Actualizado: 19/06/2021 19:09
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Televisión

En contacto con Hilda

Una entrevista con la animadora Hilda Rabilero, cuyo popular programa 'Contacto' marcara una época en la televisión nacional.

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¿Alguna otra anécdota que recuerde particularmente?

Son millones de anécdotas, nunca terminaría de contarlas. Recuerdo que un día me llamó un general que atendía el cuerpo de bomberos. Quería celebrar el día de los bomberos en el programa. "No, mire, me da mucha pena, pero no puedo hacer eso", me disculpé. "¿Pero usted sabe lo que me está diciendo?", exclamó él. "¡Su programa lo ve todo el mundo!".

"Precisamente", le contesté. "¿Sabe por qué lo ve todo el mundo? Porque yo no celebro el día de los bomberos, ni el día de la policía, ni el día de la federación…".

¿Cómo sale de Cuba?

Mi tío, Guillermo Álvarez Guedes, me ayudó a salir a través de República Dominicana. En principio, la Seguridad del Estado pensaba que yo viajaría a Italia. Durante un tiempo, a partir de mi salida de Contacto en febrero de 1991, les hice creer que me iría a ese país. Incluso corrió el rumor en Cuba de que me había casado con un multimillonario italiano. Yo había estado en Italia previamente, conocía a Lucia Altieri, había entrevistado a Luciano Pavarotti. Y cubano que se va a Italia es como si se fuera a Marte.

En cualquier caso, sospecho que la Seguridad del Estado pensaba que mi salida del país era más una solución que un problema.

En el verano de 1991 salí de Cuba. Luego, desde Santo Domingo, pasé a Miami.

Cuénteme de sus inicios en esta ciudad…

Al principio no encontré trabajo ni en la televisión ni en la radio. Tampoco es que haya indagado exhaustivamente, porque en realidad no vi una buena recepción. Y como no estoy acostumbrada a vivir de la caridad, como siempre he sido muy independiente, empecé a trabajar como secretaria en una empresa de reparación de piezas de aviones.

Comencé como secretaria asistente y terminé de vicepresidenta de la compañía. No he tenido padrinos. He tenido que labrarme mi propio camino sola, con mucho trabajo y mucho esfuerzo. Esto, sobre todo desde un punto de vista espiritual, creo que ha sido muy positivo.

Culturalmente hablando, ¿le fue difícil adaptarse al modo de vida americano?

De ninguna manera. Es que siempre tuve una formación muy cercana a la cultura de Estados Unidos. Estudié inglés desde niña, leía libros en ese idioma, escuchaba música americana. Una maestra iba a mi casa a enseñarme inglés ya desde mis seis o siete años. Llegar aquí fue como llegar a mi hogar. Como llegar a Cojímar o El Vedado.

¿Qué tal la acogida de la comunidad cubana?

Tengo que distinguir entre la comunidad cubana y algunas personas dentro de la comunidad cubana que al principio me hicieron rechazo. No entendían que en Cuba una persona pudiera hacer un programa de televisión sin ser manipulada por el gobierno. Creían que yo no era del todo consecuente con el paso que había dado. Consideraban que había algo extraño en todo eso.

Mucha gente que dejó Cuba en los años sesenta no tiene una idea precisa de la Cuba actual. Es que yo misma, después de más de quince años fuera, no tengo una idea precisa de la Cuba actual.

En 1995 hice un programa en Unión Radio, y después pasé a la WQBA. La respuesta de la comunidad fue impresionante. Una acogida respetuosa, calurosa. El programa lo cogí en cero punto y algo de rating, y estaba en cinco punto y algo cuando me fui.

Ahora mismo, en el dominical Pégate con Hilda, en MegaTV, recibo muchos emails de personas que ni siquiera me conocieron en Cuba. Lo cual habla muy bien de la comunidad cubana. Es una pena que nos hayan pintado como trogloditas cuando en realidad la mayoría no lo somos. La mayoría de la comunidad cubana está compuesta por gente sensible, solidaria.

Desde una perspectiva actual, ¿qué opinión le merece la televisión hecha en Cuba?

En Cuba se quedó una buena parte de los profesionales formados en el capitalismo. Pedraza Ginori, por ejemplo, se formó en el capitalismo. Y yo me formé con Pedraza Ginori.

Antes de 1959, la televisión cubana era ejemplo en el mundo de televisión de calidad. Y estas son cosas que no se pierden, que se transmiten a las nuevas generaciones. Claro, llega un momento en que apabulla la censura política, en que la formación de los nuevos profesionales ya no es la misma.

He visto muy poca televisión cubana de actualidad, pero evidentemente el contenido político es cada vez mayor.


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