Actualizado: 14/09/2019 3:07
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Referendo, Constitución, Redes

Redes sociales: el nuevo campo de batalla por el NO en el referendo constitucional

Ahora el aparato de propaganda política comunista enfrenta una creciente oposición, cuyos integrantes cuentan con una opción para expresarse con relativa libertad: las democráticas redes sociales

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El texto definitivo de la Constitución que será votada el próximo 24 de febrero comenzó a circular en Cuba, disponible incluso en sitios web del gobierno. Se impone un período reflexivo antes del NO o el SI a una carta magna aprobada por el parlamento unicameral del país, la Asamblea Nacional del Poder Popular, criatura del Partido Comunista de Cuba (PCC), que sería ratificado en la Ley de Leyes como “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.”

El monopolio estatal sobre los medios de comunicación ha comenzado su campaña por el SI, a diferencia de 43 años atrás cuando se refrendó por mayoría casi absoluta la primera constitución llamada socialista del hemisferio occidental, ahora el aparato de propaganda política comunista enfrenta una creciente oposición, cuyos integrantes cuentan con una opción para expresarse con relativa libertad: las democráticas redes sociales.

La primera impresión al abrir el gran portal web de la amistad sin fronteras es que los seguidores del SI han abandonado ese campo de batalla. ¿Se sienten en minoría? ¿Carecen de argumentos? Ambas realidades los acompañan, pero aun así es difícil explicar su ausencia del debate. Lo más acertado es decir que temen a la sinceridad, muchos de los que dan el SI obligado en los medios públicos están inseguros, dubitativos, aborrecen la obligada respuesta.

La sinceridad es un auténtico dilema para nosotros los homo sapiens. Decir sincero no es necesariamente poseer la verdad absoluta, suele ser difícil expresarse sin errores, especialmente tratándose de temas trascendentes y complejos como el que nos ocupa.

Ser sincero es otra cosa. Puede respirarse la sinceridad, palparse, leerse desde la primera oración. A veces pienso cuanta molestia ocasiona el periodista que busca la respuesta prefijada, sobre todo cuando el entrevistado está indefenso, no puede rehuir al interlocutor porque pone en juego intereses mayores tratándose del estado totalitario donde vive. Pobre hombre o mujer obligado a decir SI, a lo mejor no quisiera ni responder, pero hasta negarse a hacerlo sería mal visto en asuntos cruciales según el ambienten político cercano a su persona.

Facebook es otra cosa. La invitación a la sinceridad es ineludible ante el ridículo que casi siempre acompaña a los que mienten deliberadamente. El resultado es que los cubanos, cansados de tanta doblez moral, porque hasta el espacio digital utilizado se paga en dólares norteamericanos, han encontrado donde sincerarse.

Apenas comenzada la batalla, es posible precisar dos tendencias básicas en la mayoría creciente que está por el NO a la propuesta del partido-estado, se resume en estas frases: #YoVotoNO y # YoNOVoto.

La oposición está lejos de ser mayoría en Cuba, pero su creciente manifestación augura un acto cívico capaz de involucrar a varios de los 8,5 millones de votantes previstos en un país donde la participación electoral es muy alta, superando generalmente el 85 % de la ciudadanía registrada para cada ocasión.

Una conclusión a priori dice que quiénes proponen no votar están convocando a un boicot masivo al referendo, sus líderes de opinión dan por sentado que no participar significa estar en contra de la propuesta estatal. Algunas de sus ideas básicas son:

El conteo de votos está bajo el control del gobierno, no hay supervisión nacional y/o internacional que garantice la confiabilidad de los datos, por tanto, Votar NO es perder el tiempo.

El partido-estado se fortalece al aceptar un número limitado, mínimo, de votantes en contra, muestra de su devoción democrática.

Votar es hacerle el juego al régimen, legitimarlo. Los partidarios del #YoNOVoto concluyen: “No le haga el trabajo al régimen, desconozca desde ya a la dictadura.”

Sucede que el actual gobierno surgió hace 60 años, la carta magna que lo sustenta fue votada hace 43 por el 97 % de los electores. Estamos ante una realidad objetiva.

Excede al sentido común plantearles a los cubanos “desconocer desde ya a la dictadura”, como si los que vivimos aquí acabáramos de nacer o de arribar al país. El extremo de la propuesta abstencionista llega hasta plantear “primero acabar con la dictadura y luego votar una nueva constitución.” El ratón juicioso de una conocida fábula preguntaría: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Los partidarios de ir al colegio, registrarse debidamente y hacer la cruz en la casilla correspondiente al NO argumentan:

Se trata de un ejercicio cívico, de sacudir la apatía predominante en la mayoría de la población.

Será imposible desconocer una opinión contraria debidamente plasmada por varios millones de personas, aunque sean minoría frente al total de votantes.

De manipular los resultados, el régimen se descalificaría ante sus ciudadanos, un escándalo motivado por el fraude electoral masivo es más de lo que el sistema imperante puede soportar.

Para los opositores es inteligente colocar en segundo término la actual disputa entre Votar NO o No Votar, lo esencial es manifestar un clamor hasta hoy apagado pero evidente, a favor de cambios ineludibles negados en la propuesta constitucional con ideas contrarias puntualmente categorizadas de irreversibles:

Un partido único, el comunista, apropiado de la soberanía popular. Un sistema socio económico y político autor de una larga lista de errores magnos imposibles de ocultar, incapaz de ofrecer una prosperidad largamente prometida, proponiendo su irreversibilidad. El castigo hasta con la pena máxima acompañará a quiénes sean acusados de traicionar la patria socialista, existente no más que como objetivo del partido y su sistema, juez sin prestigio para dictar esta tremebunda sentencia.

Parece natural que sean más los que NO voten respecto a los que voten NO. Desentenderse implica un ligero esfuerzo, participar es una acción política valiente. Cuesta trabajo levantarse de la cama. De todas formas, por mucho que se intente explicar una reacción masiva contra la propuesta del próximo 24 de febrero, sin alcanzar el clímax mayoritario, marcará un antes y un después en la vida política de la nación cubana.


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