Actualizado: 04/12/2022 4:31
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Opinión

El general y el coronel

¿Cómo serán las relaciones entre Raúl y Chávez en un escenario sin Fidel Castro?

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Raúl Castro pertenece a otra liga completamente distinta. Como no tiene carisma ni visión de futuro, Raúl ha concentrado toda su fuerza en las instituciones —en el Ejército sobretodo, pero también en el Partido Comunista.

En sus viejos tiempos fue leal y firmemente prosoviético, y se sentía cómodamente en la grave y sofocante normalidad del socialismo burocrático. Porque él no tiene la capacidad de arrastrar a las masas a una victoria y ni siquiera lo intentaría sin la ayuda de su hermano, su única esperanza es apelar al saludable interés personal que todos los seres humanos poseemos —y los cubanos de la Isla no son diferentes—, para mejorar nuestras vidas mediante nuestros propios esfuerzos. Mientras su hermano temblaba ante el llamado de Deng Xiaoping hecho a todos los chinos —"¡Enriquezcámonos!"—, Raúl probablemente aplaudía gustoso en silencio.

Raúl y Chávez no son almas gemelas. Las giras deambulatorias de Chávez alrededor del mundo reviviendo el antiamericanismo deleita al comandante y muy probablemente también a Raúl. Con la diferencia de que el Castro más joven —cuando llegue a estar realmente con el control del país en sus manos—, tendrá que dedicarse a resolver las preocupaciones diarias de los ciudadanos si es que quiere de verdad permanecer en el poder durante un tiempo.

Raúl no podrá hacer una cruzada de la "batalla de ideas". Tampoco podrá conducir la política exterior como si él fuera el propio comandante. Es difícil saber exactamente cómo la relación entre Chávez y Raúl se desarrollará en lo adelante, pero sí que el potencial de tensiones existe sin equívocos.

El modelo chino

Las relaciones entre Cuba y Venezuela se asientan hoy en los fuertes lazos personales que existen entre Chávez y el anciano gobernante. Hay rumores de que Chávez no hace mucha gracia al resto de los dirigentes cubanos, a pesar de que todos se estén beneficiando del petróleo venezolano. Solamente los talibanes —el grupo de cuadros relativamente jóvenes educados por el comandante y moldeados a su propia imagen— parecen gozar de la simpatía de Chávez. Qué tiempo estos fieles intransigentes sobrevivirán sin Castro, será algo muy interesante de ver.

No se puede negar la importancia de Venezuela para Cuba a día de hoy, pero sería un grave error asumir que continuará siendo así por siempre. Sin el anciano Castro cerca, China pudiera proyectar ampliamente su ejemplo en el país, aunque sea solamente porque las relaciones entre Pekín y La Habana están basadas en los lazos que tienen sus fuerzas armadas. En ese caso, también China —una dictadura que ha realizado una importante apertura en su sistema económico— sería un modelo viable para un régimen sucesor en Cuba.

Que el pueblo cubano llegue a sentirse satisfecho, al adquirir un mejor estándar de vida mientras continúa viviendo sin la libertad que le pertenece, es un asunto bien diferente.


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