Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Educación

Un ministro en pijama

Luis Ignacio Gómez revienta en medio de fuertes críticas contra 'el mejor sistema educacional de mundo'.

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Por su bigotito de mosca y sus maneras autócratas, algunos estudiantes lo llamaban el Führer. Ahora no queda ni la sombra de lo que fue. Ni sus discursos pueden ser revisados en sitios oficiales de la red. El gobierno los ha filtrado.

La filípica de Fidel Castro contra el ex ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez, de quien dijo: "no debió pronunciar" sus últimos discursos, y a quien acusó de apropiación ilícita de "una obra que fue fruto genuino de numerosos cuadros revolucionarios y no personal, como pretendía hacer creer a los invitados", indica que las vanidades políticas serán castigadas con todo rigor.

Pero ya esa película la vimos en el pasado. El ex canciller Roberto Robaina, quien se veía a sí mismo como un diplomático a la carrera en vez de un diplomático de carrera, fue defenestrado por jugar con los españoles al personaje histórico que sucedería al propio Fidel. Ahora vive de telas abstractas que vende para una galería de arte en Barcelona.

La novedad del caso Gómez no está en las buenas razones para su despido —se le acusa además de corrupción por sus más de 70 viajes al extranjero en una década—, sino en las reales: el deterioro imparable del aparato educacional, una de las "joyas del sistema socialista", en un país que se ufana de tener el mayor per cápita de maestros del mundo: uno por cada 37 habitantes.

"Estamos cambiando, si un funcionario ya no puede continuar, es bueno que se sustituya. El ministro anterior hizo un buen trabajo, pero el socialismo continúa", escribió Yohandry, uno de los blogueros oficialistas del régimen.

"No entendemos cómo es eso. Si la educación en Cuba es insuperable, ¿hace falta remover al ministro para mejorar?", preguntó otro de los participantes en un encendido chateo sobre el tema.

La obra 'colosal'

Para agradar al máximo líder, el ex ministro, quien estuvo 18 años en el cargo, gustaba de resaltar las "exclusividades" de Cuba reconocidas por Naciones Unidas. De hecho, la cruzada alfabetizadora de 1961 es un paradigma para la UNESCO.

"Somos también los únicos que nos hemos planteado tener un maestro mañana y tarde, para educar en doble sesión durante más de 200 días al año, cifra que tampoco puede compararse con otras naciones", precisó hace un año a la revista Bohemia.

Gómez dijo también que otro de los objetivos de la Isla, igualmente insuperable, era tener un profesor general integral (PGI) por cada 15 estudiantes de secundaria, y un profesor integral por cada grupo de la enseñanza técnica y profesional, y el preuniversitario.

La paternidad de tales proyectos no salió de su oficina ministerial. Se sabe que Fidel Castro es el autor de todo ese programa que el ex mandatario formal llamó en 2001 "la revolución más profunda que se haya hecho en materia de educación".

Consistía, además, en introducir masivamente las nuevas tecnologías en el proceso de aprendizaje —teleclases y la enseñanza de la computación— y de formar con urgencia miles de profesores para los niveles primario y secundario, ante la migración de profesionales del sector desde fines de los años setenta.

En la inauguración del año lectivo 2007-2008, Gómez habló en términos sumamente optimistas y reconoció, una vez más, el liderazgo del ex presidente: "Disponemos de los recursos necesarios para que este curso escolar —el séptimo de la colosal revolución educacional encabezada por Fidel— sea exitoso".

La pompa de su discurso ocultaba la ignorancia de los jóvenes maestros, el deterioro de la disciplina en los planteles secundarios, la compra de exámenes y la pésima alimentación en las becas preuniversitarias en el campo, donde los alumnos toman infusiones por desayuno y acuden a las aulas para ocuparse de una astracanada: atender todo el día a un profesor que sale de un tubo catódico.

Domando a la leonera

En 2003, un grupo de estudiantes egresados de nivel medio superior, y sin opciones universitarias a la vista, decidió incorporarse al plan de los PGI. Fidel Castro se reunió con ellos y los llamó "el club de los cien valientes". No era para menos. Debían enfrentarse a una muchachada irrespetuosa, casi contemporánea, sin apenas recursos académicos ni psicológicos para "domar a una leonera", como reconoció uno de ellos.

Muchas veces los propios estudiantes corregían a tales profesores, en su mayoría traídos a la capital desde las provincias orientales. Para colmo de males, la tragedia no tardó en presentarse cuando uno de los docentes, abrumado por la sorna de muchos, mató por accidente a un alumno en una escuela de la barriada de Lawton.

La policía tuvo que proteger al autor del homicidio involuntario, acordonar la residencia local de los PGI y asegurar varias manzanas a la redonda, en espera de un brote de violencia que finalmente no sucedió.

La crisis magisterial tardó en llegar a la prensa, pero por fin lo hizo en diciembre pasado.

"Cada vez se captan menos estudiantes para las carreras pedagógicas y se jubilan los más experimentados profesores por el proceso lógico de la vida", denunció el periódico Juventud Rebelde.

Para ilustrar el estado calamitoso de la formación docente, el diario oficialista sólo tuvo que acudir a un ejemplo: el Instituto Superior Pedagógico Juan Marinello, de la ciudad de Matanzas. Con una capacidad para albergar a mil estudiantes, el número de matriculados apenas llegaba a 127.

Las motivaciones para convertirse en maestro son todo menos vocacionales. Muchos jóvenes preuniversitarios optan por las carreras pedagógicas para "pasar sólo 14 meses en el Servicio Militar General —en lugar de los dos años establecidos—, pues luego no se incorporan a las aulas, lo que representa un grave engaño a la revolución", fustigó el vocero de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Un retrato del desastre

A finales de octubre, el entonces ministro Luis Ignacio Gómez reconoció el éxodo de profesores, causado por "la insuficiente remuneración, no acorde con la intensidad y la responsabilidad del trabajo asumido por los maestros".

Agregó que en la deserción de los profesores también pesan limitaciones relacionadas con la vivienda, el transporte y el vestuario, así como "la insatisfacción por el bajo reconocimiento laboral y social en no pocos casos". Pecó de sincero.

El salario de un maestro de enseñanza media con experiencia apenas rebasa los 500 pesos al mes, unos veinte pesos convertibles, la moneda con que se compran y adquieren la mayoría de los bienes y servicios, salvo los médicos y los educacionales.

En marzo pasado, Juventud Rebelde volvió a la carga, esta vez contra los repasadores privados, una legión de profesores informales, algunos emigrados o todavía dentro del sector, que acogen en sus casas a grupos de alumnos para suplir las graves carencias docentes del sistema estatal.

"Hay padres que lo ven como mal necesario, otros como un lujo que sus hijos no pueden darse", refirió el diario al comentar en tono indignado las tarifas de esos maestros domésticos.

En abril, durante el sexto congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, el tema educacional ondeó con una bandera hecha jirones.

De todas las críticas, leídas o escuchadas directamente en el plenario por Raúl Castro, hubo una particularmente urticante.

"¿Puede la escuela primaria y secundaria y el preuniversitario, tal y cual han llegado a ser, regenteadas por criterios y prácticas descabellados e ignorantes de principios pedagógicos, psicológicos elementales, y violadora de derechos familiares, ser formadora de niños y adolescentes, y por tanto fundar futuro?", se preguntó uno de los intocables de la revolución, Alfredo Guevara.

Amigo del propio Fidel Castro desde los pistoleros tiempos universitarios, Guevara hizo un retrato del desastre y reclamó "rectificaciones de fondo".

Veintiún días después, Luis Ignacio Gómez, el ministro del "mejor sistema educacional de mundo", era un hombre sin importancia.


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