Actualizado: 12/11/2019 10:35
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Literatura

Incorrecciones políticas

Entrevista con Luis Manuel García, autor del libro 'Habanecer', reeditado recientemente en España.

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Publicada en 1993, luego de recibir el premio Casa de las Américas de Cuento y permanecer engavetada por casi tres años, la novela Habanecer acaba de ser reeditada en España bajo el sello Mono Azul Editora, en su colección Cazadores en la Nieve.

Su autor, Luis Manuel García, exiliado en Madrid, habla con Encuentro en la Red de esta obra, que es su "homenaje a La Habana", y de sus relecturas a la luz de la actualidad cubana.

¿Qué es 'Habanecer'?

Es un intento de capturar la ciudad de La Habana, de meterla dentro de un día, y en esas 24 horas, importar hacia la literatura el espíritu de la ciudad. Sé que es imposible capturar la ciudad dentro de un día. Sin embargo, el intentarlo no es sólo un homenaje a La Habana, sino a esa Habana que está compuesta por la personas que viven en ella.

La ciudad está insertada de tal modo dentro de esas 24 horas, que el libro no está siquiera paginado. En cada página está la hora. La novela está conformada por treinta y tantas historias que se trenzan unas con las otras, más o menos de la misma manera que se articulan los sucesos en la ciudad. Dos personas que no se conocen, tropiezan, se piden disculpas, cada cual sigue por su camino, y en realidad, sus dos historias sólo coincidieron en ese punto. Es posible que nunca más se vean.

Estos personajes no están vinculados por sangre, coinciden como el mobiliario urbano de la ciudad. Son el mobiliario humano. Hay dos momentos en el libro en que prácticamente casi todos los personajes entran en dos autobuses —uno que va y otro que viene—. Estos personajes interactúan incluso con el autor del libro, que también está en la guagua. De pronto el autor descubre que los personajes viven en sitios donde no los había puesto a vivir y hacen cosas que no estaban planificadas en su obra.

Estas capas o estratos se vinculan unos con los otros de distintas maneras, y entre todos crean ese entramado de complejidades que es la ciudad, que tiene una estructura laminar histórica de abajo hacia arriba; una estructura horizontal geográfica, y una humana, que se mueve en todas direcciones, de la gente que la habita.

¿Por qué la edición de 'Habanecer' demoró tres años, cuando se supone que debió ser publicada al año siguiente de recibir el Premio Casa de las Américas? ¿Algún episodio pudo resultar molesto a las autoridades?

Lo habitual es que un libro que gana el Premio Casa de las Américas se publique al año siguiente, y se lance en el contexto del próximo premio. Habanecer ganó el premio en 1990 y no fue publicado hasta 1993. Me llegaron distintas informaciones al respecto. La oficial decía que había problemas con el papel, y otra, no tan oficial, que había un debate sobre si se publicaba o no.

¿Por qué razón? Independientemente de que no es una novela explícitamente política, sí es un libro donde los personajes incurren en las incorrecciones políticas en que normalmente incurren todos los cubanos en su cotidianidad.

Por ejemplo, un señor acaba de llegar de Angola, de pasarse varios años como internacionalista, y descubre que no está diseñado para el martillo y la llave inglesa, sino para tirar tiros, matar gente. Sin que sea una acusación directa al gobierno cubano, este tipo de cosas son incorrecciones que el gobierno no admite ahora, pero menos admitía en aquel instante.

Uno de los cuentos está relacionado con los sucesos de la Embajada de Perú, en 1980, cuando muchos cubanos saltaron la verja para pedir asilo…

Hay un cuento que se titula Radiografía de un salto, que es la historia de un muchacho que se metió en la Embajada de Perú y que nunca llegó a irse. Y las consecuencias que para él ha tenido, a lo largo de siete años (el libro transcurre el 28 de agosto de 1987), el haberlo intentado.

Estas historias humanas, de lo que le ocurre a la gente en Cuba, y que hoy posiblemente estarían escritas con mayor dramatismo, porque el período especial ha conferido a estos conflictos un nivel de dramatismo muy superior, en aquel momento eran más escandalosas de lo que serían hoy para el gobierno. Más inaceptables, precisamente porque hoy la literatura es mucho más acusatoria en ese sentido.

Quizás eso haya provocado no sólo que el libro se publicara en el año 1993, tres años después de recibir el premio, sino que su distribución fuera simbólica. Se distribuyó en muy pocas librerías, no llegó a muchas provincias, y los ejemplares que quedaron se vendieron en dólares en Casa de las Américas. Era para no venderlo, porque si la gente no tiene dinero para comer, cómo se lo va a gastar en un libro.

¿Cree que el argumento de 'Habanecer' representa a La Habana de hoy?

Una cosa es la materia prima con que trabaja el periodismo, que es la actualidad, lo inmediato. Otra distinta es la literatura. Por ejemplo, el hecho de que este muchacho se haya metido en la Embajada de Perú y haya salido, y las consecuencias que le trajo esta decisión, es una historia también de la intolerancia, de los deseos frustrados de la emigración. La puede leer un marroquí a punto de embarcarse en una patera y puede tener un significado determinado, y si la lee un cubano, también va ser diferente.

Sé que La Habana ha cambiado, sus pobladores, el mundo que la rodea. Sin embargo, quisiera pensar —y eso me lo tendrán que decir los lectores de Cuba, una vez que relean este libro— si las claves, si los elementos identitarios de la ciudad, todavía están en el libro. Y eso le otorgaría otra inmanencia.

¿Esta reedición podría llevar a repensar La Habana, a hacer una relectura de esa ciudad que describe 'Habanecer'?

Hasta cierto punto sí, porque los escritores sólo hacemos la mitad del trabajo, que es escribir una historia determinada; la otra mitad la hacen los lectores. Sin duda, la escritura es "masturbación". Y la escritura con la lectura es hacer el amor. Hay una confluencia entre dos participantes. La Habana que intenté construir en este libro sólo existe en la medida que los lectores puedan apropiarse de ella. En la medida en que más lectores, de diferentes latitudes, desde diferentes ópticas, lean de nuevo este libro, La Habana estará siendo reeditada en la imaginación de esta gente, partiendo de otras coordenadas.

Cada lector va a componer una Habana que va a ser suya, no tiene por qué ser estrictamente la mía, que es una proposición a la que se añadirá la cultura de la persona que se lo está leyendo. Y en ese juego de cruces culturales, libro mediante, sí hay tantas reediciones de La Habana como lecturas posibles. El hecho de que se reedite, y se reedite aquí, tiene un valor añadido en ese sentido.

En una ocasión dijo que "lo peor son los taxidermistas que intentan embalsamar la ciudad". ¿Qué quiso decir con esta frase?

Esto tiene que ver con la inmanencia o no de la ciudad que intento construir. Decía eso en el sentido de que la ciudad es un ente vivo, cambiante, y no se puede pretender que sea inmóvil. Si no se toma en cuenta esos factores, si no se busca la esencia de la ciudad y no lo que en ella hay de epitelial, temporal, lo que caduca con el tiempo, se corre el riesgo de embalsamarla y que con los años sea irreconocible.

La Habana que pinta Lezama en Paradiso es una ciudad que en sus manifestaciones externas ha cambiado, sin embargo el carácter de la gente que puebla la novela sigue estando ahí, con modificaciones, con virtudes, con defectos, con más o menos folclor. Y eso se logra cuando se aprehende la sustancia de la ciudad, que son sus gentes.

¿Qué hay de nuevo en esta reedición de 'Habanecer'?

El hecho de ocurrir en un solo día, en la ciudad de La Habana, en un momento de su historia, hace que haya una serie de elementos que estén orgánicamente relacionados con ese día. Hay dos noticieros, uno por la mañana y otro por la tarde, y eso contribuye a ambientar el espacio. Al cabo de los años, descubrí que tres cuentos de la novela tienen una lectura muy específica, del momento en que se publicó el libro, y que ha dejado de ser importante con el paso del tiempo. Hay cosas que pueden volverse hasta ininteligibles.

En esta reedición, he sacado del libro esos tres cuentos que tenían una lectura limitada en el tiempo, y he añadido otro nuevo, que escribí posteriormente, pero que le otorgaba una dimensión que no estaba tocada en el libro.

¿De qué trata este relato?

Es un cuento de un señor, trabajador común y corriente, que ha estado cinco años en la microbrigada y no ha conseguido casa, porque en la repartición que se hizo no le tocó. Entonces se molesta muchísimo y decide irse de Cuba. La manera que idea para irse es mandar a hacer una Virgen de la Caridad del Cobre de tamaño más que natural. Le entregan una imagen enorme y la monta en un camión y se la lleva para la playa, y se va en el bote. Hay tres finales posibles, porque esta es una aventura que va desde lo peor hasta lo mejor.

¿Hay un contrapunteo entre la historia del personaje del cuento 'Radiografía de un salto' y este último?

Aquel muchacho probablemente reflexione sobre lo bueno y lo malo de haberse metido y salido de la Embajada del Perú. Y por otro lado, este hombre sí está de regreso. Tiene unas aspiraciones elementales: tener una casita, un trabajo y una vida tranquila con sus hijos y su mujer. Y eso es algo que en Cuba se le ha hecho muy difícil y esas son las razones por las cuales se va.

Son dos historias diferentes, pero también dos perspectivas diferentes de la emigración.

¿Tiene algún proyecto entre manos?

Un libro de cuentos que está creciendo y que trata sobre migraciones. Se llama Exilios circulares y son historias diferentes de emigrantes, no sólo cubanos, sino de gente transterrada, que ha tenido que rehacer las coordenadas de su vida en otro espacio, por fuerza o voluntariamente. Porque está la emigración forzosa que significó la esclavitud, la que ha significado el exilio político a lo largo de la historia, y está la emigración voluntaria de la gente que va buscando nuevos horizontes.

Además, está en proceso inicial otra novela, que se titula Bitácora del silencio.