Actualizado: 22/02/2020 16:21
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LITERATURA

«Martí no viaja bien en inglés»

El canon cubano del siglo XX: Una entrevista a Roberto González Echevarría.

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La Editorial Colibrí ha tenido la sabiduría de publicar dos importantes libros tuyos, La prole de Celestina y La Gloria de Cuba, que expresan, en el primer caso, tu personal práctica de la crítica literaria, no antagónica pero tampoco derivada de la de Bloom, y, en el segundo, esa otra práctica que se ha extendido en el mundo académico norteamericano, los llamados cultural studies. Creo que te mueves con auténtica libertad creadora en ambos libros, ninguno de ellos identificables ni con la crítica agonística de Bloom, que tiene su centro en su interesante teoría de la angustia de las influencias, ni mucho menos con la llamada por él como escuela del resentimiento, sino más bien, en tu caso, en una experiencia tanto cognoscitiva como vital. Creo recordar que en el evento de Yale, junto a las obras y autores ya clásicos, se propuso también el estudio de las poéticas marginales o emergentes. ¿Crees que aquella, por cierto nada nueva, contraposición entre el valor estético y el valor cultural tiene algún sentido?

No me gusta que me pongan etiquetas y hace tiempo que me despreocupa si me ciño a un método o soy fiel a alguna escuela. Esto es lo mejor que he aprendido de Harold. La prole… es un libro que se remonta a mi tesis doctoral, de corte estructuralista, que escribí, en Yale, sobre La vida es sueño, de Calderón, y que incluye ensayos sobre Cervantes, Lope, y desde luego La Celestina, junto con otros sobre Lezama y Carpentier.

Es el libro, digamos, sobre el neobarroco, que debe algo a mi polémica y fraternal relación con, entre otros, Severo Sarduy. Los cultural studies no son ni lo uno ni lo otro, ni cultural ni studies.La gloria de Cuba es mi libro proustiano que pretende evocar mi niñez y adolescencia beisbolera como jugador y fanático y que retiene algo de la ingenuidad de esas etapas, aun cuando es un libro muy investigado y que aspira a ser una historia de la cultura cubana moderna a través de la pelota.

Hay algo de cierto en lo de la escuela del resentimiento en Estados Unidos. En el ámbito nuestro la plaga es más política, es más bien la escuela de la servidumbre intelectual o de la escolástica del seudomarxismo.

¿Tienes algún nuevo proyecto de libro?

El mes que viene sale en la Yale University Press mi libro Love and the Law in Cervantes,derivado del ciclo de conferencias "De Vane", que pronuncié en Yale en el 2002 —es el ciclo más prestigioso de esta universidad, que ha dado premios Nobel de otras disciplinas. Se trata de una especie de continuación de mi Mito y archivo, pero aplicada la teoría ahora a la ficción de Cervantes.

En una importante encuesta realizada por la revista Times al filo del segundo milenio, aparece la novela de José Lezama Lima, Paradiso, en un sitio universalmente relevante, por encima de todas las novelas escritas por autores iberoamericanos en el siglo XX. Más allá de lo relativas que suelen ser estas encuestas, creo que resulta muy significativo que una novela que no hace ninguna concesión al malhadado mercado editorial contemporáneo, acaso en la estela de la de Joyce, alcance ese consenso dentro de la más diversa crítica mundial. Luego de la fecunda experiencia del llamado boom de la nueva novela latinoamericana, ¿cómo valoras la atomización actual, la falta de referentes canónicos e incluso la orfandad de la crítica ante tal situación?

La obra de Lezama, en especial Paradiso, es superior a las novelas del boom. Es más original, crea todo un mundo verbal y conceptual. En Cuba: un siglo de literatura incluimos la ponencia sobre Paradiso de mi entrañable y admirado amigo Giuseppe Mazzotta, el mayor especialista en Dante en la actualidad y uno de los mejores de todos los tiempos.

Giuseppe escribió un ensayo definitivo sobre la relación de la novela de Lezama con la obra de Dante. Pocas obras resisten semejantes comparaciones. En la actualidad literaria hay un vacío comparado con lo que vivimos durante la segunda mitad del siglo pasado, cuando además de Lezama y los escritores del boom, estaban activos Octavio Paz, Pablo Neruda, Borges, una verdadera edad de oro.

Pero soy un crítico, un historiador universitario, que ve las cosas a gran distancia. Las edades de oro no duran mucho, y se repiten con poca frecuencia. Sin embargo, hay nuevos escritores, como Fernando Vallejo, pongamos por caso, que prometen mucho. Ojalá que surjan muchos más.


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