Actualizado: 14/10/2019 9:31
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VI Congreso del PCC

¿Se quedarán cortos o se pasarán?

A pocos días del VI Congreso del PCC

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Nos encontramos a muy pocos días de la celebración del esperado (dentro y fuera del país) VI Congreso del Partido Comunista.

A propósito, me viene a la memoria que cuando se inició la construcción del partido, por el año 1962, (proceso justificado y abortado por la rectificación de errores al llamado sectarismo de las ORI), se le dio un nombre bien sintonizado, además, bastante lógico y coherente para aquellos y posiblemente otros momentos del desarrollo de la recién triunfante revolución cubana.

Ese nombre fue el de Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) que, como se podrá apreciar, respondía a aquellas circunstancias históricas y probablemente hasta a las actuales, y a que en el mismo se aglutinaran ciudadanos y protagónicos combatientes de la lucha revolucionaria que, como es sabido, poseían en aquel entonces las más variadas o heterogéneas posiciones políticas e ideológicas.

El cambio abrupto e inesperado de nombre del partido, sin un previo consenso de amplio y riguroso análisis (que hubiera sido lo más pertinente) no dejó de sorprender a muchos de sus militantes y a más ciudadanos del país.

También es de suponer que, en alguna medida, violentó el proceso natural ideológico-formativo en que se encontraban inmersos muchos revolucionarios y no menos militantes.

Sin embargo, en aquellos momentos, el significativo entusiasmo existente en las masas y entre los revolucionarios más fraguados en la lucha posibilitó, sin mayores cuestionamientos o dificultades, que la propuesta se modificara durante un importante discurso realizado en un amplio teatro de la ciudad de La Habana.

Pasando la página del significativo recuerdo, tenemos que en los próximos días y después del largo tiempo transcurrido entre la celebración del anterior Congreso y este que se efectuará, se volverán a reunir ahora algo más 1.000 militantes del país de diferentes sectores económicos y sociales, con la intención de proyectar los cambios imprescindibles o definir un nuevo modelo de desarrollo, que deberá marcar el actual rumbo o derrotero de la revolución cubana.

Se sabe que ha habido un amplio proceso de análisis y discusiones entre la ciudadanía alrededor de los llamados Lineamientos Económicos, Políticos y Sociales, que aunque positivos han sido bastante limitados en su enfoque y que, por cierto, fueron elaborados previamente y dados a conocer masivamente por la dirección del propio Partido.

Por su parte y como era de esperar, analistas de diferentes latitudes geográficas también han hecho sus recomendaciones y conjeturas, también han sido muchas y de diversos matices las especulaciones, unos considerando la conveniencia de más aperturas, desestatización y/o descentralización, y otros de menos o justificando una apertura moderada que no desvíe el proyecto “socialista” que se venía encausando en los últimos años.

Lo que no deja lugar a dudas es que el país, la sociedad cubana de la Isla o el pequeño archipiélago, si se le quiere llamar así, se encuentra urgida de cambios muy serios y amplios, sobre todo en el sector de la economía, que le permitan salir a flote de su inercia permanente y su ineficiencia e improductividad manifiestas.

Consecuentemente, ello debe contribuir y (más rápido de lo que muchos puedan pensar) a debilitar el fuerte papel de la burocracia administrativa y política que con tan alto nivel de arbitrariedad, insensibilidad y prepotencia ha coartado una buena cantidad de derechos y libertades ciudadanas.

Hay que rescatar también la desaparecida motivación laboral del cubano, lo que solo se alcanzará cuando las autoridades y las normas sociales de convivencia (sin juicios y prejuicios absurdos) le permitan dar rienda suelta a su imaginación y sentido creativo, a su disposición de luchar por la vida, sin obstáculos y en condiciones en que sus esfuerzos e iniciativas laborales (físicas o intelectuales) se vean recompensadas adecuada y favorablemente, lo que contribuya a un nivel de vida más próspero y satisfactorio para todo el pueblo.

Cincuenta años de experimentación social y económica no son pocos, son en realidad mucho más de lo debido, y tendrá que llegar también el momento de su repaso crítico, pues el autocrítico no aparecerá como debiera o quedará, por el momento, relativamente edulcorado.

Creo que en Cuba dirigentes y dirigidos han podido sacar una amplia experiencia de todo lo ocurrido, unos por vías más conscientes e intelectuales y otros por la práctica de la vida y las circunstancias de los impactos ocasionados.

Los cubanos, si algo saben, es lo que funciona y lo que no y las razones del por qué… no hay que llamarse a engaños. Además, muchos ciudadanos le cogieron la vuelta a aquello. No siempre tampoco de la mejor forma, pero como se dice en el argot popular y a manera de justificación, para “luchar y escapar”.

Al parecer, los jóvenes de hoy lo tienen mucho más claro que las generaciones anteriores y ello es una exigencia social y política impostergable que no puede dejar de tomarse en consideración ni dejar de reconocerse en un Congreso partidista, ni en las calles del país o de cualquier otro lugar del mundo.

Evidentemente, la suerte está echada y el VI Congreso del Partido se encuentra ante esa disyuntiva histórica.

Por otra parte, a no ser que especulemos en la historia sobre las comunidades primitivas, la humanidad, que se sepa, solo ha podido conocer hasta la contemporaneidad ciertas formas y éxitos sociales de proyecciones socialistas y, por supuesto, condicionados a determinadas políticas, intereses u otras razones globales, en países de la Europa Occidental y más recientemente, a pesar de sus críticos y detractores, en naciones asiáticas como China y Vietnam.

En el caso específico de las revoluciones de China y Vietnam, ello sencillamente transcurre de forma positiva, entre otros motivos, por la honradez de ese pueblo y sus dirigentes al haberse sabido apartar a tiempo de las políticas económicas erróneas que las precedieron y los excesos de las relaciones de propiedad estatal y métodos centralistas que bloquearon las posibilidades participativas y de desarrollo de la ciudadanía.

Es sabido que todo ello trajo como consecuencia un cierto divorcio y determinada desmotivación de las masas trabajadoras sobre las relaciones de producción (propiedad) establecidas y sus mecanismos de incentivación material.

Varias de las políticas económicas y sus métodos de implementación no alcanzaron los éxitos previstos.

Continuaron manifestándose las hambrunas y otros graves problemas sociales, porque esas economías no se encontraban con capacidad de ofrecer las soluciones esperadas ni lograron desarrollar un modelo de mayores incentivos materiales, lo que ocasionó que para muchos ciudadanos se fueran cerrando las esperanzas de solución a que aspiraban; por lo que ante la llegada del escepticismo o la desilusión en las masas, surgió la necesidad objetiva, imperiosa, de desechar todo lo que eficientemente no funcionara y entonces… aparecieron los cambios y las reformas.

Es de elemental comprensión que toda gestión laboral/productiva por parte de los trabajadores requiere hacerse sentir en las condiciones y modo de vida de los mismos y ese es el único camino sólido y viable para hacer crecer la economía y con ello garantizar un ascendente desarrollo económico/social.

Afortunadamente ahora esas sociedades transitan con sus nuevos modelos de desarrollo de economías socialistas de mercado y soy de los que piensan que es absurdo, inconsecuente, enormemente irracional, sectario e insensato el ponerse a cuestionar en estos tiempos el desenvolvimiento de tales experiencias, que con relativos éxitos económicos se vienen implementando en dichos países.

Nadie tiene la primera ni la última palabra sobre el socialismo, ni la tendrá en el futuro por razones elementales de la dialéctica. Lo que este es o será y cómo edificarlo estará por verse y continuará siempre cambiando. Todas las teorías tienen que justificarse en los hechos, en la práctica social y ser percibidas beneficiosamente por las personas.

Las añejadas, enjundiosas y avanzadas teorías que nos legaron los clásicos y en las que se han sustentado las ideas de este nuevo sistema social nos llevan a pensar que tales esfuerzos deben efectuarse con criterios de contemporaneidad, creadora, sistemática y consecuentemente, sobre bases científicas, democráticas, de libertad plena de pensamientos y búsqueda de consensos ciudadanos.

No proceder de esa manera llevaría irremediablemente a un nuevo fracaso en el empeño. Y ya han sido más que suficientes.

A pocos días del VI Congreso del Partido, arrastrando tras de sí el enorme fardo de situaciones complejas y problemas sociales y económicos críticos, que se han ido acumulando en el país, me viene a la memoria la célebre frase que nos legó para la posterioridad el excelso Generalísimo de nuestras guerras de independencia, el dominicano-cubano Máximo Gómez, cuando tratando de pincelar las características o peculiaridades del cubano, señaló, que nosotros o nos pasábamos o nos quedábamos cortos.

Por ello, la pregunta que me hago ahora rememorando la frase famosa del Generalísimo es ¿en dónde quedará el VI Congreso y cuál será su responsabilidad histórica?

Pronto se dilucidará.


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