Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Literatura

«Creo en el hombre y su dignidad bajo cualquier circunstancia»

Narrativa, poder, exilio: Entrevista con el escritor Nicolás Abreu.

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Nicolás Abreu (La Habana, 1954) es miembro prominente de eso que se ha dado en llamar Generación del Mariel. Ha publicado Al borde de la cerca (Madrid, 1987), testimonio de su participación en los hechos de la Embajada del Perú, así como las novelas El lago (Miami, 1991) y Miami en brumas (Miami, 2000). Además, es coautor con sus hermanos de Habanera fue (Barcelona, 1988).

Con motivo de la publicación de su más reciente novela, 'La mujer sin tetas' (Miami, 2005), me arriesgo en un vuelo de Miami a Hialeah para entrevistar a Nicolás. Para los que no han estado por estos lares, les digo, volar es lo que literalmente se hace cuando se conduce un auto por el Expressway 826 para ir de la primera ciudad (esa que fue refundada por los cubanos a partir de 1959) a la segunda (esa que, hoy por hoy, es la ciudad que más cubanos contiene después de La Habana).

Aterrizo en Hialeah y el escritor me recibe con un exquisito asado y un buen tinto. Hablar con Nicolás es una aventura, primero porque no deja hablar a uno, y segundo, porque lo que habla es interesante. Me cuenta de sus hazañas de asere ilustrado en La Habana de los setenta, de sus reyertas callejeras, de su amistad con Reinaldo Arenas y de la época en que, fugitivo Arenas y oculto en el Parque Lenin, él y sus hermanos (Juan y José) se las arreglaban para hacerle llegar alimentos y mensajes del exterior, del acoso y el azoco de la policía política en torno al grupo de escritores, del horror, en suma, de ser un insumiso bajo un régimen comunista. Estas son las preguntas que, finalmente, me dejó hacerle para Encuentro en la Red.

Usted fue testigo de excepción y participante en los acontecimientos de la Embajada del Perú y el subsiguiente Éxodo del Mariel; hechos que estremecieron como probablemente nunca antes, o después, los cimientos mismos de la dictadura comunista isleña y que, algunos más osados, vislumbran como la primera grieta que se abría en el infame Muro de Berlín. ¿Cómo valora esos hechos históricos, a la distancia de los 25 años que recién se acaban de conmemorar?

Mi esperanza era que Fidel Castro sucumbiera con la llegada del siglo XXI y que los que fervientemente creían que el mundo se acabaría, tuvieran razón. Pero nada pasó, seguimos nadando en la misma porquería. Castro ha sobrevivido al milenio y a la posible desaparición del planeta tierra. El dictador sigue ahí riéndose de todo y de todos, sigue encarcelando y fusilando y el éxodo de cubanos continúa, con la diferencia de que ahora son deportados si no logran tocar tierra, por el mismo país, Estados Unidos, que en 1980 recibió con los brazos abiertos a 125.000 cubanos.

Es indudable que Cuba, cuando los sucesos de la Embajada de Perú, estuvo al borde de una guerra civil. La dictadura que desde 1959 tomó el poder, no se había enfrentado a una turbulencia social de esa magnitud. Es para morirse ver 25 años después al delincuente en jefe aún en el poder. Eso sí, ya hoy es un viejo baboso y decrépito, pero lleno de maldad como nunca.


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