Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Anticastrismo, Oposición, Proyecto Varela

Anticastrismo y contra-inteligencia

Sin conocer bien al enemigo jamás se podrá enfrentarlo con éxito

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Siempre es bueno saber de qué se está hablando (…)
porque hay cosas que no sabemos que no sabemos
Jürgen Habermas y Donald Rumsfeld

Hay algo peor que servir al castrismo con ignorancia: enfrentarlo con ella. Esta contra-inteligencia viene rebajando el anticastrismo incluso hasta el nivel del analfabetismo funcional, como ilustran ejemplarmente las justificaciones que se dan a la manía opositora de pedir al Estado totalitario que convoque plebiscitos y dicte leyes en contra de sí mismo. A semejante analfabetismo político se suma el analfabetismo funcional de alegar que, según la Constitución, los ciudadanos tienen iniciativa de ley si recogen 10.000 firmas de electores.

Brevísima cartilla de alfabetización

La iniciativa legislativa de los ciudadanos se refrenda en la Constitución (1976) —Artículo 86.g— reformada (1992) —Artículo 88.g— y vigente (2003) — Artículo 88.g— con la misma cláusula condicionante: “En este caso será requisito indispensable que ejerciten la iniciativa diez mil ciudadanos, por lo menos, que tengan la condición de electores”.

Hasta un escolar sencillo se percata de que por ningún lado aparecen “firmas”. Y bastan dos dedos de frente para que el siguiente paso sea preguntar: ¿Cómo se determina la condición de elector del ciudadano? La técnica jurídica elemental para precisar cláusulas constitucionales indeterminadas estriba en dictar leyes complementarias. Para este caso, la ley complementaria es el Reglamento de la Asamblea Nacional (AN). Su artículo 64 dice bien clarito:

“Si la iniciativa procede de los ciudadanos, conforme se establece en el inciso g) del artículo 88 de la Constitución, además de la fundamentación consignada en los acápites precedentes, los ciudadanos promoventes del proyecto acompañan declaración jurada ante notario, donde se acreditará la identidad personal mediante los datos del carné de identidad como documento idóneo y probatorio de la individualización de una persona, así como de que no está invalidada para ejercer el sufragio activo o pasivo”.

Tamaño de la ignorancia

Este simple razonamiento en dos pasos es mucho para los agentes de contra-inteligencia del anticastrismo, que ni siquiera se atienen a la sabiduría popular de “quien hace la ley [constitucional] hace la trampa [complementaria] y se apean con la burrada de que la AN violó la propia Constitución en el caso del Proyecto Varela. Creen que tomar partido contra el castrismo libera de la ignorancia y sostienen que los opositores hacen un trabajo excelente al denunciar aquella violación. No hacen excelente trabajo, sino el ridículo.

Por simple lectura del artículo 88.g de la Constitución y su ley complementaria se comprueba que la AN dio respuesta constitucionalmente irreprochable al Proyecto Varela:

Ni la Constitución de la República ni el Reglamento de la Asamblea Nacional del Poder Popular establecen la recolección de firmas, cualquiera que fuese su número, para promover la iniciativa legislativa”.

Así mismitico lo advirtió el jurista opositor René Gómez Manzano a Oswaldo Payá el 26 de abril de 2001, pero los gestores del Proyecto Varela continuaron recogiendo firmas y datos [nombre completo, dirección y número del carné de identidad] en papelitos a sabiendas de que no tenían validez legal. De este modo redondearon el analfabetismo político de presentar al parlamento de la dictadura de partido único un proyecto sin esperanza de ni siquiera llegar a ser discutido. No querían hacer política, sino bulla.

Y como la ignorancia va adquiriendo confianza a medida que se prolonga, al cabo de quince años la contra-inteligencia del anti-castrismo sigue justificando aquel analfabetismo político con que la violación de la ley no estuvo del lado de gestores obstinados, sino de la AN.

Lo peor es que semejante ignorancia no se queda en el analfabetismo funcional de leer mal los textos legales, sino que se extiende a la falta de aseo mental que supone pensar que el régimen castrista había propiciado tan facilito —nada más que con recoger firmas, envasarlas en cajas de cartón y llevarlas a la AN— la acción de opositores con ínfulas legislativas.

Coda

Y como sin conocer bien al enemigo jamás se podrá enfrentarlo con éxito, el anticastrismo contra-inteligente obliga a pensar que, con tanta ignorancia en contra del castrismo, emigrar “es la única cosa que puede hacerse” en Cuba, tal y como en 1830 recomendó Bolívar para toda Nuestra América.


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