Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Niño, Fotos, Fidel Castro, La denuncia de hoy

Respetemos la inocencia de los niños

¿Se imagina alguien la plática que Fidel Castro le habrá bajado a su infante idólatra sobre las bondades de la moringa?

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Por estos días he escuchado y leído algunos comentarios críticos que me parecen desproporcionados cuando aluden a un niño de solo ocho años de edad.

Se trata del pequeño Marlon Méndez, quien desde los tres años de edad colecciona fotos de Fidel Castro, las cuales se podría decir que forran la pared de la habitación del muchacho.

Los niños son niños, deben tomar en cuenta quienes cuestionan la pasión de Marlon por Castro. Hay que ser suaves, comprensivos, condescendientes con ellos, sus mentes inocentes tienden a esas idolatrías; a veces por un héroe mítico, otras por un personaje de aventuras, un boxeador, un beisbolista, un yudoca y aun por esos monstruos de juguete imponentes, verdes casi siempre, que ahora se han puesto de moda, y con los cuales suelen cubrir las paredes de sus dormitorios.

Eso es así, les enfatizo a los criticones de Marlon Méndez. Y es totalmente comprensible.

La adoración de este niño por Fidel Castro es tanta que lo lleva a vestir un uniforme similar al que utilizaba el Comandante en sus tiempos de campaña —que le confeccionó su abuelita (la de Marlon)— y asimismo botas de combate y una gorra semejante a la que llevaba Castro en aquella etapa; aunque “como es lógico —según avisa el periódico mexicano Excélsior en su edición del 25 de agosto—, sin la barba y el habano que fueron una marca registrada del líder cubano en el pasado”.

Desde finales del pasado mes de agosto y aún hoy, esta noticia de que Fidel Castro recibió al niño Marlon Méndez en su casa particular, el 16 del propio mes —cuando el pequeño al fin “cumplió su sueño de darle la mano al Comandante”—, le sigue dando la vuelta al mundo.

Allí, en la casa de Castro, el niño y los familiares que lo acompañaban merendaron con el anfitrión (algo que no les habrá caído nada mal a los visitantes, ya sabemos cómo está en la Isla la tarea alimentaria).

La charla entre Fidel Castro y el niño Marlon, versó, entre otros temas, sobre la educación, la agricultura y Venezuela.

Dios mío, ¿se imagina alguien la plática que el Comandante le habrá bajado a su infante idólatra sobre las bondades de la moringa, del riego por aspersión, de la pasada producción de mangos o de la gran obtención de sorgo que se espera en la provincia de Pinar del Río?

¿O de la docencia que Castro le impartió al niño acerca del bolivarianismo y su esplendente futuro?

Habría que ver.

Por mi parte, me hago varias preguntas:

¿No es el niño Marlon la golondrina que no hace verano?

¿Habrá muchos, muchos, muchísimos niños en la Isla que sientan veneración tanta por Fidel Castro?

¿Habrá en Cuba, muchos, muchos, muchísimos niños que en las paredes de su cuarto no tengan emblemas de “los países”, como fotos de cantantes, actores, actrices, deportistas estadounidenses y de otras naciones; y pósteres anunciadores de juguetes, automóviles, héroes de aventuras, libros y películas infantiles de aquellos lares que por alguna vía les llegan?

¿Habrá en la Isla, muchos, muchos, muchísimos niños que, como sí Marlon Méndez, no tienen ni una mísera habitación solamente para ellos?

Y muchas, muchísimas más preguntas de este tipo que faltarían.

Bueno, de lo que sí estoy seguro es que el Comandante, de alguna manera, creamos que en tono amistoso, le habrá reprochado al niño, nacido en 2006, en plena madurez revolucionaria y antiimperialista, que ostente tan curioso nombre, “Marlon”, como, por ejemplo, el de aquel célebre yanqui, Brando.

Claro, Marlon Méndez es un niño honesto, y despierto: “Es que nadie es perfecto, mi Comandante”, le habrá respondido seguramente.

Ya ven, así van las cosas.


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