Actualizado: 23/10/2017 19:03
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UJC, Jóvenes

Revolución, contrarrevolución y “trabajo político” en Cuba

¿Quiénes son “revolucionarios” y quiénes “contrarrevolucionarios”?

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Allá por los años ochenta, a causa de los continuos señalamientos de que los proyectos de la Escuela en el Campo y al Campo no reportaban ningún beneficio económico para el país, sino todo lo contrario, el Partido ordenó una investigación para conocer el papel de tales proyectos en la “formación de la juventud”, como contrapartida al desastre económico que representaban.

Los resultados no fueron los esperados: tanto los jóvenes como los padres opinaban mayoritariamente que el envío masivo de muchachos tan jóvenes al campo contribuía a deformar la personalidad y la disciplina de los estudiantes, creaba innumerables problemas familiares, y generaba en muchos jóvenes conductas totalmente reprochables, aun para los cánones de la muy dúctil “moral socialista”.

Ante esas realidades, lo sensato hubiera sido reconocer el fracaso de tales proyectos, y comenzar a revertirlos. ¿A qué conclusiones arribaron los sesudos del Partido Comunista tras conocer los resultados de la investigación? Que era evidente la necesidad de “incrementar el trabajo político” con los estudiantes y los padres, para que lograran “comprender” la importancia de esos proyectos del Comandante en Jefe.

¿A qué viene hablar ahora de algo que sucedió hace más de veinte años? No pretendo escabullirme en la historia para evitar actualidad, sino todo lo contrario: para destacar cómo los comunistas cubanos siguen desvinculados de las opiniones y las necesidades de la población, y tan reaccionarios, conservadores y cavernícolas como siempre, a pesar del proceso de “actualización” que supuestamente viven.

Según la recientemente designada secretaria general de la juventud comunista (UJC), Yuniasky Crespo, los jóvenes cubanos están “en la mira de la contrarrevolución”, y eso le preocupa. Nada sorprendente en esa declaración confrontacional si estuviera definiendo problemas para buscar soluciones, pero en realidad es la inversa: trae “soluciones” a problemas que no define. Y ahí se puede ver lo contrarrevolucionario de la organización que ha comenzado a dirigir.

Se sabe que muchos jóvenes en el país están desempleados, que no se respetan sus derechos, que no desean cursar estudios superiores, que tienen muy pocas opciones de recreación, que los salarios no son suficientes, que el país se mueve con varias monedas, pero muchos jóvenes solamente tienen acceso a la que menos vale, que la insalubridad espanta, que cada vez es más difícil obtener una asistencia médica decorosa o comprar medicinas en la farmacia, que las condiciones de alimentación, vestuario y vivienda son terribles, que los jóvenes evitan al máximo traer hijos a este mundo, que hay alarmantes niveles de alcoholismo, que la seguridad ciudadana se resquebraja, que la delincuencia se extiende en las calles, que las esperanzas o las oportunidades son muy pocas —cuando las hay—, que la represión se incrementa, y que muchos ven en la emigración la mejor posibilidad de mejorar su destino. Esa es la obra de “la revolución” tras más de medio siglo.

Entonces, ¿que ideas trae la graduada y profesora de marxismo-leninismo e historia —que antes pensaba estudiar química— para sacar a la juventud cubana de la mira de “la contrarrevolución”? Si fuera “revolucionaria”, pensaría en ampliar las opciones de estudio, trabajo y esparcimiento para los jóvenes, mejorar sus condiciones de alimentación, vestuario, vivienda y salubridad, aumentar sus salarios, eliminar la doble moneda, multiplicar las esperanzas y las oportunidades, reducir la población penal, eliminar el alcoholismo y la delincuencia. Pero no, de nada de eso habla. Parece que eso es lo que quiere hacer “la contrarrevolución”.

Como no hay proyectos para resolver los problemas, entonces hay que explicarlos: para la nueva dirigente de la UJC “hay que seguir explicando las virtudes y bondades que tiene nuestra Revolución, que la gente tenga la percepción de que si no la cuidamos podemos correr el riesgo de perderlo todo por el acecho que sufrimos todos los días”. Bueno, eso de perderlo “todo” es relativo: ya queda muy poco que perder.

Dijo que “las nuevas tecnologías, por ejemplo, deben ser usadas para bien, en función de nosotros, de nuestras políticas, a favor de los jóvenes, de lo que quiere la Revolución”. Es decir, no de lo que quieran los jóvenes, sino de lo que quiere “la revolución”. Es decir, los dirigentes, los más retrógrados.

Aparentando amplitud de miras y diciendo que prefiere mirar hacia delante, señaló: “No estamos en una urna de cristal, y nos llegan todo tipo de influencias”, por lo que “estamos expuestos a todos los elementos que tienen que ver con la propia globalización”.

La solución “revolucionaria” para esos retos de la modernidad y el desarrollo es muy clara para Yuniasky Crespo: trabajo político. “El trabajo político hay que sentirlo”, dice. “Si no le encuentras un sentido lógico a lo que haces, si no hallas una idea coherente, una razón, un porqué, no serás eficaz”. Es decir, reconoce que se hace trabajo político sin “una razón, un por qué”. Es interesante que la muy revolucionaria nueva secretaria general lo reconozca, aunque no se haya dado cuenta que lo hacía.

“Si de alguna manera la gente percibe que el trabajo político es imposición de tareas y misiones, no se logrará nada, porque la gente tiene que percibir que las misiones dadas no son por gusto, sino tareas que tienen una coherencia”. Cualquier pensaría que las “misiones” que se dan a las personas deberían tener determinada utilidad; pero no, resulta que no, que en Cuba lo que deben tener es “una coherencia”.

El gran final de las declaraciones, la raíz misma de la razón de ser, la definición de dónde están “la revolución” y “la contrarrevolución”, se resume en pretender que la UJC “sea verdaderamente el relevo de nuestro Partido, porque si perdemos el Partido estamos perdiendo la Revolución”.

Es decir, revolución y partido son la misma cosa. Tal cavernícola afirmación de la nueva secretaria general de la UJC llega un poco tarde, porque ya ambas cosas se perdieron hace rato.

Hace mucho tiempo que el partido comunista no es partido, y que “la revolución” dejó de ser revolución. Aunque ella no se haya enterado.

Tal vez por eso mismo fue que la ascendieron a su nuevo cargo.


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