Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Gracias, Religión, Celebraciones

Un Día Nacional de Acción de Gracias en una Cuba libre

El autor propone la celebración en el futuro de un día cubano nacional de acción de gracias

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Cada cuarto jueves del mes de noviembre en Estados Unidos se celebra un día nacional para dar acción de gracias a Dios. Este ejercicio colectivo antecede incluso la formalización del país estadounidense como nación. Los colonizadores calvinistas que llegaron en busca, no de oro material, sino de libertad plena de culto, establecieron en comunidad, una festividad regular para rendirle gratitud al Creador. La habitud nacional, sin embargo, se concretó en los campos de batalla propiamente, primero en la Guerra Revolucionaria Estadounidense (1774-1783) y luego en la Guerra Civil de EEUU (1861-1865) donde George Washington y Abraham Lincoln enraizaron respectivamente la costumbre.

La relevancia extraordinaria que tiene constituir un espacio público para darle gracias a Dios, formalizado en un día nacional, es lógico y consecuente con la función exitosa de una sociedad abierta y libre que se propone ejercer el modelo político frágil que es la democracia. La concomitancia entre un régimen democrático vibrante y una sociedad virtuosa, es un hecho bien establecido. Un pueblo dotado con valores proveniente de una base auténtica de fe religiosa es abono sano para la concientización republicana y la formación de una cultura cívica potente. El comunismo y el fascismo, monstruosidades en el abstracto ideológico y peor aún en el ejercicio práctico, desterraron lo transcendental y piadoso y en su lugar implantaron religiones políticas forjadas de un inmanentismo material y apocalíptico. La contracultura fue regularizada para asistir en el control poblacional y unido al accionar del terror oficialista, los efectos sociales como la alienación y la enajenación proliferaron. Estas no son virtudes para fomentar un civismo republicano.

El apego a un orden transcendental y la humildad de reconocer las deficiencias de los humanos, infunde límites saludables a la conducta humana y como son humanos los que gobiernan y humanos los que extienden, por vía del consentimiento democrático, la autorización para gobernar, se puede apreciar la importancia de poseer un esquema de sustento religioso. Esta noción de conectar la religión y su moralidad con la libertad y virtudes sociales, no fue un invento de EEUU. Padre Félix Varela entendió claramente esto y coincidió con los fundadores norteamericanos en ese punto. En El Habanero, el que enseño a pensar a los cubanos nos relató, “La libertad y la religión tienen un mismo origen, y jamás se contraen porque no puede haber contrariedad en su autor”.

Nuestra historia cubana, también desde su fase embrionaria, contó medularmente con el apego a Dios y su orden divino. Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo y José Martí, para nombre sólo tres próceres adicionales, consagraron su lucha abnegada por Cuba, convencidos totalmente en la supremacía del orden superior transcendental y de la necesidad de recurrir al que todo lo puede y solicitar siempre Su beneplácito. El devoto a la Madre de Dios, la virgen mambisa, la Santísima Madre Virgen de la Caridad del Cobre, fue un constante por parte del Ejército Libertador en la manigua.

Aunque fue Lincoln el primero en constituir un día nacional para dar acción de gracias formalmente, le correspondió a Washington durante la guerra por la independencia proclamar un día para orar y dar gracias a Dios al entender que fue gracias a la Divina Providencia que el curso de la guerra que iba favoreciendo a los británicos cambió al producirse la victoria en la Batalla de Saratoga (1777). Causalmente (no casualmente) fue después de la victoria seminal para los federales en la Batalla de Gettysburg (1863), que la trayectoria de la guerra más sangrienta en la historia de EEUU se revirtió a favor de los que querían concluir con la esclavitud y preservar la unión del país. La formación de la nación y la veneración a Dios fue un acto unísono para los estadounidenses. Fue consecuente que establecieran un día nacional y en forma colectiva de veneración.

Los cubanos que conocen bien su historia pueden entender como ese linaje patriótico y creyente continuó en la república y ha sido un monumento de prosecución en la lucha contra el castrocomunismo. El grito glorioso de “Viva Cristo Rey”, “Viva Cuba libre” que pronunciaban nuestros héroes antes de recibir las balas cobardes de los asesinos comunistas, es una muestra adicional de la fidelidad y la unión que ha existido y existe en la entrega a Dios y a la patria, por parte de los cubanos luchadores. Esa comunión estuvo presente desde el principio y aún permanece hasta nuestros días como evidencian las Damas de Blanco y tantos otros más. El reconectar a Cuba entera en ese curso es trabajo necesario en el futuro. En Cartas a Elpidio, Padre Varela anotó que “…la religión tendrá siempre tanto influjo en la sociedad, que, si se desvirtúa, queda el pueblo sin norma…”. Por eso, en la nueva república, cuando Cuba alcance su libertad, no habrá monumento más digno y más consecuente con nuestra historia, nuestros próceres y mártires, y nuestra necesidad, que un día cubano nacional de acción de gracias. ¡Qué así sea!


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