Actualizado: 26/06/2019 9:43
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Televisión

«Con casi 50 años, no podía esperar más a que Cuba cambiara»

Carlos Otero, el protagonista de la fuga más sonada de 2007, habla con ENCUENTRO EN LA RED.

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Dentro del ICRT hay un tipo de castigo muy común: te dicen que no tienes ningún problema, pero no te dan trabajo. Entre 1998 y 2001 estuve vendiendo ropa, haciendo algún show por la izquierda, en fiestas privadas y de extranjeros, sobreviviendo. Finalmente, ante la insistencia de la productora Gloria Torres para que yo animara el Festival de la Canción OTI, el entonces vicepresidente del ICRT, Ovidio Cabrera, quien me había puesto en 'plan pijama', decidió aflojar un poco. Me permitieron conducir la premiación y en 2002 hice 48 emisiones en vivo de un programa de verano llamado Justo al medio.

En 2003 conduje El ventilador, los domingos por la noche. Había vuelto a la televisión pero no me daban un espacio fijo. Eso fue hasta que comencé La hora de Carlos en 2004. Estuvo casi 10 meses al aire, dirigido por un joven muy talentoso, Yusnel Suárez, pero con unas ideas que no gustaban en el ICRT; él quería hacer televisión al estilo americano. Me quitaron al director y el programa empezó a decaer y también comenzaron a cambiarle arbitrariamente el horario. Entonces propuse hacer otro programa. Así surgió Con Carlos y punto, los domingos a las 8 y 30 de la noche, que era el que estaba haciendo antes de venir. La televisión en Cuba es cíclica y se vuelve frustrante: siempre terminas entrevistando a la misma gente, año tras año.

¿Cómo pudo mantenerse al margen de la politización, que es tan característica de la sociedad cubana?

Quizás el gobierno se tuvo que meter la puñalada conmigo. Al ser tan popular, probablemente tuvieron que hacer concesiones. Cuando el caso de Elián González me llamaron dos veces de la UJC Nacional para pedirme que participara en las tribunas abiertas, y me negué. Dije primero que mi imagen de presentador y humorista no tenía que ver con eso, y luego que era un asunto familiar y que yo no quería inmiscuirme. Me dejaron tranquilo. No me fue difícil decir que no, pero muchos en Cuba tuvieron miedo de negarse, y otros cambiaron de estatus de vida a raíz de su participación en la llamada "batalla de ideas". También soy muy boca suelta, soy honesto y sincero, y si tengo que mandar a alguien pa'l carajo, lo hago.

¿Cuándo se produjo en su mente ese punto de viraje en que ya estaba decidido definitivamente a irse de Cuba?

Con casi 50 años no podía darme el lujo de esperar más a que aquello cambiara. Uno se ve reflejado en esos artistas viejos que están pobres y olvidados. Recuerdo que una vez, en 1996, estábamos filmando en el muelle de la lanchita de Regla con Xiomara Laugart, y nos pasó por al lado el cantante Carlos Embale [del Septeto Ignacio Piñeiro], pidiéndonos 10 centavos y un pedazo de pan. Ni nos reconoció. Ahí le dije a Xiomara: "Eso es lo que nos espera".

Desde luego que yo tenía miedo al cambio, pero en 2006 visité Canadá por primera vez, invitado por un empresario español que organiza espectáculos para los latinos allí, fundamentalmente para la comunidad cubana. Allí hicimos un show de fin de año tipo Sabadazo, en Toronto, donde viven unos 8.000 ó 9.000 cubanos. Me pareció un país lindo, lleno de oportunidades, donde vi todo lo que prometieron en Cuba y nunca concretaron: ayuda a los trabajadores, a las madres solteras.

Me gustó Canadá, pero es un país muy frío, el idioma me chocaba y hay un solo canal en español, Telelatino, que también trasmite en italiano. Los cubanos están en Miami y muchas amistades mías también. Yo había comenzado a comunicarme con algunos, a conversar por el chat, y le planteé a Carlucho [humorista y presentador de la radio y el canal 41] mis deseos de irme. Me convencí de que Miami era el sitio donde debía estar si quería hacer otro tipo de televisión. Así que desde 2006 empecé a preparar mi salida definitiva.

¿Cómo logró sacar a su esposa e hijos menores?

En Cuba, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés viajan con toda la familia, hasta con las nanas. Yo recurrí a algo que hacen los artistas para viajar con los familiares: nombré a mi esposa como representante mía, y viajamos juntos a Canadá en 2006 varias veces. Eso formaba parte del "trabajo de preparación", para no levantar sospechas. Este año pedí viajar con mis hijos y, aunque se demoró el permiso un mes y medio, finalmente me lo concedieron. Cuando estuvimos todos juntos, cruzamos la frontera.

¿Qué fue lo que más le impactó a su llegada a Miami?

Sin dudas, la bienvenida. Durante 40 años me enseñaron que aquí en Miami sólo había odio y rencores y lo que he encontrado ha sido lo contrario. He visto gente que se fue en los sesenta, pero que tiene algún familiar que vivió en Cuba y me vio en televisión; esos exiliados han venido a estrecharme la mano. Incluso antes de llegar a Miami, algunas personas me reconocieron y me saludaron; es inolvidable la bienvenida tan calurosa de amigos y conocidos en el canal 41 (América Teve). Yo no quería que se acabara la noche, y por eso les pedí que me dejaran participar en el programa La Cosa Nostra.

Ha sido contratado por el 41. ¿Qué tipo de programa va a hacer?

Estoy trabajando con los productores en eso, barajando ideas. Aún no está decidido.

En Cuba era el presentador del programa más popular, pero en la televisión hispana de Estados Unidos hay muchas opciones. ¿Está preparado para el fracaso? ¿Qué haría si no le va bien?

Claro que estoy preparado. Estoy consciente de que mañana viene alguien más bonito, más joven y con más talento, y me desplaza. Si no tengo éxito, estoy dispuesto a ponerme detrás de las cámaras, como utilero, vestuarista, o productor: no me importa el spotlight, no lo vine buscando. Puedo vivir detrás de las cámaras.

Dios es testigo de que en Cuba nunca le hice daño a nadie. Apoyé a muchos artistas, al punto de que algunos humoristas me decían cariñosamente "El padrino". Y como hombre libre, ahora tengo el derecho de trabajar donde pueda y de vivir como me dé la gana.


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