Actualizado: 17/09/2021 9:52
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Quinquenio Gris

«Podemos levantar la otra parte del edificio»

El poeta y crítico teatral Norge Espinosa habla sobre los debates posteriores a 'la guerra de los emails'.

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Al finalizar su conferencia Las máscaras de la grisura, dictada la semana pasada como parte del ciclo Criterios, en el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el crítico teatral y poeta Norge Espinosa ofreció esta entrevista.

 

¿Qué repercusión ha tenido el ciclo de conferencias Criterios (2007-2009) en los medios masivos cubanos? ¿Es útil para la cultura nacional como mecanismo de prevención de los fenómenos dañinos de ayer?

 

Más que para la cultura, es útil para la gente, incluidos quienes fueron el público, los lectores, y demás personas que rodearon a los artistas afectados. No se ha hecho una discusión sistemática o clara respecto a lo ocurrido desde el inicio espectacular que tuvo el ciclo de conferencias (todo se ha ido disolviendo en reuniones para un grupo estrecho de interesados). Esto implica un resentimiento o un recelo que opera por encima de lo que quisiéramos que se conociera de ciertas historias.

 

Si estamos organizando estas reuniones es para difundir, dialogar, debatir, y hacer más diáfanos los testimonios, y tener la posibilidad de incorporar estos momentos terribles a nuestra historia, como algo sobre lo cual podemos levantar otra parte del edificio. Es cierto que existe un libro que recoge las primeras conferencias, pero los medios que operan cercanos a la política cultural no han dado respuesta de difusión, divulgación ni siquiera de promoción.

 

Todo se limita a quienes tenga acceso a internet o correos electrónicos, pues el gran medio de legitimación que es la televisión, que por lo demás fue quien desató la polémica, por lo general ha estado de espaldas a lo que ha ocurrido y ha demorado demasiado tiempo en argumentar por qué existe la necesidad del ciclo de conferencias.

 

Cuando comenzó la "guerra de los emails", la televisión argumentó que quienes preparaban programas como Impronta, por ejemplo, donde apareció Luis Pavón, eran jóvenes que desconocían la realidad discutida por todos los que reaccionaron contra esa emisión. Para ser consecuente con eso, nuestra televisión, que aquí tiene un sentido aparentemente diverso, multifacético y dirigido a diseminar información en términos masivos y no diferenciados (como podría hacerlo un canal privado, etc.), debería organizar un espacio informativo que diera pistas sobre cómo un programa activó tanta protesta y resquemor.

 

Pero sólo se leyó en un noticiero la Declaración del Secretariado de la UNEAC (ambigua y poco eficaz), también publicada en la prensa, lo que lejos de aportar claridad oscureció aún más el asunto, al no explicar de qué se estaba hablando, por qué se estaba hablando y para qué se estaba hablando. Creo que con eso los ejecutivos y funcionarios de la televisión se limpiaron las manos. Por lo tanto, las personas que vienen a las conferencias motivadas por el tema en cuestión pueden tener la impresión de que es algo que comienza de nuevo, cuando llevamos ya dos años en esta historia.

 

Si el conferencista Norge Espinosa comienza a investigar en 2030 la papelería del creador Norge Espinosa en 2009, ¿lo describiría viviendo en una época transitiva, represiva, permisiva, transgresora, de autocensura…?

 

En una especie de limbo. Aparecerían determinados flashazos donde un lector muy agudo y entrenado, que sería el lector ideal, podría hilvanar la historia subterránea de cómo la verdad va apareciendo a lo largo de los mismos acontecimientos que parecen invisibilizarla. Quien pueda organizar una cronología íntima, una biografía cercana a sus elementos entrelíneas, podría entender mejor lo que está pasando hoy. Si ese lector de 2030 se aproxima con esa pupila a la papelería de 2009, entendería más o menos cómo se producen fricciones diversas en el campo de lo cubano que, a lo mejor ya en 2030 han encontrado otras maneras de ser y de expresarse.

 

Por ahora son básicamente señales intermitentes que ya están aquí. Hilvanar sus engranajes requiere esfuerzo, pero puede hacerse. Hay exposiciones, textos y espectáculos que disgregan y ponen en crisis muchos conceptos del discurso oficial. Y muchos jóvenes, que no conocen todos los referentes de los que se hablado durante el ciclo de conferencias Criterios (ni tienen visibilidad respecto a los años sesenta, setenta, y ni siquiera de los ochenta), sí pueden encontrar en ciertas obras referentes de lo que hoy es este país como pregunta, como espejo donde mirarse. Ese sería uno de los misterios que pueden permitir, que no el lector oficial sino uno ideal, en alguno de esos flashazos, pueda entender en el futuro qué nos pasaba en Cuba durante este período de limbo.

 

Descentramiento, tradición del "no", apatía, reverso. Integración, perspectivas, entusiasmo, optimismo…

 

Lo terrible sólo se puede contar a veces desde lo terrible. Pero yo soy un hijo de los ochenta y esa generación está formada en un componente utópico que le es consustancial. Las cosas, de cualquier manera que ocurran, pueden encontrar un determinado sentido y reorganizar la armonía. Que eso pueda explicarse en términos políticos, no siempre me interesa. Pero me gustaría que la política de semejante armonía fuera en función de un ascenso y de un cambio de reglas en los cuales puedan encontrarse nuevos espacios para hacer, discutir y vivir.

 

Siempre trato de que, incluso el panorama más sombrío, se me explique en términos progresivos. Pararme a quejarme sólo de lo negativo, para mí no tiene sentido. Expresar la vida significa poner en crisis determinadas cosas para poder obrar sobre ellas. La gran agonía de este momento es que la gente llega incluso a tener una reflexión consciente sobre qué quisiera cambiar, pero no sabe cómo operar esos cambios. Esa agonía contamina mucho lo cubano.

 

Quiero creer que en algún momento nos toque definitivamente la posibilidad de hacer nuestra apuesta (que también puede estar equivocada) y jugar un rol donde lo que necesite ser explicado (y que nosotros tuvimos que indagarlo como quien desentierra algo que no sabe qué es) esté mucho más claro para los que vengan después. En ese sentido, trato de superponerme a depresiones, angustias, ahogos, problemas de vivienda, etc. (los típicos del cubano en sí), para, por encima de todo eso, imaginar que en este país todavía hay lugar para determinados proyectos.


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