Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Periodismo, Represión, Irma

Sobre las causas de mi detención

El colaborador de CUBAENCUENTRO cuenta su reciente detención en la Isla

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El miércoles 20 de septiembre fui detenido en mi casa por la Policía Nacional Revolucionaria, y conducido en un jeep ruso hasta la estación de la misma en Encrucijada. Allí se me encerró por Atentado al Orden Público durante casi 23 horas, y al final se me impuso una multa de 30 pesos.

La causa real fue un refrito que un amigo, no de mala fe, publico en mi blog El Hidalgo Rural Cubano. Este amigo, que administra mi blog, tomó fragmentos de los correos personales que yo le envié inmediatamente tras el paso del huracán Irma, cuando solo circulaban rumores y faltaba mucho para que la vuelta de la electricidad me permitiera usar mi computadora, para armar un artículo sobre los resultados de ese paso. Sin mi autorización, por cierto.

No critico a mi amigo, que pensaba hacer bien, y que no tiene por qué entender que el principal activo de un intelectual es su credibilidad; el único culpable aquí soy yo mismo, que debí comprender que con ese amigo era mejor constreñirse a comunicarle solo lo muy comprobado.

Me disculpo por tanto con mis lectores, por ciertos datos allí presentes, que no pasaban de meros rumores tras el paso del huracán: por ejemplo, los dos supuestos desaparecidos en la playa Nazábal. En realidad, en el municipio de Encrucijada no hubo que lamentar pérdidas de vidas humanas, aunque sí de muchos bienes inmuebles y muebles, en parte por la innegable desidia gubernamental. Porque es bueno aclarar que en un considerable porciento el artículo que me armó mi amigo no andaba para nada errado.

En cuanto a la Seguridad del Estado, que fue quien orquestó todo el operativo, bajo la dirección de autoridades del PCC en el municipio y la provincia, no puedo más que lamentar que hayan debido de echar mano de tan ridículo cargo contra mí: no creo que se pueda encontrar en todo Encrucijada, ni aun entre el bando de quienes no me quieren bien, a alguien que no se asombre ante semejante acusación a mi persona.

Quizás habría sido mejor que, como en los devaneos finales de mi detención, cuando se intentaba reclutarme para cooperar, se desempolvara desde un principio el artículo 103 del Código Penal, en su epígrafe segundo. O sea, condenarme por Propaganda Enemiga. Así, al menos, no deberían de enfrentar la ola de hilaridad que recorrerá mi pueblo cuando todos terminen por enterarse por qué encerraron al hijo de Joseíto.


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