Miseria de la batalla de ideas
Nueva 'ofensiva revolucionaria': ¿Otra vez 1968?
Nuevamente marxistas
Significativamente, el discurso del 8 de marzo de 2005, en el que Castro prometió a las mujeres cubanas la olla arrocera, fue celebrado por la prensa oficialista como la declaración del fin de ese período. "Lo que hizo un discurso trascendental de aquellas cinco horas de amena conversación de Fidel con el pueblo, es saber que se cierra una dura etapa —económica, social y hasta sentimentalmente— y retomamos el sendero —nunca abandonado pero, sin dudas, escamoteado por el período especial— hacia una sociedad de cada vez mayor equidad". (Marina Menéndez, "La noticia no es sólo la olla…", Juventud Rebelde, 10 de marzo de 2005).
Y si retomamos el sendero que la caída del Muro de Berlín nos escamoteó, es lógico que se recobre también su ideología rectora. Así es que, después de muchos años, al final de la comparecencia de Castro el 24 de marzo de 2005, en el Palacio de las Convenciones pudo oírse la letra y la música de La Internacional. Ese mismo día, y en intervenciones posteriores, el Comandante afirmó la vigencia de las ideas de Marx, Engels y Lenin. Resulta que de nuevo somos marxistas. Finiquitados los tiempos oscuros del período especial, época de apagones y extravíos, vuelve el rojo. Y vuelve con promesas de comida y electricidad.
Tan significativo como la vuelta al himno comunista, es que ese pasado 8 de marzo Castro se refiriera a la libreta de racionamiento y prometiera aumentos en la cuota. Hasta entonces, el Comandante y sus adláteres no tocaban el tema de la alimentación. Sencillamente se suponía que la "canasta básica" era austera, pero suficiente.
En la mesa redonda llegó a afirmarse, en ocasión de un aumento de precios en las tiendas por dólares, que la medida no afectaba a la mayoría de la población, toda vez que los artículos de primera necesidad estaban garantizados y a aquellas tiendas se acudía a comprar cosas de lujo. ¡Cómo si los cubanos fueran a las shopping a comprar no el aceite y el jabón, sino copas de bacará y perfumes Dior!
Ciertamente, hubiera sido ridículo aplaudir en la mesa, como una "conquista de la revolución", un aumento en la cuota mensual del número de libras de arroz por persona, de cinco a siete. O en el número de huevos. Para conquistas está la medicina y la educación gratuita; para la propaganda, la solidaridad de los médicos cubanos y los nuevos programas de la revolución. Al fin y al cabo, la batalla es de ideas.
Si Castro tocó el tema de la comida fue porque se dio cuenta de que necesitaba promesas concretas que de alguna manera entusiasmaran a la gente. La olla arrocera llegaba como heraldo de la buena nueva: pronto habría tal abundancia que la libreta podría ser eliminada.
Nada de ello ocurrió, desde luego. Las toneladas de alimentos traídas de Venezuela que venderían por la libre aún no se han visto. La olla arrocera, motivo de chistes que ruedan de boca en boca, es ahora que comienza a ser distribuida en La Habana. Todo hay que comprarlo en el mercado negro o en las tiendas en divisas, con precios leoninos, propios de un verdadero monopolio comercial.
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