Actualizado: 05/12/2019 10:02
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Crónica, Bahía de Cochinos

Veteranos de Bahía Cochinos creen todavía en lucha armada contra Castro

No queremos encontrar a los “criminales caminando por la calle junto a uno”, afirmó el exiliado Raúl Martínez

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Medio siglo después de la fallida invasión de Bahía Cochinos (1961), algunos exiliados protagonistas de aquel episodio defienden todavía la “lucha armada” o una “rebelión militar” para lograr la libertad de Cuba.

Siguen convencidos cincuenta años después de que la causa del fracaso de la invasión anticastrista fue la cancelación de los bombardeos por parte del Gobierno del presidente estadounidense John F. Kennedy contra la escasa fuerza aérea de Fidel Castro.

“Fuimos completamente abandonados nosotros y el pueblo cubano por Kennedy” en la invasión de Bahía Cochinos, dijo el exbrigadista Óscar Rodríguez al evocar aquel episodio, cuyo aniversario 50 se conmemora el próximo domingo.

Pérez tenía apenas 20 años cuando desembarcó con la Brigada 2506 en Playa Girón, el punto más meridional de la bahía, aquel 17 de abril de 1961 en que abrigaba, juntos a sus compañeros de lucha, la determinación de recuperar la libertad para su patria.

“Esa lucha de la libertad por Cuba sigue viva”, afirmó Pérez, que cayó preso en la abortada invasión y estuvo 23 semanas en una cárcel en la Isla hasta que fue liberado, junto con otros, y enviado rumbo a EEUU gracias a un acuerdo entre el Gobierno cubano y el estadounidense.

Recuerda, en primer lugar, con amarga tristeza, a los “hermanos” brigadistas que cayeron muertos allí en los tres días de combate, fueron fusilados o fallecieron asfixiados en el interior de una rastra sin ventilación mientras eran trasladados presos a La Habana.

“Esos hermanos que murieron allí es lo que más recuerdo, sus familias…”, comenta Rodríguez, quien trabajó durante cerca de cuatro décadas para una empresa de cemento en Estados Unidos.

Raúl Martínez tenía 19 años cuando se incorporó a la Brigada 2506. Un año más tarde, un 17 de abril de 1961, a las 6.45 horas, fue lanzado como parte del batallón de paracaidistas sobre un punto cercano a Playa Girón.

La lucha fue encarnizada ese día en aquella zona, pero, sin la cobertura aérea, comentó Martínez, se vieron obligados a retroceder paulatinamente hacia las ciénagas, donde, “completamente rodeados” por el Ejercito de Fidel Castro, fue inútil todo intento de huida.

“Fui de los primeros en caer prisionero, aunque se nos trató relativamente bien”, a excepción del grupo de 12 o 16 brigadistas que murió por asfixia en el interior de la rastra, responsabilidad del capitán Osmani Cienfuegos, contó Martínez, que hoy tiene 73 años.

El exiliado explicó que el objetivo del operativo del batallón de paracaidistas era establecer una cabeza de playa de difícil acceso a las fuerzas castristas, según el plan concebido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), un plan que “no era una locura”.

“Lo que fue una estupidez —prosiguió— fue cancelar los bombardeos del día 16” y seguir adelante con el desembarco al día siguiente.

En esta línea, culpó a Kennedy, al igual que sus compañeros brigadistas, del fracaso de la invasión, ya que, al final, el mandatario estadounidense “podía haber dado la orden de paralizar el desembarco”.

Se mostró en desacuerdo con la “corriente pacifista” actual y a favor de “un cambio radical, un cambio violento en Cuba”, como, por ejemplo, dijo, una “rebelión militar por parte de las Fuerzas Armadas” cubanas o la “ejecución de Raúl” (Castro).

“Quisiéramos una solución violenta porque anhelamos justicia, no venganza; pero en Cuba se han cometido infinidad de crímenes” y no queremos encontrar a los “criminales caminando por la calle junto a uno”, agregó.

No obstante, lamentó el “daño que se hizo, las 2.000 bajas que les causamos”, para luego acabar derrotados. “Creamos dos mil familias que nos odian, hijos, madres, padres…”, explicó con pesadumbre.

“Todo eso, la sangre derramada, el sacrificio, se hubiera justificado si hubiéramos vencido y logrado el objetivo de llevar la democracia y la libertad a Cuba”, pero no fue así, puntualizó.

Esteban Bovo pilotó uno de los bombarderos B26 con que contaba la brigada de 1.500 exiliados que participó en la invasión. Hoy, recuerda también con tristeza a los compañeros que “cayeron peleando y a los muertos en Cuba, que eran tan cubanos como nosotros”, aunque “abrazaron una causa equivocada”.

Al igual que Rodríguez, Bovo, de 73 años, culpa a Kennedy del fracaso de la invasión: “Fuimos abandonados por Kennedy, que cambió de postura y decidió dejarnos solos”, manifestó.

En cuanto al recurso de una acción violenta para derrocar al Gobierno castrista, Bovo sostuvo que hoy el “enemigo sigue siendo el mismo”, por lo que “vería muy bien una invasión en cualquier momento”.

La Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos (Brigada 2506) mantiene viva la misma idea que prendió en su juventud: “la ilusión de que Cuba sea libre”, aseguró Bovo.

Un caso diferente fue el de Luis Adolfo Bermúdez, conocido por “El Pollón”, por su juventud (19 años), que contaba con un entrenamiento de academia militar y no participó en el desembarco en Playa Girón.

Bermúdez, que recibió entrenamiento por la CIA en bases secretas en Guatemala y Panamá, formó parte del equipo de infiltración de unos cuarenta hombres que penetró en Cuba. “Soy el último brigadista que cae preso en la Isla, en 1963, infiltrado”, explicó.

Sentenciado a 30 años de cárcel, Bermúdez logró fugarse de la prisión de Boniato cuatro años después.

Opinó que son los cubanos que viven en la Isla “los que tienen el derecho de presidir una nueva República, no los de aquí (EEUU)” y sostuvo que fue un “error estratégico” el desembarco en Bahía Cochinos de una brigada “con rifles de la II Guerra Mundial y tres tanques que ni tiraron”.

Cargó además contra aquellos que, hoy en día, denuncian las dictaduras de derechas pero no las de izquierdas, como si estas segundas fueran “aceptables”, por ejemplo, dijo, la “dictadura de Fidel Castro”.


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