Actualizado: 26/05/2022 12:27
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Política

Un cascarón vacío

Tras la escenografía mediática, yace el voluntarismo de un Castro en declive, que necesita los flashes y las cámaras como el aire para respirar.

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El diario oficialista Juventud Rebelde presentó en su edición dominical del pasado 29 de octubre siete fotografías de Fidel Castro. La que apareció en primera plana mostraba al caudillo con bastante mejor apariencia desde su crisis de julio último, aunque con mirada de enajenado.

La intención es demostrar a la opinión pública que el líder está vivo, que "se recupera" y "trabaja" (es decir, gobierna) desde su retiro de convaleciente. No contento con esto, Castro hizo que lo filmaran y presentaran en un reportaje de televisión, para que quedara claro que no está muerto y no tiene la menor intención de abandonar el poder; aunque mostró dificultades para caminar, moviéndose como un autómata.

Por las dudas, ensayó algunos ejercicios ante las cámaras. Su mensaje responde, dijo, a la insistencia de algunos medios de prensa extranjeros que sugerían la posibilidad de que la prolongada ausencia fuera señal inequívoca de su fallecimiento. Los analistas norteamericanos deben estar satisfechos: son los únicos capaces de "sacar el dios a escena".

Por su parte, el diario Granma, para no ser menos, hizo referencia en su primera plana del lunes 30 de octubre a la "recuperación" del gobernante y dedicó la página 3 de esa edición a la "repercusión del mensaje de Fidel en la prensa de todas partes"; ofreció una lista de los medios que se hicieron eco de la presentación del dictador, y de los titulares que encabezaron dichas noticias.

Con acento dramático

Espectáculos aparte, no es ocioso detenerse a inferir, o leer entre líneas, lo oculto tras la escenografía mediática. En primer lugar, el voluntarismo del líder en declive, quien no se resigna al ostracismo y el retiro. Castro necesita los flashes fotográficos y las cámaras como el aire para respirar. El lapso transcurrido entre su anterior presentación y esta súbita aparición podría responder no sólo a un mejoramiento de su salud, sino a crear el suspense que tanto ama y que prepara al auditorio, a fin de garantizar el éxito de la trama. En segundo lugar, que el tozudo anciano quiere dejar sentado que (aunque permanezca "sentado") él y nadie más gobierna en la Isla.

Es sintomático cómo se resalta ante la opinión pública que Castro está vivo, y se insiste en su recuperación como si de ello dependiera el futuro, lo que desmiente el discurso de una revolución sólidamente establecida y un sistema que supuestamente goza del mayor apoyo del pueblo. Por cierto, si bien algunos medios extranjeros se hicieron eco del mensaje de Castro, los cubanos comunes y corrientes de la Isla continuaron, en su mayoría, sumidos en la indiferencia.

Toda esta alharaca de reporteros de dentro y fuera cifrando los destinos de Cuba sobre la base de la muerte o la recuperación de Castro, sólo apunta a la ignorancia —deliberada o involuntaria— de la realidad de la Isla: con independencia de que este señor viva o muera, los cambios en el país ya se están produciendo. No son cambios estructurales (ciertamente sólo ocurrirán después de la desaparición física del anciano), pero lentamente están ocurriendo variaciones que se pulsan ya en el ánimo social.


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