Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Miseria de la batalla de ideas

Nueva 'ofensiva revolucionaria': ¿Otra vez 1968?

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La grotesca ofensiva ideológica bautizada como "batalla de ideas" ha venido a engrosar en los cinco últimos años el ya abultado expediente del kitsch comunista cubano. Gracias a la torpeza de una parte de la comunidad cubana de Miami, Castro encontró a fines de 2000, en el lamentable incidente de Elián González, una excelente oportunidad para movilizar a la apática y agobiada población de la Isla en unas "tribunas abiertas de la Revolución" donde todos no hacían más que repetir, con más o menos elocuencia, las mismas estupideces.

Tuvimos entonces otra ocasión de presenciar la inmensa broma macabra de que habla Kundera: la vida convertida en un teatro de marionetas movidas por los hilos invisibles del Máximo Líder. Horror y risa causó ver a niños de cinco años recitando estentóreamente poemas patrióticos para después cumplir el "sueño de sus vidas": darle un beso a "nuestro querido, e invicto, e intachable Comandante en Jefe".

El afán de originalidad en medio del vértigo de la repetición hizo que se buscaran nuevas formas para los mismos contenidos. Se hicieron "poesías" en las que se habló del "pequeño capitán de la tristeza" (Elián) y de la crueldad de la "loba feroz" (Ileana Ross-Lehtinen), canciones en que se instó al niño balsero a rechazar "las lucecitas falsas" que lo engañaban en la norteña sociedad de consumo. Se recordó, en fin, que los cubanos vivimos en el paraíso y que nuestro deber es cantarlo, expresar nuestra alegría y nuestro agradecimiento.

Aunque el gobierno, siempre dispuesto a no escatimar recursos para fines propagandísticos, declaró que habría tribunas cada día hasta tanto Elián no fuera devuelto a su país, llegó un momento en que la diaria movilización de grandes cantidades de personas resultó insostenible; se decidió entonces dejar las tribunas masivas para los fines de semana y realizar el resto de las jornadas la "tribuna abierta en mesa redonda", programa televisado en el que un selecto grupo de periodistas, tan abyectos como mediocres, se dedican a comentar, entre otras cosas de escaso interés, las propias tribunas abiertas y marchas populares efectuadas en el marco de la "batalla".

De la calle a la mesa

Así es que el 14 de junio de 2001 pudimos ver una "mesa redonda" sobre el impacto de la marcha de niños realizada el día anterior bajo la consigna "Abajo el abuso, liberen a Elián". Se elogió allí la "profundidad de ideas de nuestros niños", su "espíritu combativo", su elocuencia, su espontaneidad. Se dijo, no sin razón, que en ningún país más que en Cuba se podría realizar una manifestación así, "donde el orgullo nacional se multiplicó". Se comentó la eficiencia de la transportación, del servicio prestado por los médicos de familia, de los meteorólogos que previeron las condiciones del tiempo. Se destacó, sobre todo, el poder de convocatoria de "la amorosa carta del compañero Fidel".

Día tras día se hacía historia. Antes de efectuarse, ya la tribuna o la marcha era "histórica". No sólo ella, sino también su retrasmisión al día siguiente era noticia titular en el Noticiero Nacional de Televisión. Devuelto Elián, quedó la "tribuna abierta" con su curiosa modalidad en "mesa redonda" y apareció, como por arte de magia, una nueva causa antiimperialista: la de los "cinco héroes prisioneros del imperio".

Aunque los espías habían sido detenidos en Estados Unidos más de dos años antes de llegar Elián a ese país, es sólo después de la campaña nacionalista desplegada a propósito que el gobierno de Cuba decide hacer pública su existencia, con el ridículo argumento de que hacerlo antes hubiera comprometido su seguridad. ¿Cómo, nos preguntamos, si ya los espías habían sido descubiertos y se encontraban en prisión? ¡Quién busque transparencia en la esfera pública, ahí la tiene!


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