Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Cuba se cierra a empresarios de EEUU

El Gobierno cubano detiene los planes para construir la primera fábrica de Estados Unidos en Cuba en la Isla desde 1959

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Fue siempre más una esperanza que un ejemplo, pero la noticia de construir la primera fábrica de Estados Unidos en Cuba desde 1959 se convirtió en titular de la prensa. Ahora es menos que humo. Después de más de un año de cortejo, el Gobierno cubano le dijo a los dos empresarios estadounidenses que abandonaran sus planes de construir tractores en Cuba, sin darles ninguna explicación, informa AP.

“La producción de los tractores en Mariel no iba a ocurrir”, dijo Saúl Berenthal el lunes. Berenthal y Horace Clemmons, dos empresarios de programas cibernéticos retirados, se convirtieron en el rostro empresarial del deshielo en las relaciones entre Washington y La Habana.

Berenthal es una figura que por breve tiempo logró resumir todo el simbolismo de la posibilidad de un nuevo rumbo para Cuba, al menos en el limitado marco económico. Aunque su apellido no lo evidencia, Berenthal nació en Cuba en 1944 y se trasladó a EEUU en 1960. Su esposa es cubana. Al abandonar la Isla a los 16 años siempre ha mantenido una fuerte conexión afectiva y de conocimiento con su país de origen. Durante años insistió a su socio Clemmons sobre las posibilidades de iniciar un negocio en Cuba, luego de haber estado observando cómo venían desarrollándose los cambios económicos en el país.

Alguien que no vivía en Miami ni estaba relacionado en forma alguna con el exilio tradicional cubano parecía simbolizar la nueva era, donde además se colocaba a un lado, aunque no se olvidaban, las consideraciones políticas.

“Pero más que la parte política —que es una cosa muy importante para todos— [mi socio Horace y yo] nos sentimos orgullosos porque es una manera que vemos de cómo podemos juntar a los dos pueblos otra vez. Mediante el comercio, es cuando la gente y los pueblos derivan mutuos beneficios que resultan en una buena relación comercial, social y política”, dijo Berenthal al diario digital elespañol.

Había además un detalle simbólico, que la prensa de Miami y de EEUU general había pasado por alto al dar la noticia.

Berenthal y Clemmons habían jugado un rol en la transición española, desde el punto de vista empresarial. En los años 70, y como informático, el cubanoamericano viajó a Madrid junto a su actual socio, como miembros de IBM, para instalar los primeros “puntos de venta” o cajas registradoras en El Corte Inglés. Recién había muerto el caudillo Francisco Franco y España estaba en los albores de la transición.

Para aumentar las posibles semejanzas, el fundador de El Corte Inglés, Ramón Areces, inició su carrera en La Habana, en los almacenes El Encanto. El concepto comercial que trajo a España se había iniciado en esa tienda emblemática cubana. Berenthal había conquistó a los empresarios españoles, en buena medida, por el pasado cubano que los unía.

Tras su retiro del negocio informático, Berenthal comenzó a ir a Cuba, en 2007, y aún faltaban siete años para que Barack Obama anunciara su intención de reiniciar las relaciones comerciales con Cuba. Pero ya en fecha tan relativamente temprana, el empresario empezó a viajar a Cuba “tratando de ver qué fue lo que se hizo de Cuba”, de acuerdo a elespañol.

La posibilidad de abrir la fábrica en la Isla fue saludada con este titular por el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista Cubano: “Los tractores estadounidenses que empujan contra el bloqueo”.

Los tractores a fabricar en Cuba eran además ideales para el desarrollo de la agricultura privada cubana y su nombre, “Oggún”, tomado de la religión afrocubana o santería, era apropiado para los nuevos tiempos. Oggún es la deidad de la metalurgia. Guerrero y protector.

De diseño escueto, con un bastidor tubular resistente, simple y abierto a los elementos. el tractor Oggún es perfecto para Cuba. Parte de un modelo de diseño original aunque está fuertemente inspirado en el Allis-Chalmers Modelo G, que fue uno de los pilares del auge de la agricultura de la posguerra a finales de 1940 y principios de los 50 en EEUU. El conductor se sienta en lo alto para obtener mayor visibilidad; el motor está detrás, atornillado al bastidor entre las ruedas traseras. Su chasis, puede soportar un motor de gasolina o diesel de 18 a 25 caballos de fuerza, no exclusivo “americano”. Cleber tiene siete fabricantes americanos, japoneses, británicos, alemanes, o italianos, que pueden suministrar un motor compatible, lo que permite una mayor versatilidad, en pro de lo que se necesite.

De ejes ampliables en el frente y en la parte trasera, Oggún es ideal en la versatilidad que se requiera a la hora de plantar hileras de cultivos, la navegación por caminos estrechos, o transportar el tractor de remolque o la parte trasera de un camión.

Pese a todas estas ventajas, Oggún no será construido en Cuba.

Hace mes y medio, los primeros tractores comenzaron a salir de la línea de ensamblado… pero en el poblado de Fyffe, en Alabama, que tiene unos 1.000 habitantes.

La inversión de Cleber requería que el Gobierno cubano tomara demasiados riesgos ideológicos, opina John Kavulich, director del US-Cuba Trade and Economic Council. Aceptar el proyecto “se percibiría como que el país está aceptando los estatutos, reglamentos y políticas actuales de EEUU. Que se han rendido”, dijo Kavulich de acuerdo a El Nuevo Herald.

“Se sienten seguros de que con las subvenciones, los préstamos, la reestructuración de las obligaciones existentes, los proyectos centrados en la energía, los ingresos de los visitantes de los Estados Unidos y otros países, el Gobierno tendrá la capacidad de mantener su resistencia a un compromiso comercial y económico significativo con las empresas establecidas en Estados Unidos”, agregó, de acuerdo al diario de Miami.

El ánimo estaba apagado entre las compañías estadounidenses que exponían sus productos y servicios en la Feria Internacional de La Habana, la mayor feria comercial de interés general de la Isla. Mientras Cuba anunciaba con fanfarrias los nuevos acuerdos alcanzados con Rusia y Japón, los representantes corporativos estadounidenses a cargo de puestos de exhibición en un pabellón compartido con Puerto Rico dijeron que veían pocas perspectivas a corto plazo para hacer negocios con Cuba, informa la AP.

“Sabemos que tenemos que estar aquí, mostrar nuestra disposición de estar aquí”, dijo Diego Aldunate, director para Latinoamérica de las pinturas Rust-Oleum, con sede en Illinois.

Él y un colega, Óscar Rubio, indicaron que estaban aguardando que posibles clientes del pequeño sector de cooperativas propiedad de los trabajadores de Cuba se detuvieran en su puesto de exhibición, pero para media tarde no había llegado nadie.

El Gobierno cubano mantiene un monopolio en las importaciones y exportaciones y en prácticamente todas las ventas de productos dentro del país, lo que convierte a la burocracia estatal en el árbitro final de los negocios que se concretan.

“Lo complicado es que el distribuidor es el Gobierno y no sabemos cómo va a funcionar”, dijo Rubio, de acuerdo a la AP.

Obama ha implementado seis rondas de regulaciones que hacen perforaciones en el embargo comercial que EEUU le impuso a Cuba hace medio siglo, las cuales ya permiten importaciones y exportaciones, ventas al gobierno socialista e inversión estadounidense limitada en la Isla. Cuba ha autorizado que operen en su territorio los hoteles Starwood, el servicio de reserva de viviendas Airbnb y 10 aerolíneas de EEUU.

Las autoridades cubanas culpan a las cláusulas restantes del embargo como el verdadero obstáculo a un mayor comercio con el país norteamericano, y constantemente critican lo que llaman “el bloqueo”.

“El bloqueo permanece vigente debido al absurdo bloqueo comercial y financiero”, afirmó Rodrigo Malmierca, secretario de Comercio, en la ceremonia inaugural de la feria el lunes. “Este provoca grandes daños al pueblo cubano y es el principal obstáculo en el proceso hacia la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos”.

Algunos ven el estancamiento del comercio oficial con los estadounidenses como una decisión consciente del Gobierno cubano para limitar el comercio a algunos mordiscos de alto perfil a la manzana mientras canaliza la mayoría de los negocios hacia compañías europeas y asiáticas, con el fin de mantener a la comunidad empresarial norteamericana hambrienta de obtener más y presionar al Congreso para que ponga fin al embargo.

“El Gobierno cubano está utilizando el interés que tienen las empresas estadounidenses como el cebo para atraer el interés de las compañías de otros países", dijo Kavulich.

“El Gobierno cubano está diciendo: ‘No le demos nada más de lo absolutamente necesario a las compañías estadounidenses’, de forma que las empresas sigan salivando a la espera de oportunidades potenciales ilusorias. Hay más inspiración y aspiración que realidad”, agregó.

El uso de esta táctica se podía intuir en la noticia publicada en Granma sobre la posibilidad de fabricar en Cuba los tractores Oggún.

“Sin apenas tocar tierras cubanas, los tractores de la compañía estadounidense Cleber LLC ya aran en la opinión pública internacional y las relaciones entre Washington y La Habana”, publicó Granma al divulgar la noticia.

La pregunta pertinente es si se trata solo de una táctica económica o, por el contrario, detrás de ella se afianza un principio político: el Gobierno cubano se niega al abandono del concepto de “plaza sitiada”, pese a que objetivamente dicha postura no se fundamente en hechos sino en una rigidez ideológica.

La Plaza de la Revolución cada vez da mayores indicios de estar cerrando puertas por temor a que una apertura económica, aunque limitada, lleve a la posibilidad de un cuestionamiento, más o menos abierto o público, de sus postulados políticos.

Sin embargo, lo que el Gobierno de La Habana se obstina en proteger como los postulados fundamentales para su sobrevivencia política, conspira en contra de brindar cualquier tipo de esperanza, aunque sea leve, en un mejoramiento de la situación económica en la Isla. Y ello reitera el viejo mecanismo de confiar siempre en la represión como la mejor salvaguarda para el régimen. Y deja, una vez más, abierta la sempiterna pregunta: ¿hasta cuándo?


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