Actualizado: 24/01/2020 18:11
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LITERATURA

«Martí no viaja bien en inglés»

El canon cubano del siglo XX: Una entrevista a Roberto González Echevarría.

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En octubre del año 2002, la Universidad de Yale realizó un coloquio de literatura cubana para conmemorar los cien años de la República. El tema central del evento fue el del canon cubano del siglo XX. Sin embargo, un grupo de intelectuales de la Isla no pudo asistir al negarle el gobierno su permiso de salida, práctica esta ya casi normal en un régimen que se priva a sí mismo de todo conocimiento y debate intelectual que no promueva y controle por sí mismo.

No obstante, el coloquio fue un éxito y prueba de ello es la publicación de sus memorias por la Editorial Colibrí el año pasado: Cuba: un siglo de literatura (1902-2002), compilado por los promotores del evento, Anke Birkenmaier y Roberto González Echevarría, y que en cierta forma estuvo presidido por el ya polémico e imprescindible ensayo de este último, "Oye mi son: el canon cubano", publicado también recientemente por la revista Encuentro de la Cultura Cubana, en el número donde fue homenajeado este importante ensayista cubano, y que ha motivado varios ensayos y, colateralmente, una polémica entre los escritores cubanos Duanel Díaz y Ernesto Hernández Busto. Aprovechando la breve estancia en Madrid de González Echevarría, se imponía una conversación sobre el canon cubano.

Roberto, yo fui uno de los intelectuales cubanos al que no se le permitió asistir al coloquio de Yale. Con posterioridad quise organizar en Cuba un evento similar y fue imposible. Ante tanta estulticia, sólo pude leer una conferencia en la Torre de Letras que preside Reina María Rodríguez, para tratar de motivar una discusión en Cuba sobre tan importante tema, "Notas sobre el canon. Introducción a un texto infinito sobre el canon cubano". Luego de la publicación de tu ensayo "Oye mi son…", Emilio Ichikawa polemizó amistosamente contigo en la revista Encuentro con su texto "En vez de maldecirte". Por su parte, en La Habana Elegante, Duanel Díaz polemiza con tu ensayo, el libro de Rafael Rojas, Un banquete canónico, y el texto mío ya mencionado. Recientemente tuve la oportunidad de presentar en Madrid otro libro que viene a sumarse a esta discusión sobre el canon cubano, Inventario de saldos. Apuntes sobre literatura cubana, de Ernesto Hernández Busto, y luego le hice una entrevista para esta misma publicación. Ambos hechos motivaron una enconada polémica entre Duanel y Ernesto que acaso ha fatigado a los lectores cubanos por su acusado sesgo personal, algo lamentablemente bastante frecuente en las polémicas insulares. Creo que en última instancia has provocado una interesante discusión sobre un tema apasionante. ¿Esperabas esta consecuencia polémica?

Escribí el ensayo con el propósito de desatar la polémica y me complace haberlo logrado. En Cuba no se publica crítica literaria seria; todos son o elogios o vituperios, o, en la mayoría de los casos, silencios. No hay diálogo. El mundo intelectual y literario cubano está muerto desde hace muchos años y el cadáver está en manos de burócratas, muchos de ellos escritores frustrados que no quieren que haya crítica para que no salga a relucir su mediocridad.

Buen ejemplo de todo esto fue la negación del permiso de salida de todos ustedes. Dije entonces, y repito en el libro, que en Cuba la posibilidad de salida de los invitables está en manos de los no invitables, con previsibles resultados. Todos sabemos que si hubiera invitado a los que yo llamo "feriantes", que van a todas las ferias del libro, habrían podido venir. Pero, tratándose de Yale, había que regirse por un criterio de calidad, no de sumisión.


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