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Miseria de la batalla de ideas

Nueva 'ofensiva revolucionaria': ¿Otra vez 1968?

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Las carreras "municipalizadas" son, como era de esperarse, casi todas de humanidades —Comunicación Social, Psicología, Historia, un engendro llamado Estudios Socioculturales—, lo cual forma parte de un giro humanista inverso al que hubo cuando en la etapa de máxima dependencia de la Unión Soviética se crearon en todas las provincias del país los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas.

No deja de ser significativo, a propósito, que desde hace algunos años la Historia de Cuba haya sustituido a la Física como asignatura obligatoria en las pruebas de ingreso a la universidad para los estudiantes que opten por carreras de ciencias. Y la última nueva en este apartado es que ya no va a ser necesario someterse a exámenes para entrar a Medicina, donde los profesores tienen cada vez menos libertad para desaprobar a los alumnos. Todo ello es, qué duda cabe, parte orgánica de una batalla donde las ideas ocultan a duras penas intereses mucho menos platónicos.

Similitudes con marzo de 1968

Aunque la cacareada batalla toma como referencia una muy conocida frase del Apóstol, su verdadero linaje no es martiano sino, a todas luces, maoísta. Como la Revolución Cultural china, responde con estratégica grandilocuencia a la persistente crisis económica y a las desavenencias en la cúpula del poder. Pero no es hasta su última fase, iniciada con el discurso de Fidel Castro el 8 de marzo de 2005, que comienza a afectar de manera más directa a toda la población de la Isla.

Estamos en presencia de una nueva "ofensiva revolucionaria" que tiene, por cierto, algunas similitudes con la que en marzo de 1968, dos meses después del llamado proceso del "sectarismo", nacionalizó los pequeños negocios particulares que aún existían en la Isla.

Por un lado, Castro se deshacía de los comunistas ortodoxos procedentes del Partido Socialista Popular, denunciándolos como "una corriente francamente reformista, reaccionaria y conservadora" y dándole a la revolución un rumbo marcadamente anti-estalinista. Por el otro, adoptaba un radicalismo anticapitalista sustentado —en la línea guevarista— en la crítica del dinero y la apología de los estímulos morales. El elogio filofascista de la voluntad que inspiraba todo aquello se tradujo en dos campañas célebres y fallidas: el Cordón de La Habana y la Zafra de los Diez Millones.

Claro que en aquellos tiempos el régimen contaba con un poder de convocatoria que hoy, en franca decadencia, ni remotamente posee. De ahí que si entonces una gran parte de la población podía ser movilizada —voluntaria u obligatoriamente—, ahora la gente vive en gran medida al margen de la propaganda del Estado.