Actualizado: 20/10/2017 18:43
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“WiFi de contén”: la nueva onda cubana

Crece la popularidad del WiFi en la Isla, pero Cuba sigue siendo uno de los países con menor tasa de conectividad del mundo: apenas el 5 % de la población

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Una nueva movilización popular “estremece” la capital cubana. Son centenares de personas que se concentran alrededor de los hoteles pero, extrañamente, no tienen la más mínima intención de ingresar al edificio. Sino que se sientan a su alrededor en las aceras y comienzan a navegar por Internet. Es una explosión de acceso al mundo exterior a la que el lenguaje popular ha bautizado como “el WiFi de contén (acera)”.

La señal viene de uno de los distribuidores inalámbricos que las autoridades han comenzando a instalar en los últimos meses por toda la ciudad y que pretende resolver una de las ansiedades actuales, principalmente de jóvenes, la mayoría de estos originales usuarios.

“He estado media hora chateando con mi hermano que está en España. Lo hago todos los días y siempre funciona sin problemas”, explica Gloria, estudiante de derecho.

Lo mismo hace Jorge. Cada vez que puede y su bolsillo alcanza, se arrima a un hotel o “esquina caliente”, como ahora se les está llamando a los puntos WiFi, comienza a teclear frenéticamente su celular inteligente, introduce los códigos necesarios y se le abre una nueva realidad.

“Abro mi cuenta en Facebook y chateo con mi familia en Miami. Hemos acordado la hora y no falla”, alcanza a decir, inmerso en la conversación virtual.

Tras muchos años virtualmente congelado y sujeto a una feroz censura gubernamental, el acceso a Internet en la Isla está sufriendo una explosión y es prácticamente ilimitado con posibilidades de desplegar todo tipo de páginas, excepto las de matiz pornográfico. Los filtros que el Gobierno había instalado hace unos 10 años parecen haber desaparecido, posiblemente porque se ha percatado que la mayoría de los usuarios solo quieren conversar con familiares y amigos, y no parecen interesados en usar esta vía para algún tipo de propaganda antigubernamental.

Pero tiene un precio. Y muy alto. Para poder navegar hay que pagar unos $2 por hora, una enormidad teniendo en cuenta que el salario medio ronda los $20. En la zona de la Rampa, pegado al Hotel Habana Libre (en la actualidad Hotel Tryp Habana Libre), a todas luces el punto WiFi más concurrido, es fácil conseguir una tarjeta de acceso de la empresa ETECSA por unos $3, el precio del mercado negro.

“Siempre hay gente vendiendo tarjetas por aquí, es muy fácil conseguirlas”, explica Carlos, que no acostumbra a preguntar de dónde vienen. Los más natural es que hayan sido sustraídas por alguien que trabaja en la empresa, dice. Pero no importa. Lo que realmente le importa a él, y a muchos otros en igual situación, es que el WiFi se ha vuelto una ventana de acceso al mundo y su familia, una buena alternativa a la dificultad que hay de lograr tener una línea en casa.

A menos que se tenga un ingreso en moneda fuerte dentro de Cuba, algo todavía al alcance de una minoría, el acceso al WiFi está siendo financiado por los familiares y amigos que estos cubanos tienen fuera del país.

La tecnología que usan —computadoras de último modelo, tabletas que no se venden en el país, celulares de gran calidad— está ingresando a la Isla en el fondo de las maletas de quienes vienen de visita desde el exterior.

La generalidad de los consultados lo confirman.

“Mi iPad me lo ha comprado mi hermano que se fue ‘pal’ norte el año pasado. El vino de viaje el mes pasado y me lo trajo. Mi mamá tiene otro y a cada rato viene aquí a hablar con él y los primos que están allá”, revela Carmen, sentada en la acera en frente de la heladería Coppelia, en el centro del barrio de El Vedado.

Entre los jóvenes esta tecnología se ha transformado en un símbolo de estatus, como sucedió hace 20 años cuando los primeros celulares comenzaron a circular entre los funcionarios cubanos, y estos iniciaron el alarde de la potencia de sus nuevos gadgets.

El cubano residente en la Isla exhibe con orgullo el aparato de último modelo, y cuando manda a pedir alguno a sus familiares y amigos s amigos en el exterior, especifica muy bien el modelo: sabe muy bien lo que quiere, porque ha hecho sus “investigaciones” en Internet.

Pero estos cubanos privilegiados son una minoría. El acceso a Internet se ha transformado en un símbolo que establece diferencias. La mayoría no cuenta con una computadora o un teléfono celular o móvil. Tiene otras prioridades.

En una barriada como Centro Habana, una de las más deterioradas de la ciudad, el tema suena casi como un insulto.

“Eso es cosa de señoritos. Aquí no tenemos nada de eso. Aquí falta el agua, señor”, dice Antonio, sentado en el portal de su casa con otra preocupaciones desplegadas en el rostro.

Lo que le preocupa a Antonio, y a algunos de sus vecinos que se suman a la conversación, es que este nuevo símbolo de estatus puede ser el principio de una mayor fragmentación en una sociedad que se pretendía igualitaria.

“Si no tengo familia afuera, ¿qué hago? ¡Nada! No tengo nada de eso. Aquí la mayoría de nosotros no tiene familia fuera del país que nos pueda ayudar, estamos jodidos. ¡Jodidos!”, se desahoga, levanta y abandona la conversación, quizá para no despertar más demonios.

Pese a todo esto, Cuba es uno de los países con menor tasa de conectividad del mundo, apenas el 5 % de la población. En diciembre, el Gobierno anunció que diariamente unos 150.000 cubanos acceden a la red, el doble del año anterior. Esto se debe en parte a la “WiFi de contén”, desde que comenzó a funcionar a mediados del año pasado.

Según la directora de ETECSA, Mayra Arevich, desde el año 2013, cuando el acceso a Internet se amplió al publico en general —primero a través de salas propias, ciberclubes e instalaciones hoteleras— “se han vendido 7,2 millones de accesos, entre temporales y permanentes”. Hasta el momento hay unos 58 puntos WiFi en todo el país y cada uno maneja unos 55.000 conexiones diarias.


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