacía y, como todo lo que se enfrenta con amor en la vida de los seres humanos, el éxito lo corona.

A mi padre se le expulsó del magisterio y se le encarceló porque había roto con los principios que sustentan al Gobierno comunista de mi país, pero en la tarde del día de su detención se dieron las conclusiones de una inspección de tres jornadas anteriores (miércoles, jueves y viernes) cuyos resultados fueron relevantes o como dijera Libardo Mancha Cabrera, el subdirector: “¡Esto fue a bombo y platillo!”, expresión popular cubana que trata de homologar la exquisitez. La escuela estaba impecable en todos los órdenes.

A partir de diciembre de 1992, eliminaron a un educador contrarrevolucionario y en su lugar ubicaron cada año a “probados revolucionarios, comunistas comprometidos”, pero lo que él mantuvo con tesón e infinito amor, se ha esfumado lastimosamente, ante la mirada indiferente de los dirigentes del terruño.

Aquella bella instalación educacional de mi pueblito con todas sus puertas y ventanas, su mobiliario, la disciplina general del alumnado, solo queda en el recuerdo de los vecinos del lugar, de los ex alumnos y profesores, de la población que vivió la época.

Hace unos días, cuando acompañada de mi padre regresaba de una visita a su mamá, nos dio alcance el señor Pablo Beretervides Jr., de raíces profundas comprometidas con el régimen, pero a la vez padre de uno de los alumnos de aquella hornada.

Este periqueño, en un tono de voz elevado, dijo: “A cada rato hablo de ti con la gente, de tus años en la escuela”. Mi padre le respondió: “De nuestros años en la escuela”, porque ellos fueron condiscípulos, a lo que Beretervides le ripostó: “No, de cuando fuiste director de la secundaria. Tú lo tenías todo controlado; aquello sí era una escuela. Ahora todo se acabó”.

Amigos, realmente fueron imágenes muy diferentes de lo que es hoy la citada escuela de segunda enseñanza en mi pueblo.

Las instantáneas de hoy dan deseos de llorar a cualquier espectador. El paso de los años, el descuido y la falta de sensibilidad que se ha entronizado —casi crónico en los dirigentes comunistas del momento— dan una imagen totalmente opuesta de la ESBU Crucero Aurora. Si pudieran extraerla de contexto, seguramente se la representarían como una edificación de cualquier ciudad Libia, después de los bombardeos de la aviación.

Lo más triste aún es la certeza de que este no es el único caso. Desde el cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí muchos son los centros escolares que permanecen en malas condiciones. Pero el Gobierno cubano prefiere priorizar las reparaciones de centros turísticos, antes de atender los problemas de todo tipo que sufren escuelas y centros asistenciales de salud.

A través de este escrito dejo la invitación para que se acerquen a Perico, situado a 100 millas al este de La Habana, y les exhorto a que les dediquen unos minutos a la Crucero Aurora y al Fabricio Ojeda. Sin dudas, tendrán ante sus ojos una pincelada de los reales frutos de un partido único.


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