Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Bofill, Disidencia, Exilio

Ricardo Bofill: el tiempo es el diablo

Fallece en Miami a los 76 años el destacado expreso político y uno de los fundadores del Comité Cubano Pro Derechos Humanos

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Al fallecer este viernes 12 en Miami, Ricardo Bofill Pagés dejó apenas una caja (CHC0032) con manuscritos y recortes de periódicos (1986-90) en la colección Cuban Heritage de la Universidad de Miami, pero más allá de los papeles legó —como anotó Reinaldo Bragado— «la fisura» de los derechos humanos en la estructura del Estado totalitario castrista.

Bofill fue blanco de la campaña oficial de descrédito más intensa contra disidente alguno dentro de Cuba, que corrió desde «Un quinto de columna» (Granma, 16 de marzo de 1988) hasta «El maruga de Madruga» (Bohemia, 25 de marzo de 1998), pasando por la serie de televisión «Historias de un fullero» (marzo 18-19, 1988).

Lo tacharon desde haber sido soplón la policía de Batista hasta haber robado en la sacristía, pero así y todo Bofill no apareció en la compilación El otro paredón (Eriginal Books, 2011) sobre asesinatos de la reputación en la Cuba de Castro. Y en la Breve historia de Cuba (Environ Publishers, 2002) del Dr. Jaime Suchlicki, aparece como «vicerrector de la Universidad de La Habana» (página 244) sin haberlo sido jamás.

Luego de dar algunas clases en esta casa de altos estudios, Bofill fue despedido por diversionismo ideológico y luego sería arrestado en el sonado proceso penal contra la microfracción: «Al detenido se le ocupó, debajo del asiento de su automóvil, un escrito en el que tergiversa totalmente la Historia de la Revolución Cubana» (Granma, febrero 2 de 1968). Lo condenaron a 12 años.

Bofill saldría en libertad condicional hacia 1973 y para el 28 de enero de 1976 fundaba el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) en casa de la ginecóloga Martha Frayde Barraqué, exembajadora (1963-64) de Cuba ante la UNESCO, junto con el exdiplomático cubano Eddie López Castillo y la exiliada republicana española Rosa Díaz Albertini.

En su consulta privada, Frayde Barraqué atendía a esposas de diplomáticos extranjeros y aprovechó para poner a Bofill en contacto con la embajada inglesa. Por aquí salieron las primeras protestas de maltrato a presos políticos y contra la pena de muerte, que llegarían a Amnistía Internacional y la Comisión de Derechos Humanos (CDH - ONU).

Lo demás es historia que va para 40 años, con punto de inflexión el 20 de junio de 1988: el CCPDH se renombró Partido Pro Derechos Humanos de Cuba (PPDHC) y el 6 de noviembre de ese mismo año largaría su Declaración de La Habana, con llamado a recoger firmas para convocar a plebiscito nacional y asamblea constituyente, tal y como había ocurrido en Chile.

Esta iniciativa se malogró tras ser encarcelados los líderes del PPDHC dentro de la Isla: Samuel Martínez Lara y Tania Díaz Castro, pero sería retomada más adelante por diversos grupos opositores, en particular por el Movimiento Cristiano Liberación (MCL) con su Proyecto Varela (1998-2008).

Antes de marchar al exilio, Bofill envió informe de 110 páginas a la única delegación de la CDH - ONU que —por invitación del gobierno— había entrado a Cuba el 16 de septiembre de 1988. Este informe sentó una pauta al parecer perdida en el tiempo. Para probar el asesinato judicial de los hermanos Ventura, Cipriano y Eugenio García Marín, testigos de Jehová fusilados por matar a un empleado de la Nunciatura Apostólica, adonde habían irrumpido en busca de asilo político, Bofill alegó la prueba irrefutable: el presunto muerto estaba vivo. Bofill lo identificó como Isidro Peñalver León, subteniente del MININT, residente en el reparto habanero de Fontanar.

Al cabo del tiempo Bofill aprendió y dijo que «la política no es cosa de soñadores». Tomó conciencia de que los grupos cubanos pro derechos humanos «solo existen en el corazón de sus integrantes [y] políticamente no representan nada». También percibió la condición minoritaria en las dos orillas: «Aquí en Miami, con más de un millón de exiliados, no somos más de veinte personas que trabajamos por los derechos humanos [y] en Cuba (…) millones están de acuerdo con ese sistema, porque son unos comemierdas que creen en el comunismo».

Sin embargo, Bofill mantuvo «que la Declaración de Derechos Humanos me permite trabajar con quien me da la gana» y se enorgullecía de haber dedicado su vida a un «trabajo muy romántico». El 30 de noviembre de 1988, el presidente Ronald Reagan anotaba en su diario: Met with Ricardo Bofill, leader of Cuban Rights Committee. He’s campaigning worldwide on subject of human rights. Castro had him imprisioned for 11 of his 45 years.


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