Actualizado: 18/08/2022 7:35
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Sociedad

Ruinas a largo plazo

El gobierno llama 'facilidad temporal' a un cuartucho de 3x4 metros donde se apiña la gente hasta poder reconstruir sus viviendas.

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Como si no bastara con la abrumadora cantidad de términos que rodea a la gente en la Isla, el ámbito de la cotidianidad cuenta con un nuevo ejemplar: la llamada "facilidad temporal", que consiste en un permiso especial otorgado por la Unidad Inversionista de la Vivienda (UMIV) excepcionalmente a los ciudadanos que perdieron sus casas.

La disposición autoriza la construcción de una casucha provisional, "mientras se espera por la llegada de los recursos", como una especie de calmante para las penas de los nuevos "sin techo cubanos".

"Ya me dieron la orden de comprar treinta bolsas de cemento, pero no hay gravilla ni acero para continuar. Ya las compré y no voy a dejar que se me echen a perder", dice Ángel, trabajador del sector de Comunales, cuya casa fue arrasada por los vientos del huracán Ike. Ahora, su única opción, como la de cientos de ciudadanos, es vender a un precio inflado el cemento que le han facilitado, para subsistir y así "tirar" unos meses más.

La escena se repite por toda la capital holguinera: un solar yermo, ya sin los escombros, con un cuartucho de 3x4 metros donde se amontonan sus moradores a la espera de los materiales para reconstruir su vivienda. Necesitan techos de cinc y vigas de acero principalmente. En tanto, los directivos de la UMIV explican que no dan abasto, y que de ellos no depende la entrada de materiales.

"Hay que ser realista, yo vivía casi en las mismas condiciones antes de que pasara la tormenta y no pude conseguir el permiso ni los materiales, ahora se hace más difícil. Ellos dicen que el país está en crisis y parece que no es mentira. Creo que tendré que esperar unos veinte años más", comenta Ángel a CUBAENCUENTRO.com.

Hace varias semanas, un periodista del diario mexicano La Jornada expresaba en un artículo que los cubanos se sobreponían a la desventura del mencionado desastre natural, y mostraba una foto tomada en Gibara de una choza con cuatro horcones, dos paredes a medio levantar y el rostro aparentemente feliz de su ocupante.

Lo normal por estos tiempos es que la gente construya esta especie de bajareque con un emplasto de tierra caliza y piedra, los restos de la antigua casa y una tonelada de esperanza para aguantar hasta que la UMIV llame a la puerta de los damnificados.

"Yo llevaba tres años reclamando un permiso y la documentación necesaria para construir y tener ventajas para hacerlo, orden de compra, designación de una brigada que me habían prometido y asignación de un transporte, pero nada pudo contra los años de espera y la calma con que actuaron", comenta Noemí mientras mira el desolado patio de su casa en la localidad de Santa Lucía, derrumbada por los vientos.

En el municipio de San Germán ha cesado la entrada de materiales. Muchas personas se han visto obligadas a vender parte del cemento que el gobierno les facilitó tras el paso del ciclón, porque no tienen cabillas ni arena, ni techos de fibrocemento o cinc para construir. Algunos opinan que el impulso del gobierno en un primer momento fue sólo para apaciguar los ánimos. Ahora, se concentran en rehabilitar el devastado sector estatal: almacenes, fábricas y escuelas que fueron dañados por vientos y lluvias.

También muchos coinciden en que las autoridades han privilegiado las casas construidas para los "mayimbes" de las altas instancias del gobierno, que avanzan a todo tren, sobresalen por encima de las demás y, por tanto, son fáciles de localizar.

Ejemplo de la avalancha de injusticias que reina fue el desalojo en la ciudad de Bayamo, en noviembre pasado, de casi cuarenta familias de un caserío marginal, los conocidos "llega y pon". La barriada, en los márgenes del reparto La Unión, colinda con un flamante caserío que construyen para médicos y personal paramédico, "internacionalistas solidarios". A estas alturas, los desahuciados, que vivían allí desde hace cerca de seis años y han sido multados hasta con mil pesos en varias ocasiones, todavía tienen sus pocas pertenencias en el sótano del edificio de 18 plantas de la ciudad.

La mayoría eran buenos campesinos de los márgenes de la ciudad Antorcha, que un día se cansaron de no obtener ninguna ganancia de sus sembradíos y se acercaron "a 'picar' un poco de lo que sobra en la ciudad", dijo a CUBAENCUENTRO.com, Pedro Ramos, pariente de una mujer que perdió su humilde vivienda por la fuerza de los buldózeres.

Sin embargo, esta horrible situación no quitó que la prensa oficial evaluara los resultados de su trabajo con premios y felicitaciones por la información brindada a raíz de los huracanes que barrieron la Isla. Una buena faena cuando se trata de fabricar un país fantasma en las rotativas y no en los terrenos baldíos.


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