Actualizado: 25/09/2020 0:20
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LITERATURA

«Martí no viaja bien en inglés»

El canon cubano del siglo XX: Una entrevista a Roberto González Echevarría.

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Existe un cierto consenso dentro de la crítica cubana que te atribuye alguna responsabilidad en la numerosa presencia de autores y textos cubanos en la lista canónica que sirve de colofón al libro El canon occidental, de Harold Bloom. Pero quien habla de presencias puede hablar también de ausencias. Acaso ese criterio se pueda apoyar en la siguiente afirmación de Bloom: "puede que el tiempo demuestre la supremacía de Carpentier sobre todos los escritores latinoamericanos de este siglo", dada tu cercanía profesional con el autor de La angustia de las influencias y porque has escrito un libro ya clásico y numerosos ensayos sobre el autor de El siglo de las luces. Sería también provechoso que hablaras sobre la índole de la relación que mantienes con el importante crítico norteamericano.

Dije en mi ensayo que, en efecto, Harold me consultó cuando los editores le pidieron hiciera la lista del canon, y que puedo haber pecado de nacionalista en mis sugerencias, pero no lo creo. Harold y yo tenemos una amistad de treinta años, pero nunca fui alumno suyo ni adepto a su estilo de crítica.

Él me acusa de afrancesado y tenemos discusiones chillonas porque yo lo acuso a él de tener las preferencias típicas de un profesor de inglés que lo lee todo en traducción. Yo me considero un romanista y filólogo que no escribe sobre obras que no puede leer en el original.

De la generación de Harold en Yale, donde en efecto hice mis estudios, tenía mucha mayor afinidad con gente como Paul de Man, J. Hillis Miller, Geoffrey Hartman, Jacques Derrida, y otros de la onda estructuralista y post-estructuralista, que fue, en efecto, la mía. También admiré y conocí a Roland Barthes. Harold tiene razón cuando me tilda de afrancesado. Francia, la literatura y la crítica francesa han sido obsesiones para mí. Pero a Harold lo admiro porque siempre sigue su propio camino y porque le ha devuelto a la crítica el deber de hacer juicios de valor que no estén basados en si una obra puede o no someterse a una metodología crítica, o, peor, a una doctrina política.

Es irónico que se me asocie con él, sin embargo, porque nos consideramos separados por el tiempo —Harold pudo haber sido profesor mío— y por nuestra formación intelectual. Pero nuestro diálogo es enriquecedor para mí y nos queremos mucho.

Bloom, aunque privilegia la llamada literatura de imaginación en su controversial listado, incluye a importantes ensayistas como Jonson, Montaigne, Pater, Emerson, Nietzsche, Freud, entre otros. De acuerdo con este criterio, Àno se podría justificar la inclusión de José Martí, autor de una de las prosas más deslumbrantes y pletórica de valor cognitivo (para utilizar un término grato al propio Bloom) de la literatura iberoamericana desde Cervantes? Digo esto pensando en que fue su prosa, más que su poesía, la que influyó en sus contemporáneos (Rubén Darío en primer lugar) y que, por ejemplo, sus crónicas norteamericanas continúan estimulando a los escritores actuales.

El caso Martí es difícil para nosotros los cubanos. Martí no "viaja bien", como se dice en inglés. He does not travel well. Su poesía, traducida, pierde el encanto de su sencillez y suena banal —me refiero a Versos Sencillos. Su prosa es tan retórica que, por lo menos en inglés, suena ampulosa y oratoria. Las traducciones recientes de Esther Allen son las mejores hasta la fecha (llevan un prólogo mío).

Y Martí no fue pensador de o con sistema, sus ideas dependen mucho de la contingencia en que surgen. Harold no conoce a Martí ni a Darío por los problemas de traducción que acabo de mencionar. Pero también desconoce a San Juan de la Cruz, a Fray Luis, a Quevedo, y soslaya a Petrarca y Baudelaire. No hay que sentirse herido, sino comprender lo aproximativo de su sistema, que es más que nada una invitación a la polémica que nos lleve a afinar nuestros juicios de valor y, por cierto, a hacerlos.