Actualizado: 18/10/2021 10:15
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cuba

Política

¿Y ahora qué?

A pie de calle no se observa voluntad para cambiar las reglas del juego.

Enviar Imprimir

Mariana es ama de casa. Se levantó temprano el pasado sábado para dejarlo todo listo y poder ver si en el desfile militar por fin iba a estar Fidel. "Ya me tenían loca los comentarios sobre si aparecía o no aparecía, si está mal de verdad o es mentira lo de la recuperación", alega. "Pero ya veo que nos han estado engañando una vez más, pues si no participó es porque está realmente delicado", dice.

Su estado, entre la incertidumbre y el desengaño, refleja el sentir de muchos cubanos que también se tiraron rápido de la cama para comprobar la ausencia de Fidel Castro a la última de las actividades programadas para celebrar su 80 cumpleaños.

"Para mí fue una sorpresa que no apareciera en el evento de la Fundación Guayasamín, aunque podía entenderlo, pero que no pudiera asistir al desfile después que lo estuvieron anunciando desde el 31 de julio es muy significativo", dice Julio César, jubilado del sector de la cultura.

No es exagerado decir esta vez que todos en la Isla y un poco más allá estuvieron pendientes de ese desfile. No existía una razón mayor que la de comprobar si iba a estar el homenajeado, sobre todo después del desplante a los invitados al Coloquio Internacional Memoria y futuro: Cuba y Fidel, pomposamente convocado desde agosto por la mencionada ONG ecuatoriana.

Vamos, que si su recuperación marchara según lo previsto, al menos podía haber recibido a algunos, filmar unos minutos en diálogo amistoso y enviar en persona uno de esos retóricos mensajes, tan reiterados en los últimos meses, por el estilo de "ya ven, estoy perfectamente bien y el país marcha perfectamente bien".

Lo que Mariana, Julio César y muchos cientos de miles más sienten aquí dentro es que están de pronto como colgados de una brocha porque alguien se llevó la escalera. Para dar gracias a un dictador enfermo, se preparó el más costoso andamiaje celebratorio que recuerde este país en más de dos siglos de historia moderna. ¿Y ahora qué, caballeros? ¿Van a hablar claro por fin?

En la mesa de negociaciones

Un desfile en una ciudad como La Habana ya no debería llamar la atención. Es como una tarea laboral más. Hubo un momento, ya nadie se acuerda si cuando Elián o cuando el Mariel, en que parecían competir a ver cuál movilizaba más personas. La diferencia esencial radica en que desde 1986 no mostraban esas "terroríficas" máquinas de guerra y que todos aquellos fueron presididos por un siempre vital Fidel Castro, a cuyo cargo estaban las palabras finales.

Esta vez le tocó a su hermano Raúl. "Presidente en funciones" le llama la prensa extranjera. General de Ejército y su retahíla de cargos le siguen llamando los medios de la Isla. Pasó revista a las tropas reunidas para la más fastuosa pasarela que se recuerde y luego su discurso fue decepcionante. Insistió en dar luenga continuidad a la verborrea antinorteamericana de su hermano mayor, al igual que la palabrería militarista de "disposición combativa" y "guerra de todo el pueblo", y no dejó nada para la situación interna, ni siquiera una frase de aliento.

A pesar de que no habló de sucesiones ni relevos, también debe reconocerse que si mencionó a Fidel fue para decir solamente ¡viva! Y punto. Por un solo aspecto, a más de uno pudo resultarle interesantes sus palabras.

En un momento de su intervención, Raúl repitió que estaba dispuesto a sentarse en la mesa de negociaciones con los norteamericanos. Aquí salta más de una suspicacia. Es cierto que no es la primera vez que menciona esa posibilidad, pero recalcarla ahora, en esta precisa coyuntura, ¿a dónde conduce, qué mensaje nos manda a los cubanos de dentro y de fuera?

Lo primero que uno se pregunta es si está Fidel Castro detrás de este intencionado anuncio. No hay manera de saberlo y adentrarnos en eso sería especular. Y de especulaciones estamos ya hartos desde el 31 de julio. Pero si fuera afirmativa la respuesta, estaríamos ante la insólita posibilidad de un dictador que teme por la solidez de su papel en su escenario predilecto —la lucha contra Estados Unidos, ese tópico incombustible—, que ha debido abandonar de modo intempestivo, y por el futuro más inmediato de su criatura, ese monstruo sediento y megalómano llamado "revolución". Lo curioso es que tal ademán abre un compás de espera que apunta a concesiones.

¿Qué está dispuesto a negociar Raúl Castro? No es de dudar que lo económico sea la prioridad de la parte cubana, no así para los norteamericanos. A estos les interesa desde luego la seguridad, impedir la avalancha de inmigrantes, cortar el narcotráfico que pueda pulular por la zona y contribuir con capital a algún tipo de proyecto de reanimación de la economía a corto plazo. Pero para los norteamericanos es esencial el tema político y es ahí donde sobrevendrán los conflictos si no hay compromiso verdadero hacia la realización de cambios democráticos en la Isla por parte del menor de los de Birán, sin olvidar la impostergable amnistía para los prisioneros de conciencia.

¿Qué exigiría Cuba en esa negociación? ¿El fin del embargo? Luego podría venir un cóctel que engloba el fin de la ayuda a la oposición y la devolución de la Base Naval de Guantánamo, aunque esto último no se ve tan prioritario ya para Cuba, como hace quince años. De este modo, el horizonte se afianzaría para una más que posible instauración de una economía semiabierta, por la que Raúl sentiría especial apego.

Sin voluntad de cambio

Ahora el teatro queda listo para una súbita aparición del convaleciente Comandante pidiendo que nadie se alarme, que él sólo está cumpliendo la determinación de sus médicos como el paciente más disciplinado. Quizás diga que volverá a la carga o tal vez opte por otros descoordinados movimientos de hombros. Eso, si se desea continuar el mismo retozo de distracción que ya nos tiene a todos hartos.

Como quiera que sea, a los que han podido enterarse por la radio, internet o por simple boca a boca, dejará de resultarles extraño el anuncio de su sobrina, la sexóloga Mariela Castro, de que los familiares ya le piden a Fidel que se dedique a cuidarse y deje las cosas de las política en manos de Raúl. En su precariedad física, pero sobre todo en esta sintomática petición de sus cercanos, está la clave de su ausencia ahora y los meses que restan.