Actualizado: 22/01/2022 2:37
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Televisión

En contacto con Hilda

Una entrevista con la animadora Hilda Rabilero, cuyo popular programa 'Contacto' marcara una época en la televisión nacional.

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¿De qué grado de libertad disfrutaba el programa?

En ese sentido fue espantoso. Incluso un amigo, el guionista Camilo Hernández (actualmente en Venezuela), tuvo que renunciar. Era una censura constante por todo, por los temas, por las personas a las que queríamos invitar. A artistas como Juan Formell, Carlos Ruiz de la Tejera y otros, no les permitían asistir. Recuerdo que Ruiz de la Tejera asistió en una ocasión y no pudo salir al aire. Sencillamente, no se lo permitieron.

Había un director que había sido chofer de ómnibus, que no sabía lo que estaba pasando, apenas si leía el guión. Se aparecía en el estudio fumándose un tabaco… En fin, fue una lucha constante contra lo imposible.

En esta primera etapa yo sólo ejercía como animadora, además de colaborar con el guionista. Desfilaron dos o tres guionistas más por el programa antes de que éste pasara a su segunda etapa. Yo propuse un programa de dos horas. En esta segunda etapa, algunos invitados cocinaban en el estudio, había entrevistas, lecturas de fragmentos de libros que estaban en el mercado editorial y demás segmentos.

Esta segunda etapa fue un éxito. Creo que la tercera etapa del programa, los sábados de seis de la tarde a diez de la noche, es la que más recuerdan los telespectadores. Pero esta segunda etapa fue la más consagrada, la más coherente en mi opinión.

Entonces, ¿por qué se decide por un tercer formato?

Me hicieron esa propuesta. Al principio dije que no, que iban a ser cuatro horas y debía tener todo el aparato de producción de la televisión en función del programa, que eso no era posible. Pero me dijeron que sí. ¿Cómo que sí?, me pregunté. Era muy raro. Recuerdo que la reunión fue con Juanito Hernández, entonces vicepresidente del ICRT.

Me ofrecieron lo que yo quisiera. Estaban a mi disposición para lo que yo estimara. Dijeron que había que reforzar los programas de variedades porque había mucha política en la televisión, etcétera. Es decir, algo inusitado, insólito. Luego lo consulté con varios de mis amigos y me recomendaron que aceptara, que no había nada que perder. Finalmente me convencieron.

Entonces puse la condición de que yo debía ser la directora del programa, y la dirección del ICRT lo aceptó también.

¿A qué atribuye esa actitud?

Después nos enteramos de que ellos estaban esperando el lanzamiento de Televisión Martí. Más exactamente, temían la aparición del programa de Don Francisco en ese horario estelar del sábado. Iban a intentar obstruir la señal, pero si esto no se lograba debían disponer de un plan B con el que contrarrestar a Don Francisco. Una contrapartida.

Parece que esta fue la razón, porque después que lograron neutralizar la señal empezaron a quitarle apoyo a Contacto. Literalmente, comenzaron a hacerme la vida imposible.

Esta tercera etapa empieza en octubre de 1989 y termina en febrero de 1991, cuando renuncié. Pero ya a los dos o tres meses de iniciada comenzaron a poner trabas. Llegaban a dar mantenimiento a los equipos en el momento de los ensayos, o no había gasolina para recoger a los artistas, o no se les pagaba a algunos de ellos…

El programa se independizó mucho, precisamente porque, cuando empezaron a quitarnos recursos, buscamos apoyo fuera de la televisión. Contacto casi se convierte en una productora independiente. Todo el equipo estaba en función del programa, como si en realidad éste fuera propiedad nuestra, como si sacáramos algún provecho económico. Era un equipo de mucha coherencia. Pero los problemas que confrontamos fueron espantosos.

¿Por ejemplo?

Una vez editamos un segmento sobre la entrega de los Oscar. Y esto, por supuesto, había que informarlo. Tú no puedes pasar nada en la televisión cubana que no hayas informado previamente. Lo que pasa es que contábamos con la ignorancia de los encargados de aprobar estas cosas. Lo propusimos, alguien lo aprobó y comenzamos a hacer la edición. Ya a punto de salir al aire, nos llegó la orientación de que debíamos parar.

Llegué al estudio y mi asistente me aseguró que sí se había informado sobre el segmento, me mostró incluso el papel que lo demostraba. Estamos hablando de un resumen de los Oscar, un espacio de quince minutos que yo debía cubrir de cualquier manera. Entonces decidí ponerlo bajo mi responsabilidad. Recuerdo que todo el equipo me apoyó en la decisión.

La señora que entonces desempeñaba el cargo de vicepresidenta interina de la televisión, no recuerdo su nombre, me citó el lunes a su oficina. Estaba colérica. Tuvo una especie de delírium trémens. Me aseguró que iban a relevarme en la dirección del programa. "¡Pero nosotros cumplimos con el reglamento establecido!", me defendí. "¿Nos exigen que les informemos previamente? Pues en este caso les informamos previamente".

En ese momento la popularidad del programa era muy grande. Para que se tenga una idea, Contacto era visto por el 84% de la población. Yo recibía miles y miles de cartas, ya no se sabía dónde almacenarlas. Me escribían hasta de las cárceles. Como me ha comentado una de nuestras asesoras, con la que me encontré hace poco aquí en Miami, en la historia de la televisión cubana no ha habido un espacio de tan alto rating como Contacto, incluyendo El Casino de la Alegría, Café Regalías y otros.

El programa se convirtió en una ventana al exterior para la población. Incluso, logramos pasar una entrevista a Willy Chirino, sirviéndonos, otra vez, de la ignorancia de la persona encargada de aprobar nuestras propuestas. Luego hicimos la edición prácticamente a ocultas, hasta que logramos sacarlo.